Teología Litúrgica - Personajes importantes para la ciencia litúrgica
Aurelio García Macías
Publicado en Pastoral Litúrgica 296 (2006) 511-514.
SAN GREGORIO MAGNO
(540-604)
Pontifex liturgicus
Gregorio nació en Roma hacia el 540 en la noble familia senatorial de los Anicios. Su padre, Jordano, fue senador y administrador de una de las siete regiones de Roma; su madre Silvia y dos de sus tías, Tarsila y Emiliana, forman parte del catálogo de los santos.
El palacio familiar estaba en el monte Celio, y fue allí donde recibió su primera educación, hondamente cristiana. Fue especialmente preparado en el derecho, que desde Justiniano había adquirido una gran importancia en la vida pública romana. En el 574, cuando tenía treinta y cuatro años, el emperador Justino lo nombra magistrado principal de Roma (praefectus Urbis). En cierto momento se encuentró con dos benedictinos que procedían del monasterio de Montecasino y conocían a San Benito. De sus labios tomó los relatos llenos de candor que luego recogió en sus deliciosos e ingenuos Dialogos. Este encuentro le impacta y le plantea una pregunta vital: ¿Qué camino tomar? Por fin, toma una decisión y a la muerte de su padre distribuye su rico patrimonio como dotación para edificar varios monasterios; el último de los cuales fue en su propia casa romana, denominado Monasterio Benedictino de San Andrés, donde tomó el hábito monástico en el 575, a la edad de treinta y cinco años. En su vida monacal se dedicó al estudio intenso de la Sagrada Escritura y de la vida monástica de los monjes de Occidente.
El papa Benedicto I advierte su valiosa preparación y lo envía como nuncio suyo a Constantinopla, donde pasó ocho años. Posteriormente el papa Pelagio II, que lo había ordenado diácono, lo envía en el año 579 como representante suyo ante el emperador Tiberio II. En dicha corte imperial se dedica a impartir sus conferencias espirituales (núcleo del tratado titulado Moralia), conoce a san Leandro de Sevilla (a quien dedica su libro Moralia in Job) y vence en la controversia con el patriarca Eutiquio sobre la condición de los cuerpos resucitados.
A su regreso a Roma en el año 586 es nombrado abad del monasterio de San Andrés y se preocupa por instaurar en él un clima de santidad de vida en los monjes. Tras un encuentro casual con tres esclavos anglosajones en el mercado de Roma toma la iniciativa de evangelizar la gens Anglorum, pero emprendido ya el viaje hacia la Anglia es llamado por el papa Pelagio II para nombrarlo secretario suyo. En este tiempo, el desbordamiento del río Tiber en Roma produjo numerosas calamidades por el hambre y la peste. Una de las víctimas de la epidemia de peste es el papa Pelagio, que muere el 590. Reunidos el clero, el senado y el pueblo de Roma eligen como Papa al diácono Gregorio. Aunque al principio de opone a dejar su vocacional monacal, finalmente aceptó. Fue ordenado obispo el 3 de septiembre del 590. Y desde el principio de su pontificado trabajó por introducir un clima de espiritualidad, gobierno y amor por la liturgia en toda la Iglesia, especialmente en la Urbe. Es el primer Papa monje. Sin dejar de ser un contemplativo, fue un gran hombre de acción.
Como pastor de la Iglesia fue un gran gobernante, un administrador diligente, llamado “el último romano”. Diseñó un centralismo administrativo en el gobierno de la Iglesia, que supo aunar la uniformidad de la disciplina y una sabia adaptación. Con el nombramiento de agentes plenipotenciarios organizó la adquisición y distribución de los bienes eclesiásticos con admirable caridad. Por ejemplo, se preocupó de rescatar a los prisioneros de los longobardos con los bienes de la Iglesia; incluso, pocas semanas antes de su muerte, estaba preocupado por hacer llegar al obispo de Chiusi un manto para el invierno.
En el campo político destacó por su prudencia al dirimir las controversias con las naciones. Gobernó la Iglesia durante 13 años, los dos últimos desde la camilla en la que yacía obligado por una grave enfermedad. Durante su pontificado la Iglesia continúa sufriendo las consecuencias de la herejía donatista en Africa, arriana en España, el dominio bárbaro en Italia y Galia. Gobernó como un verdadero jefe espiritual de la Iglesia, con inteligente sabiduría pastoral y aportó una dimensión universal a su pontificado. No en vano, en su lápida sepulcral se le denomina “cónsul de Dios”.
Esta dimensión universal de su pontificado se refleja en el deseo personal de promover la evangelización entre los paganos. En el 596, tras conseguir el apoyo de la poderosa Brunilda, reina de los francos, envía a un grupo de monjes benedictinos del Monasterio de san Andrés de Roma al frente del monje Agustín (futuro san Agustín de Cantorbery) para evangelizar a los anglosajones, dándoles sabias disposiciones litúrgicas, que proporcionarán una fisonomía propia a la nueva Iglesia inglesa. El himno de san Pedro Damián en las Laudes de la fiesta de san Gregorio, resume toda la obra de este Papa exaltado como el gran “apóstol de los ingleses”.Y en Hispania, los visigodos abjuraron del arrianismo en el Concilio III de Toledo (589).
En el ámbito de la liturgia se caracteriza por una intensa obra reformadora. En la celebración de la eucaristía añadió al Canon romano la frase “concédenos la paz en nuestros días”; prescribió el canto del Aleluya, al fin del gradual, incluso fuera del tiempo pascual, excepto en los tiempos penitenciales; y por fin, colocó la oración del padrenuestro al final del Canon. En el ámbito disciplinario prohíbe la casulla a los subdiáconos y el canto de cualquier otro texto además del evangelio por parte de los diáconos. En el sector de los libros litúrgicos, Juan Diácono le atribuye una revisión del sacramentario (que luego se llamará Gregoriano) y del antifonario, con una promoción del canto que será asimismo denominado gregoriano. Formó también una gran Schola Cantorum para las celebraciones papales.
Organizó las procesiones penitenciales por siete iglesias de Roma (Letania septiforme) para alcanzar el final de la peste. Es en este contexto donde surge la aparición del ángel sobre la Mole Adriana, como símbolo de la cesación del flagelo, descrita en los relatos del s.X. Renovó la práctica de las estaciones cuaresmales en las iglesias romanas, para las que compuso Cuarenta homilías sobre los Evangelios; yfomentó el culto de las reliquias.
Es el escritor mas fecundo de los papas medievales. Aparte de las obras ya citadas, tenemos su Epistolario con 859 cartas; las veintidós Homilías sobre Ezequiel y el Comentario a los libros de Job o Las Morales,que tanto usaron los Santos posteriores. Su famosa Regla Pastoral fue el código a seguir por los obispos medievales, ya que en ella traza el perfil de los deberes de todo pastor y obispo.
El 12 de marzo del 604, muere en Roma, a los 63 años, lleno de dolores físicos y desolado por los desastres perpetrados por los bárbaros. Bonifacio VIII le atribuyó el título de Grande (Magno); y Bonifacio XIII lo proclama doctor de la Iglesia el 20 de septiembre de 1295. Junto con San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo, es uno de los cuatro padres de la Iglesia latina. Su fiesta se trasladó al 3 de septiembre, fecha de su ordenación episcopal (3 de septiembre del 590), para evitar celebrarla en cuaresma.
Es el último de los grandes Padres de Occidente y el primer hombre medieval. En su Carta “Plurimum significans”, con motivo del XVI centenario de su elección pontificia, Juan Pablo II destaca su intenso sentido pastoral, que prevaleció sobre las ocupaciones civiles que tuvo que desempeñar; su responsabilidad eclesial; y recuerda el título que escogió como lema de su ministerio, ya desde que era diácono, que usó en muchas de sus cartas, y que se convirtió posteriormente en un título tradicional y casi una definición de la persona del Obispo de Roma: Servus servorum Dei. Gregorio renunció al título adulatorio de “Papa universal” y fue el primero en definirse “Siervo de los siervos de Dios”.
Aurelio García Macías