Teología Litúrgica - La exégesis litúrgica de san Isidoro de Sevilla
Adolfo Ivorra
Artículo publicado en Studium Legionense 49 (2008), 181-196.
Con la traducción castellana De los Oficios Eclesiásticos (León, 2007) [1] , realizada por Antonio Viñayo González –Abad emérito de la Real Colegiata de san Isidoro de León–, vuelve a nuestra consideración la obra del gran obispo y Padre de la Iglesia, san Isidoro de Sevilla (†636). Esta obra, de suma importancia para la historia de la liturgia, tanto hispano-mozárabe como universal, había quedado en el olvido. Prácticamente, sólo los cultores de la tradición litúrgica peninsular y algunos otros especialistas eran conscientes de su importancia. Ahora no sólo es recordada sino que se presenta a un público más amplio que los solos especialistas. Dedicada a su hermano y también obispo Fulgencio, esta obra pretende exponer «el origen de los servicios eclesiales mediante cuyo magisterio somos instruidos en las iglesias, para que, en breves explicaciones, puedas conocer quienes fueron sus iniciadores» [2] .
Cuando los Padres de la Iglesia se acercaban a la celebración litúrgica, a los oficios , tenían la conciencia de estar en medio de la historia salutis actualizada, siendo ellos mismos parte de esa historia. Por ello, la atención a los inicios históricos del culto tenía algún lugar en sus mistagogías [3] . Sin embargo, los Oficios Eclesiásticos de Isidoro son singulares. En primer lugar, porque se trata de los primeros testimonios de lo que se denominarán las expositiones missae , género litúrgico-literario muy común en la época carolingia. Además de esto, por su carácter sintético y esmerado. Tendremos que esperar hasta el s. IX para que otro obispo, Amalario de Metz, realizara una obra semejante, el Liber officialis , denominado prontamente De Ecclesiasticis Officis , en honor a san Isidoro y por la envergadura y popularidad que obtuvo [4] .
1. La exégesis litúrgica
La comprensión que los Padres y los teólogos de la época monástica tenían de la celebración litúrgica no era textual, pero interpretaban sus elementos como lo hacían con la Sagrada Escritura, viendo en ambas un sentido literal, alegórico/ tipológico, tropológico y anagógico [5] . Esto muestra una continuidad importante entre Escritura y liturgia que no sólo pondrá de manifiesto la celebración misma, sino los escritos patrísticos y monásticos. Como es lógico, cada autor tendrá predilección por algún sentido interpretativo. También el contexto jugará un papel importante. De este modo, una catequesis postbautismal tendrá más en cuenta el sentido tropológico (moral), mientras que los tratados sobre la misa conjugarán principalmente el literal y el alegórico, etc.
El mejor sintetizador del método exegético litúrgico, emparentado estrechamente con el método bíblico, fue Amalario de Metz [6] . En él encontramos los cuatro sentidos de la Escritura aplicados a la celebración litúrgica, según el esquema [7] :
1 a ) Sentido literal-ritual:
Rito, oración o canto |
> |
origen histórico ( Ordo Romanus /testimonio histórico) |
1b ) Sentido literal-etimológico:
Término que designa el rito |
> |
etimología |
> |
posible ambientación histórica |
> |
comprensión bíblica |
2) Sentido alegórico:
Rito u |
> |
referencia al A.T. |
> |
explicitación patrística |
|
oración |
> |
confirmación o rechazo del N.T. |
> posible explicitación patrística |
||
3) Sentido tropológico:
Rito u oración |
> |
consecuencia moral |
> |
explicitación bíblica |
4) Sentido anagógico:
Rito, oración o canto |
> |
unión con Cristo, los ángeles... |
> |
posible explicitación bíblica |
El orden de estos esquemas, incluso en el propio Amalario, no será inamovible. No obstante, estos esquemas nos pueden orientar a la hora de acercarnos a los comentarios litúrgicos patrísticos y alto-medievales. Al estar Amalario insertado en la tradición teológica carolingia, la autoridad patrística es un referente a tener en cuenta con cierta frecuencia. Para san Isidoro también, pero al ser él un Padre de la Iglesia, sus fuentes “primitivas” no son tanto unos genéricos Padres como los antiguos . A veces incluso identificará geográficamente a los iniciadores de costumbres cultuales, como los griegos, itálicos, etc. En otras palabras, para san Isidoro los testimonios antiguos son “más cercanos” y son más identificables [8] . La cultura general de san Isidoro es decisiva para estas precisiones que encontramos en su obra. Sin embargo, no debemos ver su obra litúrgica De Ecclesiasticis Officiis (=DEO) como una mera compilación al estilo del Rationale Divinorum Officiorum de Durando de Mende. Podemos ver en los Oficios Eclesiásticos una teología litúrgica propia y una fisonomía singular. El rito hispano-mozárabe, además de los diferentes usos y costumbres de otros ritos, aparece expresado según su forma clásica, según el impulso de unos de sus principales codificadores. Otras costumbres locales como el ayuno aparecen explicadas y comparadas con otras costumbres extranjeras. La dificultad que podrían comportar estas costumbres dispares por el orbe cristiano, son solucionadas en Isidoro indicando su origen histórico y su carácter particular: «Aquellas prácticas que de distinta manera se guardan en las respectivas y diversas comunidades, como puede ser el que algunos ayunen el sábado, otros no, que estos comulguen diariamente, otros sólo ciertas fechas, que en algún lugar no quede día en que no se ofrezca el sacrificio, mientras que en otros sólo se celebra sábados y domingos o únicamente los domingos; y si cosas semejantes pueden encontrarse, todo se debe a que esa fue la devoción de sacerdotes que gobernaron dichas iglesias o comunidades, y allí establecieron esas prácticas» [9] .
2. La exégesis litúrgica de san Isidoro
La consciencia que tuvo san Isidoro de la variedad de prácticas, además de fomentar en él un coherente respeto a las tradiciones, costumbres y valoraciones vecinas, hizo que sus reflexiones fueran más pensadas y universales [10] . Al tener en cuenta la variabilidad, los elementos comunes adquieren un valor trascendente. Pero también los menos comunes guardan una relación con la historia salutis , que el Hispalense sabe cultivar.
Junto a su exégesis litúrgica, Isidoro muestra lo que los estudiosos de la eucología hispano-mozárabe han llamado spanish symptoms , esto es, características fundamentales del ambiente hispano que son prueba irrefutable del origen peninsular de los escritos que los contienen. Este criterio interno-temático de verificación nos transmite doctrinas y costumbres locales a tener en cuenta para no desviarnos en nuestra comprensión de su exégesis litúrgica. De carácter doctrinal tenemos la insistencia en la inmutabilidad divina después de la kénosis y de la passio : «Asumió la humanidad pero no perdió la divinidad; por lo tanto, verdadero Dios y verdadero hombre; en la naturaleza humana hecho mortal en nosotros, por nosotros, de nosotros; permaneciendo como era, recibiendo lo que no era, para liberar lo que había creado» [11] ; «la afrenta de la cruz no afectó a la naturaleza divina, sino únicamente a la asumida naturaleza humana. Sólo el cuerpo sufrió la pasión, mientras quedaba intacta la divinidad» [12] . Las costumbres locales que menciona Isidoro, junto con algunas interpretaciones de singular trascendencia las veremos más adelante.
Como ya hemos aludido antes, san Isidoro de Sevilla tiene una especial predilección por el origen histórico y etimológico de las cosas. En DEO Isidoro «comparte con la Etymologiae o con la Historia de los godos […] el ideal isidoriano de la vuelta a las fuentes, que va en el sentido de la definición de Etym. I, 20, 1: “ Etymologia est origo… ”» [13] . Esto influye en su exégesis litúrgica de tal manera que podemos decir, siguiendo el esquema amalariense de exégesis litúrgica mostrado arriba, que en san Isidoro abunda el sentido literal [14] :
1 a ) Sentido literal-ritual:
Rito, oración, canto o celebración |
> |
origen histórico (Antiguos: judíos, griegos, itálicos…) |
1b ) Sentido literal-etimológico:
Término que designa el rito |
> |
etimología |
> |
comprensión bíblica |
Este sería un orden ideal, pues también puede darse a la inversa: origen bíblico, término que designa el rito, etimología. He aquí unos ejemplos de exégesis litúrgica literal :
1a: « Antigua es la consagración de las Vigilias, bien familiar de todos los santos» [15] .
1a: «era costumbre de los antiguos ofrecer a esta hora [vísperas] los sacrificios y perfumar el altar con aromas e incienso (Ex 29, 41)» [16] .
1a: «Nos enseña la tradición que era propio de los judíos , por antigua costumbre, proclamar lecturas» [17] .
1a: «Los responsorios fueron introducidos, mucho tiempo antes, por los itálicos » [18] .
1a: «Fueron los griegos los primeros que compusieron antífonas, cantándolas, alternativamente a dos coros a manera de dos serafines (Is 3)» [19] .
1a: «Las fiestas de los Apóstoles y la solemnidad de los mártires fueron establecidas por los antiguos Padres para venerar su misterio» [20] .
1a: «El día de la Epifanía lo declararon los Apóstoles fiesta solemne, porque en él fue dado a conocer públicamente el Salvador por medio de una estrella» [21] .
1a: «Fue san Pedro el primero que estableció el orden de la Misa y de sus oraciones» [22] .
1a: «Para muchos latinos no es seguro que la Carta a los Hebreos sea de Pablo, porque no concuerda con su estilo» [23] .
1b: «Los responsorios […] se les dio tal nombre, porque el coro respondía en el mismo tono con que un cantor iniciaba el cántico» [24] .
1b: «Los Laudes, es decir cantar el alleluia, es cántico de los hebreos, cuya explicación se resuelve con el significado de dos palabras, es a saber: “alabanza a Dios”» [25] .
1b: «Se le llama Día del Señor, para que…» [26] .
1b: «Se instituyó primeramente el sábado para el pueblo antiguo disfrutase de descanso corporal y fuera signo de reposo; porque sábado quiere decir descanso» [27] .
La omnipresencia del sentido literal (ritual/etimológico) nos indica que las reflexiones isidorianas sobre el culto y la aplicación de los sentidos espirituales se fundamentan en un conocimiento histórico y conceptual de los ritos y celebraciones. Del mismo modo que en la exégesis bíblica, es necesario conocer primero el sentido literal para acceder a una interpretación espiritual [28] .
Como en cualquier Padre de la Iglesia que haga un comentario celebrativo, también en Isidoro encontramos una explicación alegórica/tipológica sobre la realidad litúrgica [29] . Esta exégesis, que se encuentra ya en los textos litúrgicos, será una de las más célebres en y después de la época carolingia.
2: «Fue Melchisedech, rey de Salem el primero que ofreció este sacramento como figura y modelo del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y el primero, también, en expresar imaginariamente el misterio de tan excelso sacrificio, anticipando la imagen de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo» [30] .
2: «Durante las horas Tercia, Sexta y Nona, Daniel y los tres jóvenes ofrecieron súplicas (Dan 6, 13), es a saber, para que desde el comienzo del día el tiempo de oración, a lo largo de las tres horas nos invitasen a reverenciar la Trinidad» [31] .
2: «Las Vísperas señalan el fin del Oficio diurno y el ocaso de la luz alternativa; a ejemplo del Antiguo Testamento es celebración solemne» [32] .
2: «Acerca de la celebración de las Completas también encontramos ejemplos en los Padres, cuando dice el profeta David…» [33] .
2: «De la antigüedad y excelencia de los Maitines es testigo el mismo profeta David cuando dice […] Nos enseña Casiano que el oficio de las solemnidades matutinas, introducido no hace mucho tiempo, comenzó en el monasterio de Belén, donde Nuestro Señor Jesucristo se dignó nacer de una Virgen» [34] .
2: «por la señal de la cruz, signadas nuestras frentes, somos liberados del cautiverio de este mundo, semejante al de Egipto» [35] .
Un vistazo general nos indica que no existe un esquema fijo, y que es más abundante el sentido literal en el Hispalense. Sintetizando los esquemas, podemos obtener un esquema orientativo común:
2) Sentido alegórico:
Costumbre del A.T. |
> |
(Realidad en el N. T.) (Testimonio patrístico) |
> |
Celebración actual |
Para comprender los alcances del sentido alegórico/tipológico en Isidoro de Sevilla, hay que señalar que también en lo exterior se depende a veces del Antiguo Testamento. Así la solemnidad vísperas actuales refleja la solemnidad de las veterotestamentarias, esto es, de los sacrificios vespertinos. La importancia que le damos actualmente a ciertas horas del día, algunas oraciones y ritos, etc., son muchas veces reflejo de costumbres de la Primera Alianza. San Isidoro es consciente de ello.
El sentido tropológico (moral) se encontraba muy consolidado en tiempos de san Isidoro, por lo que no nos sorprende la precisión de su esquema desde entonces. El esquema, sin embargo, puede aplicarse a la inversa:
3) Sentido tropológico:
Rito u oración |
> |
consecuencia moral |
> |
explicitación bíblica |
3: «A esa hora [vigilia] pasó el ángel exterminador hiriendo a los primogénitos de los egipcios (Ex 12, 29s). Por ello nos conviene vigilar para que no nos amenace la tragedia de los egipcios» [36] .
3: «Es la tonsura de los clérigos cierta señal, fija en el cuerpo, pero que se vive en el alma, es decir, para que con esta marca se cercenen los vicios en la religión y para que nos desprendamos de los crímenes de la carne, como nos desprendemos de los cabellos y, desde ese momento, renovados nuestros sentidos, y con cabellos sin cultivar, resplandezcamos, despojándonos , según el Apóstol, del hombre viejo con sus obras… » [37] .
El sentido tropológico abunda en el segundo libro del DEO, debido a que en él se explican los diversos ministerios, ministros y demás personajes de la vida eclesial. Aunque esté presente este sentido exegético, es difícil encontrar el sentido anagógico como continuación de éste o de forma separada. Quizás el carácter informativo de la obra de Isidoro, destinado a su hermano Fulgencio, obispo de Écija, sea la razón de esta ausencia. En comentarios litúrgicos de corte catequético sí encontraremos el sentido anagógico.
3. Algunos datos importantes.
Yendo más allá de los esquemas exegéticos, descubrimos algunos datos dentro de su exégesis que consideramos que deben ser tenidos en cuenta para comprender mejor el sfondo litúrgico local de san Isidoro. La costumbre de hacer silencio en el rito hispano es justificada por Isidoro por medio de una cita a Lc 10, 39. Precediendo a esta exégesis, Isidoro nos indica la preeminencia de la Liturgia de la palabra sobre otras devociones:
«Así pues, conviene que cuando se cante, canten todos; que todos recen cuando se reza; pero que cuando se proclaman las lecturas, igualmente escuchen todos en silencio. Y así, si llega alguien comenzada la lectura, haga reverencia a Dios, la señal de la cruz en la frente y apreste el oído. Es la ocasión de acompañar en la plegaria cuando todos rezamos, ya habrá tiempo para la oración privada. No perdáis la lección por atender a la oración, porque no siempre tendrás ocasión de escuchar lecturas y sí siempre, de rezar cuanto quieras […] La misma oración se vuelve más profunda, cuando la mente, nutrida con la lectura reciente, discurre por imágenes de cosas divinas que acaba de escuchar. Por eso María, la hermana de Marta, sentada a los pies de Jesús , olvidándose de su hermana, con más atención escuchaba que había elegido la mejor parte (Lc 10, 39) como le aseguraba la palabra del Señor. Por eso el diácono, con sonora voz, impone silencio, para que, ya se cante, ya se proclame la lectura, se mantenga entre todos la uniformidad, y así, lo que para todos se predica, de igual manera, todos lo escuchen» [38] .
Esta larga cita de la obra que estudiamos nos transmite unos datos históricos importantes, que no explica Isidoro por medio de una exégesis literal. La señal de la cruz en la frente cuando se “entra” en la acción litúrgica la encontraremos atestiguada mucho después en los Ordines romani . La tendencia a descuidar la participación activa no provenía de una forma de celebrar la eucaristía u otra [39] , sino de sus participantes, que descuidaban su participación para ejercitar otro tipo de devociones dentro de la misma celebración. La misma proclamación de las lecturas es verdadero inicio de otras oraciones, lo que nos indica que la “lectio divina” del pueblo era una meditación de las lecturas proclamadas en la celebración litúrgica. Esto se deduce de la afirmación de Isisdoro, «porque no siempre tendrás ocasión de escuchar lecturas y sí siempre, de rezar cuanto quieras», pero también del valor económico de los ejemplares manuscritos de la Sagrada Escritura. La justificación del valor supremo de la Escritura proclamada sobre otro tipo de oración se realiza por medio de una acomodación del texto de Lc 10, 39, lo que nos indica que el no participar activamente de esta parte de la celebración equivale a escoger la peor parte y no escuchar al Señor [40] . Por eso el diácono exhorta con la monición Silentium facite , que no encontramos hoy en la liturgia hispana.
Otro dato importante es la consciencia que se tenía en la Península del origen petrino de la liturgia universal, incluso en sus partes mudables:
«Fue san Pedro el primero que estableció el orden de la Misa y de sus oraciones, mediantes las cuales consagramos a Dios el sacrificio que le ofrecemos, y de esta misma forma se realiza esta celebración en el universo mundo» [41] .
Junto al origen petrino, llama la atención su teología eucarística: la consagración de los dones no se realiza por la recitación de la narratio institutionis (escolástica) ni por el canon (p. e., Amalario), sino por todas las oraciones de la misa, esto es, por toda la celebración. Si tenemos en cuenta la variabilidad de oraciones del rito hispano –todas las semanas tienen, por lo menos, una anáfora distinta–, nos damos cuenta de que no se concibe la consagración de los dones como fruto de una oración fija, como si se tratase de magia, sino que la intención celebrativa –expresada en las oraciones– es el elemento indispensable. En esta misma época, en Oriente, se tiene la misma mentalidad.
La comprensión de la historia salutis en el Hispalense se refleja en su exégesis alegórica/tipológica, pero también nos ofrece una visión general, muy distinta a la que hará Joaquín de Fiore en el s. XII:
«La primera edad transcurrió antes de la Ley, la segunda, durante la Ley, la tercera es la edad de la gracia, cuando ya se revela el misterio, oculto antes en las visiones proféticas» [42] .
Finalmente, un dato anecdótico. En estos tiempos de reivindicaciones femeninas, normalmente se achaca a la Iglesia una mentalidad patriarcal. En san Isidoro, un elemento material tan importante como el crisma, con el que se consagran sacerdotes, profetas y reyes a los bautizados, con el que se concede el Espíritu de fortaleza a los confirmados, con el que se ordenan presbíteros y obispos –por lo menos en el rito romano–, tiene un “origen” femenino:
«También en ese día [Jueves santo] se consagra el santo crisma, recordando que, dos días antes de la Pascua, María ungió con perfumes la cabeza y los pies del Señor» [43] .
El texto al que se hace referencia es el de Lc 7, 37-50. Isidoro lo acomoda: la anónima mujer recibe el nombre de María. La mujer no unge la cabeza de Jesús: «No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume» (v. 46). La exégesis contemporánea se limita a decir que dicha mujer era una prostituta [44] . El pecado de la mujer sería motivo suficiente para que san Isidoro hiciera esa asociación con la María pecadora del N.T.
Se recuerda, esto es, se hace anamnesis de este hecho salvífico en la celebración litúrgica del Jueves santo, por lo que podemos ver aquí un paralelismo con el Bautismo en el Jordán: Juan el Bautista no agrega nada a Jesús, sino que es el agua la que recibe la bendición divina. Sin embargo, Juan hace de intermediario para la “institución” del sacramento. Lo mismo se puede afirmar de la mujer pecadora del evangelio de Lucas.
4. Conclusiones
La exégesis litúrgica de san Isidoro de Sevilla representa uno de los pasos intermedios a la consolidación de un método. Su atención por el origen histórico de los ritos y su sentido etimológico, nos revelan la necesidad de justificar algunos ritos y celebraciones, ya sea por medio de su sentido general (etimología), su sentido en el contexto de la historia salutis (historia/alegoría) y su valor para nosotros (moral). El paso del tiempo hace que el sentido primigenio de los elementos de la celebración se olvide. Su énfasis sobre el sentido general y contexto más que en la alegoría, nos indica que el desconocimiento de dichos elementos comienza a darse, pero de forma general. La labor de Isidoro no viene a suplir carencias cuanto a proporcionar una “guía” general de los oficios eclesiásticos. Una de las razones principales de esto la encontramos en que todavía la lengua litúrgica no es extraña al pueblo, pero sobre todo en que en el rito hispano –lo mismo que en el galicano– normalmente a cada rito le acompañaba una oración que explicaba su sentido. En este sentido, la tradición hispano-galicana siempre fue sensible al binomio ritus et preces (Cf. SC 48). La ausencia de dichas oraciones en ámbito romano hará necesario, en tierras galas, el auge de las expositiones missae . En el ámbito geográfico y litúrgico de Isidoro, esto no es necesario.
Otro aspecto importante de la obra isidoriana es su conocimiento de los usos y tradiciones de otras latitudes. Esto le permite una exégesis litúrgica casi universal, sin temor a que una interpretación pudiera ser contradicha por otra costumbre contraria. En este error caerán los escolásticos, que edificarán una teología sacramental desde el solo rito romano [45] . Desde el punto de vista del método de liturgias comparadas, san Isidoro es un ejemplo a seguir y un testimonio teológico de primer orden. Su valoración de las desemejanzas es un ejemplo a seguir.
Algunos datos relevantes nos indican, además, que su conocimiento de los oficios eclesiásticos no se limitaba a una mera labor enciclopédica –como quien se limita a hacer un diccionario–, sino que poseía un conocimiento de las leyes de la celebración, de su sentido y estructura internas. Esto, unido al hecho de que sea compositor de textos litúrgicos [46] , hace que su testimonio tenga un valor inigualable: otros comentadores medievales se limitarán a interpretar, casi nunca a crear textos para la celebración.
Esperamos que con este breve acercamiento a los Oficios Eclesiásticos de san Isidoro de Sevilla, recientemente traducidos, se vuelva a valorar y estudiar esta gran obra de la historia de la liturgia.
Notas:
[1] Las versiones latinas en: PL 83, 738-826; CCL 113.
[2] Isidoro de Sevilla , De los Oficios Eclesiásticos , Carta de envío (ed. A. Viñayo González , León, 2007, 33).
[3] Este ya era el sentido mismo de la obra isidoriana, pues según parece «el primitivo [título] debió ser De Origine Officiorum »: A. Viñayo González , El autor y su obra , en Id ., o. c. , 25. En san Ambrosio, la antigüedad de la religión sigue siendo un argumento de autoridad importante como cuando los judíos entraron en contacto con el Imperio romano: «También en el diluvio se dio una figura del bautismo, y, sin embargo, en aquel tiempo, no existían todavía las ceremonias de los judíos. Si pues el rito de nuestro bautismo fue anterior, ya ves que los misterios de los cristianos son superiores a los misterios de los judíos» : De sacramentis , I, 6, 23 ( SCh 25 bis , 72). Esto no es sino la continuidad de la ‘promesa' que hizo san Ambrosio al comienzo de su predicación: «Aquí está mi promesa: los sacramentos de los cristianos son más divinos y más antiguos que los de los judíos»: o. c. , I, 4, 11 ( SCh 25 bis , 66).
[4] Cf. A. Ivorra Robla , Los sentidos de la liturgia en Amalario de Metz. Bautismo y Eucaristía , Toledo, 2007, 164.
[5] «Origène et les Pères en avaient déjà exposé les principes qui sont repris par les Carolingiens. Les uns suivent les sept règles de Tychonius qui a encore des lecteurs, d'autres, plus nombreux, étudient la Bible selon les trois sens comme l'avait fait Bède le Vénérable, mais, le plus souvent, ils adoptent déjà la voie des quatre interprétations. Le premier sens est calui de l'histoire [...] Le deuxième sens est celui de l'allégorie ou de la typologie qu'Origène avait particulièrement enseignée. L'interprétation spirituelle et figurée des récits bibliques permet l'identification de la foi révélée dans le Nouveau Testament. Le troisième sens moral ou tropologique dont Grégoire le Grand avait donné une magnifique illustration dans ses Moralia in Job conduit à la convresion des mœurs [...] L'exégèse monastique a particulièrement privilégié ce troisième sens [...] l'anagogie conduit le chrétien des choses visibles aux choses invisibles, vers l'espérance de la Jérusalem céleste» : P. Riché , Instruments de travail et méthodes de l'exégète à l'époque carolingienne , en AA.VV., Le Moyen Age et la Bible , Paris, 1984, 160.
[6] «Amalarius had learned well his lesson from the Venerable Bede that everything had a fourfold interpretation, historical or literal, allegorical, tropological, and anagogical»: A. Cabaniss , Amalarius of Metz , Amsterdam, 1954, 55.
[7] Cf. A. Ivorra Robla , o. c. , 246-248.
[8] Pensemos en el origen del Credo: «El símbolo, que reciben los mencionados competentes, lo compusieron nuestros mayores para esa ocasión»: Isidoro de Sevilla , De los Oficios Eclesiásticos , II, 23 (ed. A. Viñayo González , 165).
[9] Isidoro de Sevilla , De los Oficios Eclesiásticos , I, 44 (ed. A. Viñayo González , 33).
[10] En otras palabras, en Isidoro podemos ver una aplicación de los que será el método de liturgias comparadas, que sintetizará en el s. XX Anton Baumstark. Cf. A. Baumstark , Liturgie Comparée , Cheventogne, 1953.
[11] De los Oficios Eclesiásticos , I, 26 (ed. A. Viñayo González , 72).
[12] De los Oficios Eclesiásticos , I, 30 (ed. A. Viñayo González , 76).
[13] A. Di Berardino (Dir.), Diccionario patrístico y de la antigüedad cristiana , I, Salamanca, 1991, 1118.
[14] La literalidad en un rito, oración o canto litúrgico reside en que no se apunta más allá de lo visible: origen histórico, etimología, función, etc. Al sentido literal sobreviene el sentido espiritual (alegórico, tropológico o anagógico), que va más allá del signo.
[15] De los Oficios Eclesiásticos , I, 22 (ed. A. Viñayo González , 66).
[16] De los Oficios Eclesiásticos , I, 20 (ed. A. Viñayo González , 64).
[17] De los Oficios Eclesiásticos , I, 10 (ed. A. Viñayo González , 43).
[18] De los Oficios Eclesiásticos , I, 9 (ed. A. Viñayo González , 42).
[19] De los Oficios Eclesiásticos , I, 7 (ed. A. Viñayo González , 41).
[20] De los Oficios Eclesiásticos , I, 35 (ed. A. Viñayo González , 86).
[21] De los Oficios Eclesiásticos , I, 27 (ed. A. Viñayo González , 72).
[22] De los Oficios Eclesiásticos , I, 35 (ed. A. Viñayo González , 54).
[23] De los Oficios Eclesiásticos , I, 12 (ed. A. Viñayo González , 51).
[24] De los Oficios Eclesiásticos , I, 9 (ed. A. Viñayo González , 42s).
[25] De los Oficios Eclesiásticos , I, 13 (ed. A. Viñayo González , 52).
[26] De los Oficios Eclesiásticos , I, 24 (ed. A. Viñayo González , 69).
[27] De los Oficios Eclesiásticos , I, 25 (ed. A. Viñayo González , 69s).
[28] «Es no solamente legítimo, sino indispensable, procurar definir el sentido preciso de los textos tal y como han sido producidos por sus autores; sentido llamado “literal”. Ya Santo Tomás de Aquino afirmaba su importancia fundamental (Sth. I, q. 1, a. 10, ad. 1)»: Pontificia Comisión Bíblica , La interpretación de la Biblia en la Iglesia , 2, 1 (Madrid, 7 2001, 76).
[29] Sobre la dificultad de diferenciar bien entre alegoría y tipología: Cf. A. Ivorra , o. c. , 42s. E. Mazza afirma: «è difficilissimo stabilire che cosa, in un testo patristico, sia tributario di un metodo allegorico o di un metodo tipologico»: E. Mazza , La mistagogia . Le catechesi liturgiche della fine del quarto secolo e il loro metodo , Roma, 1996, 27.
[30] De los Oficios Eclesiásticos , I, 17 (ed. A. Viñayo González , 57).
[31] De los Oficios Eclesiásticos , I, 19 (ed. A. Viñayo González , 63).
[32] De los Oficios Eclesiásticos , I, 20 (ed. A. Viñayo González , 64).
[33] De los Oficios Eclesiásticos , I, 21 (ed. A. Viñayo González , 65).
[34] De los Oficios Eclesiásticos , I, 23 (ed. A. Viñayo González , 68).
[35] De los Oficios Eclesiásticos , I, 32 (ed. A. Viñayo González , 80).
[36] De los Oficios Eclesiásticos , I, 22 (ed. A. Viñayo González , 66).
[37] De los Oficios Eclesiásticos , II, 4 (ed. A. Viñayo González , 107).
[38] De los Oficios Eclesiásticos , I, 10 (ed. A. Viñayo González , 43s).
[39] Por tanto, las últimas reformas del rito romano pretendían favorecer una participación activa, no la generaban . Todo depende del bautizado que conforma la asamblea. A este respecto, pensemos en que la llamada a una participación activa la realiza san Pío X mucho antes de que se planteara una reforma oficial de la reforma romana, es decir, en tiempos de la mal llamada “liturgia tridentina”. Cf. Pío X, Motu proprio Tra le sollecitudini , Introducción (F. Guerrero , El magisterio pontificio contemporáneo , I, Madrid, 1996, 771).
[40] J. Corbon dirá de las oraciones extra-litúrgicas: «Que nuestras estructuras psíquicas se queden en sus apetencias y nos distraigan en la oración es lo más normal, ya que no es por medio de aquellas como estamos en comunión con la Santísima Humanidad del Señor. Lo que está en juego aquí es nuestro corazón, cuyo deseo no puede ser colmado más que por una Presencia que lo trasciende»: J. Corbon , Liturgia y oración , Madrid, 2004, 136.
[41] De los Oficios Eclesiásticos , I, 15 (ed. A. Viñayo González , 54).
[42] De los Oficios Eclesiásticos , I, 32 (ed. A. Viñayo González , 81).
[43] De los Oficios Eclesiásticos , I, 29 (ed. A. Viñayo González , 75).
[44] Cf. F. Bovon , El evangelio según san Lucas , I, Salamanca, 1995, 551.
[45] Ya en santo Tomás vemos la reducción de la variedad ritual oriental cuando, en casos particulares, menciona las costumbres “de los griegos”. Como hemos visto, san Isidoro conoce y distingue los usos de griegos, itálicos, africanos, etc.
[46] Cf. J. Pérez de Urbel , San Isidoro de Sevilla. Su vida, su obra y su tiempo , León, 1995, 161s.