Teología Litúrgica - La celebración del Matrimonio (II)
Pedro Manuel Merino
Artículo publicado en Pastoral Litúrgica 293 (2007) 315-327.
LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO:
UN RETO CATECUMENAL Y MISTAGÓGICO[1]
II
La celebración litúrgica es el fuente y el culmen de la existencia cristiana, de nuestra relación y acceso al Misterio de Cristo. Esto vale también para la celebración del sacramento del matrimonio.
Cuando planteamos la pastoral prematrimonial en su preparación inmediata a la recepción del sacramento, se hace necesario un cambio de perspectiva: partir de la celebración para preparar las catequesis y no al contrario. Lo que los novios han pedido es una celebración; casarse “por la Iglesia”. Porque el matrimonio no es simplemente un acontecimiento humano sino todo un símbolo, un sacramento, una celebración[2]. La Exhrt. Apost. Familiaris Consorcio dice: “El matrimonio cristiano exige por norma una celebración litúrgica, que exprese de manera social y comunitaria la naturaleza esencialmente eclesial y sacramental del pacto conyugal entre los bautizados” (núm 67).
Se podría objetar, que deberíamos tener en cuenta al Derecho Canónico que enseña que la celebración en la que se realiza el consentimiento matrimonio tiene una función declarativa; distinta al resto de los sacramentos, en los que los ritos tienen un valor constitutivo. Indicando, que el pacto conyugal entre bautizados, es decir, la unión matrimonial, es sacramento en sí mismo y por eso, se expresa en unos ritos sacramentales y no al revés. Pero, a pesar de todo, el sacramento del matrimonio, antes que un contrato y vínculo jurídico, antes que una norma de vida, es una celebración. Por eso, en la Iglesia latina es un requisito de validez la forma jurídica sustancial, es decir, la forma eclesiástica de celebración del matrimonio ante el ministro de la Iglesia y al menos dos testigos[3]. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que el matrimonio sacramental es un acto litúrgico: El sacerdote ( o el diácono) que asiste a la celebración del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el matrimonio es una realidad eclesial. Por esta razón, la Iglesia exige ordinariamente para sus fieles la forma eclesiástica de la celebración del matrimonio (cf Cc. de Trento: DS 1813-1816; CIC, can. 1108). Varias razones concurren para explicar esta determinación:— El matrimonio sacramental es un acto litúrgico. Por tanto, es conveniente que sea celebrado en la liturgia pública de la Iglesia.” (CEC 1630-1631). Efectivamente, el caso de una posible dispensa del rito -litúrgico[4], contrayendo matrimonio sólo ante dos testigos, es un caso extraordinario; algo así como el Bautismo “de urgencia”[5]. El caso extraordinario no debería ni marcar la orientación teológica ni la pastoral.
Por otro lado, el consentimiento de dos bautizados es un ejercicio de su sacerdocio bautismal. El fiel cristiano en la liturgia, celebra los divinos misterios ejerciendo el sacerdocio bautismal[6]. La reforma litúrgica, en sentido amplio, como movimiento inaugurado magisterialmente con San Pío X, nos ha invitado a manifestar esta realidad por medio del principio de la participación activa[7]. Lograr la participación activa en las celebraciones, devolver la liturgia al pueblo, para que este se sienta verdadero protagonista. Estos principios: sacerdocio bautismal y participación activa en el Misterio Pascual, principalmente de los contrayentes, son los que debemos aplicar a la pastoral litúrgica y a la celebración matrimonial.
La preparación de la celebración, ejercicio de la caridad pastoral de la Iglesia.
En el cuidado a la celebración se juega, en numerosas ocasiones, la pedagogía del sacramento y de la Iglesia. Los novios deben recordar el momento de su boda como algo entrañable en su vida. ”La Exhort. FC en el número 67 recoge la importancia de la celebración, entresacamos algunos párrafos: la celebración del matrimonio —inserida en la liturgia, culmen de toda la acción de la Iglesia y fuente de su fuerza santificadora—debe ser de por sí válida, digna y fructuosa. Se abre aquí un campo amplio para la solicitud pastoral (...) En cuanto signo, la celebración litúrgica debe llevarse a cabo de manera que constituya, incluso en su desarrollo exterior, una proclamación de la Palabra de Dios y una profesión de fe de la comunidad de los creyentes. El empeño pastoral se expresará aquí con la preparación inteligente y cuidadosa de la “liturgia de la Palabra”. En cuanto gesto sacramental de la Iglesia, la celebración litúrgica del matrimonio debe comprometer a la comunidad cristiana, con la participación plena, activa y responsable de todos los presentes, según el puesto e incumbencia de cada uno: los esposos, el sacerdote, los testigos, los padres, los amigos, los demás fieles, todos los miembros de una asamblea que manifiesta y vive el misterio de Cristo y de su Iglesia.
Para lograr este fin tenemos que ser conscientes de la dificultades: “Por regla general, los jóvenes muestran un desconocimiento e indiferencia notable respecto a los ritos de matrimonio. Sólo cuando se les explica, se dan cuenta de su valor y riqueza... Además, dado que la boda no es ya un acto de la comunidad social, como antes en los pueblos, sino un acto casi exclusivamente interfamiliar, muchos jóvenes apenas han vivido celebraciones del matrimonio, y por ello su ignorancia respecto al rito es casi absoluta. Muchos desean que se les explique bien, con tal de que no sea un rollo”.[8]
Iniciar en el ritual es descubrir su mistagogía; para la evangelización y la catequesis: “Si los novios en cuestión son cristianos formados y militantes, en el Ritual descubrirán, sin duda, no pocas facetas de lo que es el matrimonio cristiano a la luz de la fe; si se trata de novios cuya fe está algún tanto adormecida, la misma preparación de la liturgia del matrimonio y la lectura atenta de sus formularios, quizá les podrá llevar a un redescubrimiento vital de su fe. Incluso para aquellos novios bautizados que han olvidado total o casi totalmente, las prácticas religiosas, una cuidadosa preparación del rito matrimonial podrá ser un instrumento para despertar una fe actualmente adormecida. Así el Ritual del matrimonio está llamado a realizar aquello que afirma la Constitución de Liturgia con referencia a los sacramentos en general: si por una parte supone la fe... por otra la alimenta y la robustece (Cf. n. 59), y por ello ante una fe débil y quizás adormecida no hay que apagar el pábilo humeante, ni dar por supuesto que simplemente se trata le una no existencia de fe, sino que hay que servirse de la misma reparación de la celebración para anunciar el Evangelio a los novios que quizá lo han olvidado. reparación de la celebración para anunciar el Evangelio a los novios que quizá lo han olvidado.”[9]
Ars celebrandi: La Belleza de celebración del Sacramento del Matrimonio
Pero no sólo se trata de catequizar sino de celebrar y de celebrar bien. En concreto, consiste en “prestar atención al Ars Celebrandi, para conducir a los fieles al culto verdadero, a la reverencia y a la adoración”[10]. El Ars Celebrandi, no sólo es cumplir con las normas litúrgicas contenidas en los libros y documentos litúrgicos, sino que es también lograr la participación activa de los fieles[11]. “El ars celebrandi es... como un estilo o modo de presidir y de realizar las celebraciones litúrgicas atento no solamente a la participación activa y externa sino, principalmente, a las actitudes internas de sentido del misterio, adoración, contemplación, humildad, reverencia, asombro, etc., fijándose más en lo que Cristo hace en nosotros que en lo que nosotros mismos debemos realizar, aun cuando la acción de Cristo requiere también la respuesta humana. Estas actitudes se piden ante todo a los sacerdotes, que no pueden considerarse en modo alguno protagonistas de la celebración, aunque tampoco se pueden aislar de los presentes, para poder conducir a los fieles hacia el interior de lo que se celebra”[12].
Es importante el cuidado de la belleza de la celebración. La belleza es una manifestación de lo divino, de su gloria[13]. Dice la Esposa del cantar de los cantares: ¡Qué hermoso eres, amor mío, eres pura delicia! (Ct 1,16). Al más hermoso de todos los hombres (Sal 45, 3) le han cantado, siglos tras siglos, una muchedumbre de enamorados. Numerosas voces se levantan y con indecible gozo le claman: "¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!" [14]. "¡Tú eres Belleza... Tú eres Belleza!". "Máteme tu vista y hermosura”[15] La creación, es un todo significativo capaz de comunicarnos la intimidad del amor divino."Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sólo su figura, vestidos los dejó de hermosura"[16] .“Pero sobre todo has dejado has dejado la huella de tu gloria en el hombre y la mujer, creados a tu imagen”[17]. El hombre y mujer formados con el polvo de la tierra y el Espíritu de vida de Dios son revestidos de la túnica de la belleza tejida por su mismo creador. La unión del hombre y la mujer recibió la belleza divina, la bendición que nunca fue abolida por la fealdad del pecado (Form 1º Bend Nupcial). Esta belleza creatural, paradisíaca es la que se actualiza en la celebración nupcial. La belleza acompaña siempre a la celebración litúrgica porque recuerda y actualiza el misterio pascual y nos proyecta a realidad futura a la Iglesia, sin mancha, ni arruga, ni nada semejante. (Ef 5,2a.21-33). Esta belleza ordena y articula la celebración del matrimonio.
Así, en la ornamentación y adorno de la Iglesia se hará buscado una noble sencillez más que una pomposa ostentación (IGMR 292)[18].
Se ordena los distintos ministerios[19] de modo “cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” (SC 58),
Se vigilará por la dignidad y ministerialidad del canto litúrgico[20], velando para que no sea considerado como cierto ornato, que se añada a la celebración[21], como algo extrínseco, sino más bien, algo que dimana de lo profundo del espíritu y pone de manifiesto de un modo pleno y perfecto la índole comunitaria del culto cristiano[22]. “Los cantos que se van a interpretar han de ser adecuados al rito del Matrimonio y deben expresar la fe de la Iglesia, sin olvidar la importancia del salmo responsorial en la liturgia de la palabra. Lo que se dice de los cantos vale también para la selección de las obras musicales“[23]. Es muy difícil, pero sin embargo, con respecto a los coros regionales; cuartetos y otras corales, la Iglesia, en general; -no sólo las parroquias-, tendría que tener más atención pastoral y dedicación catequética para cuidar el buen decoro de las celebraciones matrimoniales.
Y, en definitiva, custodiar el desarrollo armónico de toda la celebración: “Se destacarán los principales elementos de la celebración del Matrimonio, a saber: la liturgia de la palabra, en la que se resalta la importancia del Matrimonio cristiano en la historia de la salvación y sus funciones y deberes de cara a la santificación de los cónyuges y de los hijos; el consentimiento de los contrayentes, que pide y recibe el que legítimamente asiste al Matrimonio; aquella venerable oración en la que se invoca la bendición de Dios sobre la esposa y el esposo; y, finalmente, la comunión eucarística de ambos esposos y de los demás presentes, con la cual se nutre sobre todo su caridad y se elevan a la comunión con el Señor y con el prójimo”[24].
A la hora de elegir la misa, también hay en cuenta el tiempo litúrgico, en que se va a celebrar; especialmente si la celebración se celebra en los domingos de Adviento, Navidad, Pascua u otras fiestas señaladas en los números 1-4 de la tabla de los días litúrgicos, que está en el misal. En estos días, en lugar de celebrar “la misa por los esposos” se emplea la misa del día con sus lecturas; pudiendo sustituir una de ellas por otra típicamente matrimonial.[25] Mención especial sería la Cuaresma, en la que no convendría que hubiese bodas, resaltando la importancia penitencial y de preparación catecumenal de este tiempo.[26]
Elementos a tener en cuenta en el desarrollo de la celebración
En cuanto a el desarrollo de la celebración[27] creo que habría que tener en cuenta los siguientes elementos:
1. El Ritual declara: “Conviene que sea un mismo presbítero, quien prepare a los novios, haga la homilía en la celebración del Sacramento, reciba el consentimiento y celebre la Misa”[28]. Se elimina la práctica de que un sacerdote reciba el consentimiento y otro presida el sacrificio eucarístico. “El sacerdote que preside la celebración del Matrimonio ha de actuar siempre como ministro de Cristo, del que es también un signo personal ante toda la comunidad cristiana en virtud del sacramento del Orden, y como dispensador de los misterios de Dios. La liturgia le reserva un papel muy significativo, en cuanto representante de Cristo y de la Iglesia incluso ante los mismos contrayentes. El suyo no es un papel meramente jurídico, sino esencialmente sacerdotal y litúrgico. En este sentido sigue siendo el que anima la celebración y ayuda a los fieles, incluidos los nuevos esposos, a ejercer su sacerdocio bautismal participando en la acción litúrgica”[29].
2. Se debe tener en cuenta que la liturgia del matrimonio es una unidad. “La liturgia del matrimonio, desde la acogida de los novios hasta el rito de conclusión, no es un conjunto de elementos y fórmulas independientes”[30]; no es una mera sucesión de palabras y gestos a cumplir. Centrada en la manifestación del consentimiento de los contrayentes «in facie Ecclesiae», está proyectada siguiendo unas líneas de fuerza que responden a actitudes que deben ir asumiendo los mismos contrayentes y la asamblea acompañante: La Iglesia, presidida por su ministro y representada por los reunidos, los acoge con alegría; la Palabra de Dios los ilumina; las preguntas del escrutinio les disponen al compromiso matrimonial; con el mutuo consentimiento expresan ante todos su amor y mutua entrega como signo sacramental del amor indefectible y la entrega total de Cristo a su Esposa, la Iglesia; con la declaración del «testigo cualificado» son reconocidos como esposos por la Iglesia; con la bendición nupcial la Iglesia sella y consagra su unión conyugal; la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, sacramento del amor esponsal del Señor, los fortalece en el amor y la mutua entrega; por último, la bendición final los proyecta hacia el futuro de su misión en el mundo como familia cristiana. [31]
3. Elegir correctamente los textos de la celebración, procurando que se adecuen a la situación de los novios. Aunque a primera vista la división actual en cuatro formularios (primero, segundo –a y b-, y tercero) parece dificultar, sin embargo adentrarse en el sentido propio de cada uno de los formularios[32], ayuda a tener en cuenta los distintas situaciones de fe de los contrayentes.
Respecto a la elección de la misa habría que evitar, por todos los medios, que se haga por motivos externos, presiones o causas decorativas: “es un poco más solemne al tener más ritos”, “ es que viene un coro”, “es que los padres y abuelos quieren con misa”. La celebración del Matrimonio en la misa es la forma más expresiva y normal de “casarse en el Señor”[33], pero no siempre la aconsejable, recordemos lo mejor es enemigo de lo bueno. El párroco atendiendo a las necesidades pastorales; sea el número celebraciones que tenga que presidir un sacerdote, sea el grado de fe y de participación en la vida de la Iglesia de los novios, juzgará con los novios si es más oportuna la celebración dentro o fuera de la misa[34]. “Evidentemente no tendría mucho sentido celebrar la Misa el día de su boda para unos novios que habitualmente no frecuentan, ni piensan frecuentar, la misa dominical.”[35]
4. Reunirse con los novios para repartir funciones litúrgicas indicando como se deben realizar: Lectores, cantores, preces, moniciones.
5. Cuidar la acogida en la celebración[36]. El ritual señala dos modos, el primero, más expresivo y preferente[37], consiste en recibir a los novios en la puerta. No es una acción privada con los novios, al contrario, si las condiciones lo posibilitan, puede dirigir unas palabras de acogida, ofrecer agua bendita a los novios, padrinos, padres, testigos e invitados.[38] El segundo modo, consistirá en acogerlos al pie del presbiterio y ayudarlos a situarse en sus sitios. Lo que no está contemplado es que el celebrante comience, sin antes haberlos acogido, accediendo sin más al presbiterio. “Los novios, ese día, no son unos miembros más de la asamblea que recibe o acoge. Son, más bien, los que han de ser recibidos, en todo caso. Y no sólo por el sacerdote, sino también por la asamblea. Es algo que se suele hacer mal o encuentra sus dificultades, porque todos están esperando para ver a los novios (a la novia sobre todo) y, luego, entran detrás de estos. En cambio, después sí que lo harán bien los invitados en el “salón de bodas” todos esperarán a que lleguen los novios para recibirlos, mejor que sean los novios quienes entre primero para recibir a los invitados”.[39]
En cuanto a la posición de los novios el ritual es escueto, tan solo señala: “queden situados de tal modo que no den la espalda a la asamblea” (núm. 49). También el ritual señala la posibilidad de acompañar a los novios de entrada no solo los padrinos, sino también los padres y dos testigos. En la línea de esta recomendación, si el padre es el padrino y la madre, madrina, cuando sea posible, podrían estar sentados el matrimonio completo, al lado de sus hijos respectivos, de tal manera que el padrino o la madrina no queden desparejados. En el Salón del banquete de Bodas lo hacen así; en la mesa presidencial se sientan los matrimonios junto con sus hijos.
Respecto a los ritos de entrada[40], se omite el acto penitencial. En la celebración con la misa se puede introducir la aspersión con el agua bendita; tal como hace el Ritual Italiano, que señala que, donde sea posible, se realice cerca de la fuente bautismal.[41]. El formulario de bendición deberá tomarse de los textos comunes del misal. [42]
6. En cuanto a la liturgia de la Palabra[43], la practica de que los novios elijan las lecturas ha tenido mucha aceptación en los pastores y es acogido por agrado por los novios. Sin embargo, conviene ayudar a los novios, exponiéndoles como se puede seleccionar las lecturas y no dejarles sólo a sus gustos espontáneos[44]. En el caso de que se celebre la misa se pueden elegir hasta tres lecturas, siendo la primera del AT; salvo en tiempo Pascual, que será siempre del Apocalipsis. Siempre se elegirá una lectura que hable explícitamente del matrimonio cristiano y que están marcadas en el ritual con un asterisco(*)[45]. Para ayudar a los novios a la selección no sólo habría que ofrecerles el elenco de lecturas, sino también, los modelos propuestos en el Ritual (núms. 511-519 págs. 255-261). En cuanto a las lecturas convienen que no las realicen los novios . “La autenticidad de la celebración exigen que cada cual... haga todo y solo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción. Los novios son los ministros del sacramento y los que reciben la fuerza del mismo; a ellos no les corresponde, ser también los ministros de las lecturas.”[46]. Tampoco debemos dejar a un lector inexperto que proclame las lecturas improvisadamente[47].
La homilía debe iniciar sobre todo a la experiencia sacramental, dicho de otro modo, debe ser mistagógica, antes que una exposición doctrinal o moral de los deberes del matrimonio.
7. Para los anillos, las arras y sobre todo los consentimientos no debemos inventarnos formulas adaptadas, a las que presumimos más expresivas o emotivas. El ritual ya ofrece posibilidades para distintas elecciones[48]. Consistiría, más que inventar, en sacar fuera toda su expresividad celebrativa.
8. En cuanto a la bendición nupcial[49] se ofrecen tres posibilidades – y la cuarta del formulario tercero- para elegir la que más se adapte a la condición de los novios. Desde la aparición del Ritual en 1969 la oración de bendición que se hacía sólo sobre la mujer se realiza sobre los dos novios. Es un momento importante en la celebración. Podemos asimilar esta bendición a las grandes anáforas “consagratorias” de la liturgia. La bendición nupcial supone un momento epiclético importantísimo, tal y como lo ha señalado el Catecismo: “Los esposos reciben el Espíritu Santo como comunión de Cristo y de la Iglesia” (CEC 1624). En la bendición nupcial se une la dimensión ascendente de la oración cristiana, como se muestra en las introducciones: Orar a Dios que derrame la gracia de su bendición; Pidamos a Dios que santifique y ratifique... (Rit 81); Invoquemos la bendición de Dios (Rit 112) Pidamos por estos esposos... (Rit 142) y la descendente, expresada en la Bendición: Envía sobre ellos la gracia del Espíritu Santo... (Rit 82); Descienda, Señor, sobre este esta esposa y sobre su esposo tu abundante bendición y que la gracia del Espíritu Santo...(Rit 113); Extiende tu mano protectora sobre estos hijos tuyos y derrama en sus corazones la gracia del Espíritu Santo (Rit 143). La acción de los esposos que enuncian su compromiso, oran y con ellos la asamblea es sinérgica y concomitante con la del Espíritu Santo[50]. La gestualidad no verbal: el silencio, la postura de rodillas de los novios, la imposición de las manos que acompañan la epíclesis hacen más explícita la presencia y la acción del Espíritu Santo.
La Bendición para todos los formularios debería siempre estar precedida de la velación nupcial. Este punto es poco conocido por los pastores, por no figurar en el Ritual sino en el “libro verde” de la Comisión Episcopal del liturgia, que acompañaba, en su día, al la publicación del Nuevo Ritual,[51] La velación es un rito tradicional de las familias litúrgicas hispano-galicanas[52]; un paño que fusiona dos colores (el blanco y el rojo), queriendo significar la unión del hombre y la mujer[53]. La velación es signo de la vida nueva en común que el Espíritu Santo, acogiéndolos con su sombra la fortalece[54]. “Es un signo tradicional y expresivo de la unión indisoluble que el Sacramento ha realizado entre los esposos”[55]. Se trata del yugo del que habla Tertuliano: “¿Cómo lograré exponer la felicidad de ese matrimonio que la Iglesia favorece, que la ofrenda eucarística refuerza, que la bendición sella, que los ángeles anuncian y que el Padre ratifica? ... ¡Qué yugo el de los dos fieles unidos en una sola esperanza, en un solo propósito, en una sola observancia, en una sola servidumbre! Ambos son hermanos y los dos sirven juntos; no hay división ni en la carne ni en el espíritu. Al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne y donde la carne es única, único es el espíritu”[56]. La velación, como las arras, son propias de la idiosincrasia del pueblo hispano y era el rito ordinario que acompañaba la bendición nupcial del “Manual Toledano”[57], que, desgraciadamente, se dejó de practicar con la aparición de la primera edición del Ritual del Matrimonio en Castellano.
Permitidme una anécdota personal, una vez que fui a concelebrar la Eucaristía de una boda de una pareja de novios amiga (el consentimiento lo recibía su tío). De acuerdo con el presidente y los novios saque en la sacristía el paño humeral para hacer este rito, a lo que otro sacerdote concelebrante, que luego quedó muy contento por el desarrollo de la celebración, exclamó: ¡Vaya ahora los jóvenes hacéis lo que dejamos de hacer hace tiempo!; ¡vais buscando lo antiguo!. Sin embargo no es pasión por lo antiguo, más bien es que no se deberían perder costumbres seculares, que todavía están en vigor por su carga expresiva. A mi juicio, urge que los pastores lo incorporen, puesto que el Ritual del Matrimonio todavía es parco en expresiones y ritos pneumatológicos. ¿Acaso, debemos estar condenados a olvidar un rito nuestro, simplemente por la dejadez y comodidad de los pastores? ¿Debe quedar todo a merced de la elección de los fieles, que durante tanto tiempo ha visto bodas sin estos signos? ¿No deberíamos catequizar a los fieles sobre el sentido de este gesto y sobre todo lo que supone alusión al Espíritu Santo en la celebración?
En este punto el Ritual Italiano nos lanza un interrogante: “Allí donde sea costumbre y con permiso del ordinario se puede hacer la coronación de los esposos” [58] típicas de los ritos orientales. Ciertamente, nosotros no tenemos una Venecia de influencia bizantina, pero, cada vez más son los emigrantes bizantinos: Rumanos, Ucranianos, Rusos... que vienen en búsqueda de la prosperidad de nuestra nación y que se casan con chicos y chicas españoles. En ocasiones estos matrimonios son mixtos – parte católica y parte ortodoxa – pero otras veces no. El fenómeno de la emigración es un reto a la pastoral en general y la pastoral litúrgica.¿No sería posible que en un futuro la Autoridad litúrgica competente pudiera otorgar la posibilidad de hacer la coronación con estos esposos con los premisos adecuados?
9. Es importante en la celebración pedir por los nuevos esposos en la oración universal de los fieles. En este momento los invitados acompañan a los novios en la oración y oran por ellos[59]. La principal participación de los fieles consiste en unirse como asamblea al ruego por los novios, antes que introducir cada una de las intenciones. Las intenciones no son una serie de peticiones encaminadas a ser leída cada una por un lector, sino un formulario global.[60]
10. Indicaciones en torno a la liturgia eucarística. El ritual prevé que, si se considera oportuno, los nuevos esposos puedan llevar al altar el pan y el vino[61]. “Presentando esto dones, los nuevos esposos pueden expresar también cómo ponen su propia unión conyugal, fruto de los bienes con los que Dios los ha dotado y del amor mutuo que se ha profesado, en manos del Señor para que, con la fuerza del Espíritu (que expresará la bendición de la Iglesia), sea transformada en fuente de santidad. No estaría fuera de lugar unir a este gesto la ofrenda de dones para los necesitados”[62]; puesto que una de las características del matrimonio cristiano es estar abierto siempre a la caridad.
Los prefacios desde diferentes perspectivas teológicas expresan la fundamental visión cristiana del matrimonio; su dimensión pascual. Sería muy interesante incorporarlos a la catequesis previa.
Para la bendición nupcial que se realiza después del padrenuestro el ritual indica que el sacerdote se vuelve a los esposos. Este gesto queda desvirtuado si los novios están situados abajo del presbiterio y el sacerdote lo hace desde el altar. Tal vez no convendría que el sacerdote bajara, tal vez, convendría que los novios subieran en este momento, cada uno tiene que ver cual es la mejor manera. Lo que si es cierto es que el rito de la bendición implica una cierta cercanía del sacerdote a los novios, máxime si se realiza la velación.
El profesor y párroco Antonio Carmona[63] sugería que después de la fracción del pan, cuando se muestre a los fieles se diga la siguiente formula, traducida más literalmente del latín: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” (Ap 19, 9). La traducción oficial es: “Dichosos los invitados a la cena del Señor” porque en su día se consideró que la primera podía ser difícil de entender para los fieles. La celebración esponsal ofrece una ocasión esplendida y elocuente para una traducción más literal.
El modo ordinario de la comunión es para los nuevos esposos la participación en el pan y en el cáliz. No sólo por intención, es más expresivo que beban del Cáliz, por ser la bebida espiritual y el signo con el que Jesús adelantó su hora en las bodas de Caná. La comunión se realizará cumpliendo las normas litúrgicas: “No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano. En esta materia, además, debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión”[64].
Celebrar la fe para vivir
Esa es la finalidad de la celebración del matrimonio, celebrar la fe para vivir. Celebro lo que creo (necesidad de profundizar en la fe mediante itinerarios catecumenales adecuados), para vivir las obligaciones de un matrimonio cristiano.
Pedro Manuel Merino Quesada.
[1] Segunda parte del artículo públicado en Pastoral Litúrgica. Año 2007. núm 293. págs. 315-327.
[2] Antonio Lara. “El Sacramento del Matrimonio. Su celebración a partir del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica” en Past. Lit (222) 1994. 25
[3] Rit. Matr. 63; CIC, 1108
[4] CIC 1116; Cfr. CCEO 832.
[5] CIC 861.2.
[6] Cfr. Pedro Fernández, Introducción a la liturgia. Conocer y celebrar, (Salamanca-Madrid 2005), 145-147.
[7]Giacomo Lercaro, La participation active. Principe fondamental de la réforme pastorale el liturgique de Pie X, en La Maison-Dieu 37 (1954). Cfr. Achille M. Triacca “Participación” en: Domenico Saltore - Achille M. Triacca –Juan María Canals, (dir.), Nuevo diccionario de liturgia, (Madrid 1987), 1553. A partir de ahora NDL
[8] D. Borobio Garcia. Inculturación del matrimonio. Ritos y costumbres matrimoniales de ayer y hoy. Madrid 1993. 208-209.
[9] P. Farnés Schroder, “El ritual del matrimonio reflexiones sobre su correcta utilización litúrgico pastoral” en Phase (86) 1975. 96
[10] Sínodo de los obispos XIª asamblea general ordinaria. La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. Instrumentum laboris n º 52.
[11] Bendedicto XVI, Exh. Ap. sacramentum caritatis. nº 52. Cfr. Sínodo de los obispos XIª asamblea general ordinaria. La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. Proprosicio n º 2.
[12] J López Martín, “La Exhortación Apostólica Postsinodal sacramentum caritatis de su Santidad Benedicto XVI en Past. Lit. 298. 2007. 217.
[13] Las ideas están tomadas de F. L. Panella, La belleza en la liturgia en Phase (253) 2003. 9-30.
[14] San Agustín, Confesiones, LX, XXVIII, 38.
[15] San Francisco de Asís, Alabanzas al Dios altísimo, vv. 7 y 10.
[16] San Juan de la Cruz. Cántico Espiritual. nº 5.
[17] Misal Romano prefacio común noveno
[18] La numeración de la Institución General del Misal Romano corresponde a la tercera edición típica altera
[19] Rit. Matr. Praen. 12-27 se ocupan de distintos ministerios pero no desarrolla su función litúrgica, lo que sería sumamente interesante, p. e. el ministerio de la acogida en la iglesia, los lectores, el salmista, el organista, etc.
[20] Cf. Sagrada Congregación de Ritos y del Consilium. Instrucción Musicam Sacram del 5 de Marzo 1967 (AAS 59) nº 11
[21] Teodomiro Álvarez, “La música en el nuevo Ritual del Matrimonio” en en Past. Lit. 232 1996. 26-32.
[22] Institución General de la Liturgia de las Horas. 270.
[23] Rit. Matr. Praen. 30.
[24] Rit. Matr. Praen. 35.
[25] Rit. Matr. Praen. 34.
[26] Rit. Matr. Praen. 32.
[27] Nota Bene: A lo largo de este artículo se presentan ejemplos del Ritual Italiano. Tales prácticas no están aprobadas para España y no deben realizarse. Las recojo aquí para descubrir otras sensibilidades y, al mismo tiempo, pueden suponer nuevas aportaciones al ritual castellano para futuras ediciones.
[28] Rit. Matr. Praen. 23.
[29] J López Martín, La nueva edición renovada del Ritual del Matrimonio en Past. Lit. 232 1996. 9.
[30] P. Farnés Schroder, art cit. 97
[31] A. Carmona. Valoración litúrgica y utilización pastoral del Ritual del Matrimonio. Madrid 1996. 16.
[32] J. J Flores. “Formularios romanos primero y segundo del Ritual del Matrimonio” en Past. Lit. 232 1996. 10-19; J. M. Ferrrer, “Un formulario de inspiración Hispano-Mozárabe en la edición castellana del Ritual del Matrimonio” en Past. Lit. 232 1996. 20-25
[33] SC 78
[34] Cf. Rit. Matr. Praen. 29; SC 78
[35] A. Carmona 17.
[36] Rit. Matr. Praen. 30
[37] Ibidem
[38] Rit. Matr. nº 47-50
[39] A. Carmona 18.
[40] Para la explicación de la monición de entrada: A. Carmona18-19
[41] Rito del Matrimonio (ed. it) n º 55, p 34
[42] En el ritual italiano se recogen una bendición especifica, que se utilizó en el jubileo de las familia en Roma del año 2000. Cfr. Rito del Matrimonio (ed. it) n º 55-56, p 34-35. La bendición hace referencia al Bautismo de Cristo en el Jordán como revelación del amor esponsal de Dios al pueblo. Al costado abierto de Cristo en la Cruz y el nacimiento de la Iglesia esposa y al Espíritu Santo poder del Padre y del Hijo que hace resplandecer en los nuevos esposos (nombrándoles) el vestido nupcial de la Iglesia.
[43] J M Ferrer, “Las lecturas en el nuevo ritual del matrimonio” en Past. Lit. 236 1997. 58-60. Ver también D. Boribio. Op cit. 192-194.
[44] Cfr. P. Farnés Schroder, art cit. 99
[45] Rit. Matr 59.
[46] P. Farnés Schroder, art cit. 100
[47] El Ritual italiano ofrece a los novios la posibilidad de que los novios puedan venerar el libro de los Evangelios. Rito del Matrimonio (ed. it) n º 63. p 38
[48] J. J Flores. art cit.
[49] Dos artículos sugerentes sobre la bendición nupcial: K. Richter, “La teología del matrimonio cristiano. La bendición nupcial como constitutiva del sacramento” en Phase (228) 1998. 433-446. J. Torrens, “La bendición nupcial ‘Deus quid ad propagandum’ de la liturgica hispano mozárabe” en ibidem. 447-460. Ver también A. Carmona. 30-33
[50] E. Aliaga, “El Espíritu Santo y el matrimonio cristiano en la nueva edición del Ritual” en Phase (213) 1996. 244.
[51] A. Carmona. 57: “Es un gesto que se puede realizar; también, en cualquiera de los otros tres formularios de la versión castellana“.
[52] Cfr. J. Janini. Liber ordinum sacerdotal. (Cod. Silos, Arch, monástico 3). Abadía de Silos 1981. Cap. XXIX. 171. Cfr. M. Ferontin Le Liber Ordinum, en usage dans l’Eglise Wisigothique et mozarabe d’Espagne du cinquième au onzième siègle. Bibliotheca Ephemerides liturgicae subsidia. Roma 1996. Reimpression de l’édition de 1904. 436. (pág. ed. 1996. 298).
[53] J. Pinell. Litúrgica Hispánica. Barcelona 1998. 275.
[54] Cfr. Rit. Matr. Praen. 9.
[55] Rit. Matr. Praen. 38.
[56] Tertuliano, Ad uxorem, II, VIII, 6-8: CCL, I, 393.
[57] Cfr. G. Martinez de Antoñana. Sacerdotale. Madrid (Editorial Coculsa) 1944. 179-180
[58] Rito del Matrimonio (ed. it) n º 78 p 47
[59] Rit. Matr, 55
[60] A. Carmona 27. Resulta sugestiva la propuesta del conclusión de la oración de los fieles del ritual italiano que introduce la letanía de los Santos. Rito del Matrimonio (ed. it) n º 81. p 49-50. También está letanía está tomada de la celebración del , que se utilizó en el jubileo de las familia en Roma del año 2000.
[61] Rit. Matr, 76
[62] A. Carmona 27.
[63] A. Carmona 31.
[64] Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, Instr. Redemptionis Sacramentum, sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la santísima Eucaristía (25 marzo 2004) nº 94.