Teología Litúrgica - Teología sacramental del bautismo en las cartas paulinas

Jesús Enrique García Rivas

 

Introducción

A diferencia de los evangelios sinópticos que nos refieren las acciones y las palabras de Jesús como acontecimiento salvífico, Pablo, en sus cartas [1] , se mueve en un doble nivel: por una parte transmite el Kerygma apostólico, y por otro aporta en sus escritos su contribución personal, muchas veces, como veremos, partiendo tanto de su propia experiencia como de la vida litúgico- sacramental de las primeras comunidades cristianas.

Dos hechos muy significativos cambiarán la vida del Apóstol de los gentiles: por una parte su conversión en el camino de Damasco [2] , donde se encuentra cara a cara con el Cristo vencedor de la muerte y por tanto glorioso, insertándose de esta manera a la comunidad apostólica [3] ; y por otra, lo mismo que el Bautismo, como se nos relata en los Hechos de los Apóstoles, es central en la toma de conciencia de participación en la vida eclesial [4] , Saulo al ser bautizado después de su encuentro con Cristo resucitado [5] se siente estrechamente asociado a su misterio [6] , y al que dedicará, a partir de ese momento toda su vida.

Significado del Bautismo

Hay dos textos en donde el Apóstol nos habla del significado profundo del Bautismo y que por la importancia dada en todos los autores estudiados vamos a reproducir [7] : "¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si nos hemos injertado en él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido el cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda libre del pecado" (Rom 6, 3-7) [8] . Y: " En él también fuisteis circuncidados no con circuncisión quirúrgica, sino mediante el despojo del cuerpo carnal, por la circuncisión en Cristo. Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la fuerza de Dios, que lo resucitó de entre los muertos " (Col 2,11-13). Estos dos textos afirman que el Bautismo no solo nos une a Cristo, sino que realiza en nosotros la muerte y resurrección del Señor.

La vida bautismal consiste en ser ‘ crucificado ' y ‘ sepultado ' con Cristo, y a la vez ‘ resucitar' y ‘ ser vivificados ' en él. En definitiva el Bautismo, según se nos dice en estos textos, es la reproducción del Misterio pascual de Jesús, que ha pasado de la muerte a la vida en su retorno al Padre. Este Misterio se reitera de manera vivencial en la vida del cristiano; este participa de aquel, por su inmersión en las aguas bautismales, que reproducen simbólicamente el descenso de Jesús a la muerte y su ascenso glorioso a la resurrección.

Por eso la vida del resucitado se revela como presente en los bautizados, actualizándose de nuevo la acción salvadora de Jesús por el signo bautismal. El designio salvífico del Padre, que se cumplió perfectamente en Cristo, tiene lugar ahora en el bautizado, unido a Cristo. Ser bautizado en Cristo Jesús, equivale para Pablo a haber muerto al pecado una vez para siempre, pero esta virtud de morir al pecado en el Bautismo tiene su origen en la imitación cultual de la muerte sacrificial de Cristo y, por tanto, tiene por consecuencia la transferencia de la vida de Cristo en el bautizado a través del sacramento, ya que el ‘hombre viejo' ha sido sepultado en las aguas bautismales con todos sus pecados para emerger de ellas ‘el hombre nuevo', dotado de la nueva vida de Cristo que vive para Dios (Rom 6,4-6). Por eso la acción bautismal vincula al hombre con Cristo como nuevo Adán, frente al viejo Adán causante de la muerte (Rom 5,12-21; 1 Cor 15,20-22).

Debemos preguntarnos, por tanto, ¿qué significa para Pablo ser sepultados con Cristo por el Bautismo? Esta pregunta nos lleva a buscar su mentalidad soteriológica. Para él la obra redentora de Cristo es como un retorno de la humanidad a Dios, de quien se había separado por el pecado. Cristo muerto y resucitado aparece como la primicia de esta humanidad (1 Cor 15,20), aunque falta, sin embargo, que se dé este retorno en cada uno de los cristianos que mueren y resucitan con Cristo en el Bautismo según Rom 6, 3-4 [9] .

Nueva vida en Cristo

El bautizado, según Pablo, participa ya de manera anticipada del Misterio pascual del Señor. La dinámica interna del bautismo tiende a la plena configuración con Cristo en la escatología, como eclosión de vida nueva, infundida en el sacramento. En la mente del Apóstol, la muerte de Cristo va unida a su resurrección, como preludio de la revelación de la vida divina en Jesús (Rom 4, 25; 1Cor 15, 13-17). Es por esto por lo que entre la sacramentalidad del Bautismo y la crucifixión de Cristo hay una verdadera conexión (1 Cor 1, 17). El cristiano alcanza una auténtica regeneración al revestirse por el bautismo del ‘hombre nuevo', experimentando un cambio radical en su ser más profundo (Ef 4,24), al despojarse del ‘hombre viejo' y emerger del Bautismo como ‘nueva creatura' en Cristo (2 Cor 5,17; Gal 6,15). Esto explica el porqué designe el Apóstol el Bautismo cristiano con el apelativo de Bautismo administrado en el ‘nombre de Jesús' [10] (1 Cor 1,13; 3,23; Gal 3,29), diferenciándolo absolutamente del Bautismo judío (abluciones cultuales) y del Bautismo de Juan el Bautista [11] ; pues el rito bautismal cristiano tiene su origen frontal en Cristo, que con su muerte y resurrección lo ha proclamado en su carne glorificada.

El cristiano, que se hallaba inmerso en el misterio de la iniquidad al ser solidario de la humanidad pecadora, ha pasado a la esfera divina al participar personalmente por el Bautismo de la vida gloriosa del Resucitado (Rom 6,9) [12] . Como consecuencia, debemos decir que si en la resurrección de Cristo brilló el poder del Padre y se reveló pletóricamente la vida del Espíritu, de igual modo el Padre moldea en el interior del hombre la imagen de su Hijo, al derramar en él la vida del Espíritu por el Bautismo.

El bautismo y el Espíritu Santo

En la carta tardía de Pablo a Tito, en donde se afirma que Dios " nos salvó por su misericordia, mediante el lavatorio de la regeneración y renovación del Espíritu Santo, que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo " (Tit 3, 5), vemos su pensamiento con respecto al Bautismo y al Espíritu Santo.

Además, la fórmula paulina ‘ bautizados en Cristo ' (Gal 3, 27), equivale a la de ‘ bautizados en un solo Espíritu ' (1 Cor 12,13) junto a la de ‘ ungidos y sellados en el Espíritu '(2 Cor 1,21; Ef 1,13). Todas estas expresiones nos hablan de la acción salvadora del Espíritu de Jesús en el bautizado. Pero no debemos maximalizar estas expresiones, porque la gneumatología que Pablo tiene con respecto al Bautismo, es de un sentido marcadamente Cristológico. Porque el punto principal de la sacramentología de Pablo es Cristo, por quien el Padre nos comunica el Espíritu de filiación de su Hijo.

Bautizados para formar un solo cuerpo

El Bautismo en el Espíritu nos descubre a la vez la dimensión colectiva y escatológica de la fe: " pues todos nosotros judíos y griegos, esclavos y libres, fuimos bautizados en un solo Espíritu para que formásemos un solo cuerpo, y a todos nos dio a beber un solo Espíritu " (1 Cor 12,13). Nuestra filiación divina infundida por Dios en nuestro interior en el Bautismo, por la que nos configuramos con Cristo, tiene su eclosión en la comunidad eclesial, que Pablo explicita en dos imágenes: la del cuerpo místico, y la de la esposa de Cristo.

Pablo recurre a la simbología del Pueblo del Éxodo y de la circuncisión, utilizando un acontecimiento y una institución. Él ve en la travesía del Mar Rojo, y en los elementos que la componen, la profecía del bautismo: " no quiero, hermanos, que ignoréis esto: nuestros padres estuvieron todos bajo la nube; todos atravesaron el mar; y todos en la nube y en el mar, fueron bautizados en Moisés " (1 Cor 10,1-2). La figura bíblica se presenta como un acontecimiento colectivo. La Comunidad del desierto y del Éxodo ( todos repetido tres veces) efectúa el paso de la muerte a la vida. Estos rasgos tipológicos, se realizan en la comunidad mesiánica. Al hacer que la humanidad pecadora pase de la muerte a la vida, Cristo nuevo Moisés, salva y reúne a la Iglesia que es su cuerpo. Él mediante su muerte arranca de la muerte a los bautizados.

La teología paulina de la inserción en el Cuerpo de Cristo por el Bautismo, recibió más tarde perfiles muy simbólicos y acabados. En la Carta a los Efesios nos propone la imagen esponsal de la unión de Cristo con su Iglesia. Para expresar Pablo la revelación del amor de Cristo a la Iglesia recuerda lo que hizo por ella: " Cristo amó a la Iglesia y se entregó Él mismo por ella para santificarla, purificándola con el bautismo del agua en virtud de la palabra " (Ef 5, 26).

Aquí une Pablo el Bautismo martirial de Jesús en la cruz con el que expresó el amor a la Iglesia, hasta el extremo, al purificarla mediante el baño de su sangre, con el Bautismo del agua por el que cada cristiano participa a su vez del amor de Cristo a la Iglesia, su Esposa [13] .

Conclusiones

1.- En primer lugar, debemos decir, que la teología sacramental de las Cartas Paulinas sobre el Bautismo es polifacética: atribuye al elemento sensible del agua y al de la palabra, la remisión de los pecados y la transfiguración del hombre en Cristo.

2.- El aspecto fundamental que preside todo el desarrollo de su teología bautismal es el cristológico: Incorporación a la muerte y resurrección de Cristo.

3.- No falta en Pablo una teología del Espíritu Santo en relación al Bautismo y a la fe. Su aportación al Kerygma apostólico está en línea de una mayor profundización del Bautismo como configuración personal con el Misterio Pascual de Jesús, por la interiorización del Espíritu Santo en nosotros.

4.- Otro aspecto importante y específico de su teología sacramental es la inserción al Cuerpo Místico de Cristo a través del Bautismo. Por el Bautismo nos incorporamos a la comunidad de los redimidos, en donde respondemos a la interpelación de Dios en Cristo, dentro de la fe comunitaria.

5.- La liberación de la Ley, la justificación por la fe y la filiación divina por parte de Cristo (Gal 3, 24-26), son atribuidos por el Apóstol a la acción del Espíritu de Jesús, que actúa en nosotros mediante el Bautismo.

6.- Pablo utiliza en muchas ocasiones imágenes antitéticas para describir la transfiguración que se opera por la fe y el Bautismo, a veces espaciales [14] , más a menudo temporales: las dos esferas, los dos eones, antaño-ahora, cada una de las cuales quiere abarcar la totalidad de la humanidad, del universo y de la historia: los dos Adanes, tinieblas-luz, vida-muerte, carne-espíritu. Imágenes que serán repropuestas en la literatura cristiana posterior.

Apéndice de los textos paulinos en relación con el Bautismo

Rom 6, 1-11; cf. 10, 9.

1 Cor 1, 13-17; 6, 11; 10, 2; 12, 13; 15, 29.

2 Cor 1, 21-22.

Gal 3, 27; cf. 2, 19-20; 5, 24; 6, 14-15.

Ef 1, 13; 4, 5; 4, 30; 5, 26; cf. 2, 4-8.

Col 2, 11-13. 20; 3, 1-4.

Tit 3, 5.

BIBLIOGRAFÍA

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Notas:

[1] Para ser más exactos, deberíamos hablar de ‘Corpus paulino', ya que en este breve artículo nos sería imposible entrar en el debate bíblico sobre la autoría de las cartas atribuidas a la mano de Pablo.

[2] Hch 9, 3-19.

[3] Cf. 1 Cor 9, 1; 15, 8; Flp 3, 12.

[4] Hch 2, 37-41.

[5] Hch 9,18-19.

[6] Flp 3, 7-8; Ef 5, 9; 2 Cor 5, 17.

[7] Los textos reproducidos son tomados de la Biblia de Jerusalén. Nueva edición revisada y aumentada. Bilbao 1999.

[8] R. PENNA, Battesimo e partecipazione alla morte di Cristo in Rom 6,1-11. Alle origini del Battesimo cristiano. Atti dell' VIII convegno di teologia sacamentaria, Studia Anselmiana 106 (1991) 145-166.

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[9] S. LYONNET, Le valeur sotériologique de la résurrection du Christ selon s. Paul , Gregorianum 39 (1959) 295-318. J. I. VICENTINI, Carta a los Romanos. La Sagrada escritura , t. II, Madrid 1962, 229-231.

[10] Pablo conoce esta expresión desde los Hechos (Hch 2, 38)

[11] Hech 19, 5-7.

[12] S. LYONNET, Exegesis epistulae ad Romanos , Roma 1966, 34.

[13] S. VERGES, La Iglesia, esposa de Cristo , Barcelona 1969.

[14] Col 1, 13.