Otros - Orientem versus
Manuel González López Corps
Extracto del libro AA.VV., La eucaristía al inicio del tercer milenio, II, Madrid, 2007.
Orientem versus
Consideraciones en torno al altar
A manera de presentación introductoria
El tema de la orientación del altar cristiano ha sido muy debatido, prueba de ello son las múltiples publicaciones en los últimos años [1] . Lamentablemente, el interés suscitado no se ha debido siempre a su rico simbolismo cuanto a su utilización partidista o ideológica.
Recientemente han destacado, por ser oficiales u oficiosas, algunas declaraciones e intervenciones de la Santa Sede sobre el tema. Citamos solamente el interesante Editorial aparecido en la revista de la Congregación para el Culto Divino [2] y, tres años más tarde, la Instrucción para la Applicazione delle prescrizioni liturgiche del Codice dei Canoni delle Chiese Orientali [3] ( 1996 ). Aunque, al filo del tercer milenio, el texto más sobresaliente ha sido la Respuesta oficial de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos acerca de la posición del sacerdote durante la liturgia de la Eucaristía [4] . Por último, citamos los Lineamenta del Sínodo sobre la Eucaristía (octubre 2005) donde se afirma:
La concepción cósmica de la salvación que llega como “Luz que nace de lo alto” (Lc 1, 78), ha inspirado la tradición apostólica de la orientación hacia el Este de los edificios cristianos y la posición del altar, con la finalidad de celebrar la Eucaristía hacia el Señor, como sucede actualmente entre los orientales. No se trata, en este caso, como frecuentemente se dice, de presidir la celebración dando la espalda al pueblo, sino de guiar al pueblo en el peregrinaje hacia el Reino, invocando en la oración hasta el retorno del Señor (n. 53) .
Aquí la Santa Sede constata la costumbre de la orientación hacia el Este de los edificios cristianos como una tradición apostólica tanto para los edificios cristianos como para oración en el altar hacia el Señor .
Esta intervenciones nos animan a reflexionar sobre el argumento y pergeñar lo que nos más que un esbozo necesitado de ulteriores profundizaciones. La amplitud y la complejidad del tema, excede en mucho los limites del presente estudio. Nosotros intentaremos mostrar, como en la espiritualidad y en la concepción litúrgica, Oriente no es un sólo un lugar. Oriente designa una Persona: Jesucristo, el Salvador. Y su signo es la cruz , conmemoración de la salvación y prenda en la espera de su vuelta.
1. El altar cristiano
Jesús enseña a la Samaritana que no es en Jerusalén ni en el monte Garizín donde se da el auténtico culto a Dios; a Éste hay que adorarlo en Espíritu y en Verdad (cf Jn 4, 21.24). El verdadero ámbito de adoración es el Cuerpo de Cristo [5] .
Sin embargo, mientras estamos en esta condición peregrinante, la Iglesia, Cuerpo de Cristo y templo nuevo edificado con piedras vivas, donde mora Dios por el Espíritu (cf Ef 2, 14.22), construye edificios donde expresa su encuentro temporal con su Señor. En ellos expresa su deseo del encuentro eterno con el Esposo preparándose para el Banquete de Bodas del Cordero. El edifico sagrado en el tiempo de la Iglesia es un signo que nos indica el camino hacia Aquel que es Señor de las criaturas celestes y terrestres; el Señor de los serafines, el Rey de Israel, el solo Santo, ha venido a habitar en medio de nosotros para conducirnos a su Reino, porque nuestra “patria está en los cielos” (Fil 3, 20). La iglesia material es un signo del altar celeste y del santuario donde Cristo ha entrado, no hecho por mano de hombre, “sino en el mismo cielo, para comparecer ante la presencia de Dios intercediendo en favor nuestro” (Hb 9, 24) [6] .
En las iglesias cristianas el punto focal es el altar [7] . En nuestra tradición cristiana, ya sea oriental ya sea occidental, el altar cristiano es, al mismo tiempo, el cumplimiento de [lo que prefiguraba] el “Sancta sanctorum” del antiguo Templo, es el Gólgota del nuevo sacrificio y mesa de la última cena que lo prefiguraba; es el sepulcro del Señor, el lugar de la resurrección, la fuente de toda gracia sacramental que proviene del altar a nosotros. Asimismo, es el altar de la liturgia celeste del cual es icono la liturgia de la Iglesia, [que al decir de Germán de Constantinopla [8] ] es cielo en la tierra, donde Dios, que está por encima de los cielos, habita y camina [9] . En el altar se celebra la Divina Liturgia, la Eucaristía, en la ofrenda de la Oblación. Hacia él se dirigen las procesiones litúrgicas y desde él se dispensa la gracia de Cristo: en él reposa el Evangeliario y de él se reparten los dones sagrados que realizan la comunión de los fieles con el Misterio Pascual de Cristo [10] .
La Santa Sede, en la misma Instrucción , recuerda que del mismo modo que ya desde tiempos antiquísimos se acostumbraba orar postrándose en tierra hacia Oriente, también los mismos edificios sagrados se han venido construyendo de manera que el altar estuviese orientado [11] . Y bajo el título La oración hacia Oriente (n. 107) , se cita ampliamente a san Juan Damasceno en su explicación de esta tradición eclesial:
No es por casualidad que oramos mirando hacia Oriente (...). Porque Dios es Luz (1 Jn 1, 5) y en la Escritura es llamado Sol de justicia (Mal 3, 20) y también Oriente (Zac 3, 8 según la versión de los LXX), para darle culto nos volvemos hacia Oriente. Dice la Escritura: Dios plantó un jardín en Edén, al Oriente y allí colocó al hombre que había modelado (Gn 2, 8). (...) Buscando la antigua patria y tendiendo hacia ella, damos culto a Dios. Asimismo la tienda de Moisés tenía el propiciatorio mirando a Oriente. La tribu de Judá, porque era la más insigne acampaba hacia Oriente (cf Num 2, 3). En el templo de Salomón la puerta del Señor miraba a Oriente (cf Ez 44, 1). Por fin, el Señor en la cruz, miraba hacia occidente, y nosotros nos postramos volviéndonos hacia El. Al momento de ascender al cielo fue levantado hacia Oriente, y así fue adorado por los discípulos, y así vendrá, en el modo como le vieron ascender al Cielo (cf Act 1, 11), como el mismo Señor dijo: “Como el rayo que brilla desde Oriente hasta occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mt 24, 27). Esperándole, nos postramos hacia Oriente. Se trata de una tradición no escrita, que viene de los apóstoles.
Y añade el documento de Sede Apostólica: Esta rica y fascinante interpretación explica también la razón por cual el que preside la celebración litúrgica ora vuelto hacia Oriente, de la misma manera que el pueblo que participa en ella. No se trata, como a menudo viene repetido, de presidir la celebración dando la espalda al pueblo, sino de guiar al pueblo en su peregrinación, hacia el Reino que invocamos en la plegaria, hasta que el Señor vuelva... Esta práctica tiene un valor profundo [12] .
El presidente aparece así, ante el altar, en su función sacerdotal de guía del pueblo peregrino que espera la vuelta de su Señor. Tal uso es denominado como un valor y calificado de profundo.
2. La oración de los cristianos hacia Oriente
La posición del sacerdote en el altar está en relación directa con la costumbre de orar hacia Oriente, hacia el Sol levante, figura de Cristo [13] .
El mismo Señor, en el texto griego de la Escritura, es denominado bajo esta figura: su nombre es Oriente [14] . Y, a menudo, se le relaciona con la luz del sol que nace de lo alto, que viene por Oriente (Is 60, 1 Jer 23, 5 Mt 24, 27.30 Lc 1, 78 2 Ped 1, 19 Ap 2, 28; 7, 2; 22, 16) [15] .
La primitiva comunidad proveniente del judaísmo, que ha participado de ciertas costumbres hebreas, no ha heredado este gesto como una peculiaridad judía. Volverse hacia el Este para orar ha sido una costumbre general en el mundo antiguo desde el Mediterráneo hasta la India [16] . Tal costumbre fue contestada por los cristianos cuando tenía connotaciones de adoración del astro sol [17] . Por otra parte, aunque en el judaísmo se practicó excepcionalmente la oración hacia Oriente (cfr. Sab 16, 28), predominó, tanto en la celebración familiar como en la sinagoga, el volverse para orar hacia la Shekiná del Templo de Jerusalén [18] . En efecto, la oración hacia el Oriente cósmico se difundió más bien en los grupos helenizantes y en la secta de Qumran, un contexto judío que nos lleva a los esenios [19] . Para la comunidad judeo-cristiana Oriente evocaba la Ascensión, la partida del Señor Jesús desde el Monte de los Olivos, que está al Oriente de Jerusalén [20] . Desde allí se aguardaba su inminente retorno de la misma manera (cfr. Act 1, 9-11), según la imagen del rayo que brilla desde Oriente a occidente (Mt 24, 27) [21] . Daniélou da por cierto que en el ambiente del judeocristianismo nació la tradición de orar hacia el Oriente [22] . Esperando el encuentro con el Señor, oraban hacia el símbolo de la luz y de la vida. Es la adoración al Sol que nace de lo alto reflejado en el alba de cada día.
La Iglesia naciente, en su lectura cristiana del Antiguo Testamento, leía la profecía de Isaías donde se anunciaba que Dios traería la salvación desde Oriente: ¿quién ha suscitado del Oriente a Éste con quien la justicia se encuentra? (Is 41,2). La visión de Ezequiel completaba la profecía: La gloria del Dios de Israel avanzaba desde oriente... La gloria del Eterno entró en el santuario por la puerta oriental... Él me dijo: “este es el lugar de mi trono... y viviré entre los hijos de Israel por siempre” (Ez 43, 2.4.7 cfr. Ez 11, 23; 44, 1s Zac 14, 4). Así había sido al inicio primordial cuando el hombre aún no había roto la comunión perfecta con Dios y tenía acceso al árbol de la vida: Plantó Ywhw Dios un jardín en Edén, al Oriente, donde colocó al hombre que había creado (Gn 2, 8). Y cuando, después de la caída, la humanidad fue privada de la vida divina, el Señor colocó querubines con espadas de fuego al Oriente del jardín para custodiar el camino hacia el árbol de la vida (Gn 3, 24).
2. 1. Las celebraciones de las comunidades judeo-cristianas
No tenemos mucha información acerca de las primeras celebraciones eucarísticas [23] . Hemos de confesar que poco o nada sabemos [24] . Se ha evocado la Última Cena de Jesús para intentar reconstruir las celebraciones de las primeras comunidades [25] . Tanto Nussbaum como Bouyer, indican que en tiempo de Jesús, y aún siglos más tarde, para las comidas de cierta importancia se empleaba o una mesa redonda o una mesa en forma de sigma (en semicírculo) [26] . Los convidados estaban sentados o reclinados detrás de la mesa semicircular. Vogel afirma que les participants de la dernière Cène étaient vraisemblement tournés vers le Temple comme c'était l'usage dans le repas solennel juif [27] . A este efecto utilizaban divanes o un banco, en forma de sigma. El sitio de honor estaba a la derecha (in cornu dextro). El segundo puesto de honor estaba enfrente [28] . Todos estaban situados al mismo lado de la mesa [29] . De hecho, en los antiguos mosaicos, el Señor está siempre, sentado o recostado, en el lado derecho de la mesa (a la izquierda del que contempla) [30] .
Según Lang, podemos inferir que en los primeros siglos, cuando el número de miembros de la comunidad era aún restringido, se conservaba la misma disposición de los asientos de la última Cena, tanto más cuanto que ella correspondía a las costumbres de la época [31] . En las comunidades, en que el número de fieles era más elevado, había que añadir mesas suplementarias. El obispo y los presbíteros se sentaban en una de ellas, los fieles en otras, separados hombres y mujeres.
Mientras que para la cena común, el ágape, estaban sentados en las mesas, para la celebración litúrgica todos tendrían que permanecer en pié y volverse hacia Oriente para orar. Esta es la prescripción que ha llegado hasta nosotros en la Didascalia de los Apóstoles, una instrucción que describe unos usos que podrían remontarse a los siglos II‑III, y donde se exige expresamente volverse hacia el Oriente [32] . Dirección que, de la misma manera que estaba marcaba con una cruz en el ábside de los templos, lo estaba en las casas particulares, en el muro que miraba al levante [33] .
2. 2. El testimonio de los Padres
Para paliar la laguna de datos sobre este aspecto de la celebración de la synaxis eucarística en los primeros siglos, además de los estudios en las Actas de los mártires [34] , sería fundamental el estudio de los testimonios dejados por los Padres [35] . Aquí presentamos sólo algunos datos significativos:
# En el Norte de África nos encontramos con Tertuliano que, a finales del s. II, da cuenta de la oración vueltos hacia el Este tanto en su tratado Ad nationes como en su Apologeticum :
Ad orientis regionem conversi [36] .
# Contemporáneamente, Clemente de Alejandría (215c.) presenta algunas razones de la oración de los cristianos hacia el Levante:
El oriente es una imagen del día que comienza...
Así al par que el sol se eleva,
nuestras plegarias se elevan hacia la salida del sol, hacia Oriente.
De la misma manera los antiguos templos paganos miraban hacia Occidente,
para que la gente tuviera que volverse hacia Oriente al mirar sus estatuas [37] .
# Sin embargo, las razones de orar en esta dirección están explicadas con firmeza, contundencia y claridad en Orígenes (+ 255c.) [38] . En primer lugar declara que la costumbre fue introducida por Cristo, Sumo Sacerdote y sus apóstoles [39] . En su tratado sobre la oración enseña:
Y ahora, respecto de la parte del mundo hacia la que hay que dirigirse para orar seré breve. Siendo cuatro esas partes... quien negará que hay que señalar claramente el levante, que debemos orar dándonos la vuelta simbólicamente hacia esa dirección, mirando con el alma, en cierto modo, la salida de la verdadera luz [40] .
El alejandrino enseña que la oración ha ser realizada mirando a Oriente para simbolizar que el alma está levantada hacia el nacimiento de la luz verdadera [41] . Aún en casa se debe orar en esta dirección [42] .
# El texto siríaco Didascalia Apostolorum dando pautas sobre el desarrollo de la celebración litúrgica explicita:
Los presbíteros se sentarán con los obispos en la parte de la casa que da al Este , y detrás de ellos los hombres y después las mujeres; así, en pié para orar, los que dirigen estarán primero, después los hombres y detrás las mujeres. Y además, se rezará hacia Oriente, porque sabemos que está escrito: Glorificad a Dios, que asciende sobre los cielos altísimos hacia Oriente (Ps 67, 34) [43] .
Vemos así, en un testimonio del s. III [44] , toda la asamblea litúrgica volviéndose a hacia Oriente para orar. El salmo citado es visto por toda la tradición cristiana como una profecía de la Ascensión de Cristo:
ascendit super caelos caelorum ad orientem [45] .
Cristo asciende hacia Oriente, el lugar donde Yhwh había plantado el Paraíso (Gn 2,8). Un hombre había sido expulsado del Paraíso plantado a Oriente, hacia allí vuelve el nuevo Adán victorioso [46] . Y desde Oriente se espera su segunda venida en gloria. La oración hacia Oriente, además de ser memoria del Paraíso, perdido en Adán y recobrado en Cristo, tiene un profundo significado escatológico.
# Así lo explica también la Didascalia Addai, texto siríaco de mediados del s. IV:
Los apóstoles enseñaron que se debe rezar hacia Oriente, porque “como el rayo brilla desde Oriente hacia occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mt 24, 27). Por eso sabemos y comprendemos que Él aparecerá de repente por Oriente [47] .
La Didascalía acentúa el carácter escatológico de la oración hacia el Este y nos aporta como justificación la cita evangélica de Mateo.
# Hay que tener en cuenta, asimismo, el simbolismo que el gesto entrañaba desde el inicio del camino catecumenal, cuando vuelto hacia el Señor se había renunciado a Satanás y sus implicaciones mundanas [48] . A la renuncia a Satanás o apotaxis, corresponde la adhesión a Cristo o syntaxis. Las Catequesis de Jerusalem expresan como la profesión de fe cara a Oriente es la contrapartida de la abjuración pronunciada mirando a Occidente:
Cuando hayas renunciado a Satán y roto el antiguo pacto con el hades, entonces se abrirá ante ti el Paraíso de Dios: el mismo que El plantó en Oriente y de donde fue arrojado nuestro primer padre a causa de su desobediencia. Y tú, para simbolizar esto, te vuelves de Occidente a Oriente, que es la región de la luz [49] .
La relación entre Oriente y Cristo era tan estrecha que Ambrosio, hablando del movimiento del neófito de Oeste a Este, simplemente dirá:
Quien renuncia al diablo se vuelve a Cristo y le mira a la cara [50] .
Convertere ad Dominum, en cada oración privada o litúrgica, expresaba ritualmente lo que implica actuar en la vida ordinaria como cristiano; en otras palabras: la dimensión moral de la liturgia. Volverse de Occidente a Oriente cada día significa renovar conscientemente la adhesión bautismal al Señor.
# En la breve descripción litúrgica del segundo libro de las Constituciones Apostólicas, que hemos citado anteriormente, se indica que hay que ponerse de pie para rezar y volverse hacia el Oriente [51] . Es más, el libro octavo nos transmite la monición diaconal que lo indicaba:
¡Poneos de pie hacia el Señor...! [52] .
Como se ve, aquí hay un paralelismo entre el hecho de mirar hacia el Oriente y el de volverse hacia el Señor . Podemos afirmar sin paliativos que conversi ad Dominum y rezar Orientem versus, para la Iglesia primitiva, era una misma y sola cosa.
Joseph Dölger, en su obra fundamental Sol Salutis (1920), afirma estar convencido de que la respuesta de la asamblea “Habemus ad Dominum “ (Los tenemos hacia el Señor ) a la invitación sacerdotal “Sursum torda” ( ¡Elevemos los corazones! ), significaba que se todos volvían hacia el Oriente, hacia el Señor [53] . Lo mismo opina R. F. Taft en su estudio sobre el diálogo anafórico identificando Oriente con la persona del Señor [54] .
# Los escritos de san Agustín, muestran que después de la homilía, los cristianos se levantaban para la oración volviéndose hacia Oriente con una fórmula bien significativa Conversi ad Dominum ... [55] . Con esta expresión concluyen una cincuentena de sermones auténticos del hiponense [56] , hallándose las mismas menciones en otros escritos agustinianos [57] . Afirma Vogel que el participio <conversi> , en el vocabulario agustiniano, significa < vueltos hacia el Este > , conforme a la semántica del verbo < convertere > que, de sde Vitrubio a W . Strabon, impli ca un mov i m i ent o hacia el O rie nt e [58] . Nos es muy útil , por lo tanto, tener presente la certeza de que en Hipona como en otras muchas Iglesias se oraba vueltos hacia Oriente [59] . En efecto, el testimonio del hiponense es concluyente:
C um ad orationem stamus, ad Orientem convertimur ... id est ad Deum [60] .
Por lo tanto, los fieles, después del sermón, se levantaban de sus asientos para la plegaria volviéndose hacia el Oriente. Este gesto ( lex orandi) recuerda el gesto que todo cristiano había hecho al recibir su bautismo, al expresar su conversión renunciando a Satanás y volviéndose a Cristo Jesús [61] ; que debe “orientar” toda su vida ( lex agendi ) [62] .
# En Paulino de Nola encontramos la descripción de la basílica, dispuesta normalmente para que la celebración cristiana se desarrolle hacia Oriente:
ut usitatur mos est, orientem spectat [63] .
En ella se reúnen los fieles
post sacerdotem orantes [64] .
# Esta teología patrística ha llenado todo el primer milenio en la Iglesia indivisa, se ha mantenido en las Iglesias orientales y desplegó su fuerza entre los latinos al inicio del segundo. De hecho, no faltarán testimonios durante el Medievo. Por ello, en plena Escolástica encontramos la explicación de Sto. Tomás que resume el sentir del primer milenio. El Aquinate al tratar sobre la dirección de la oración presenta tres razones, la primera de orden creacional -para mostrar la majestad de Dios, que nos manifiesta por el movimiento de los astros que todo parte desde el Este-, la segunda de orden bíblico –el Paraíso estaba situado al Este y ansiamos retornar a él- y, la última de orden cristológico:
Tertio, propter Christum qui est lux mundi [65] et Oriens nominatur [66] et qui ascendit super caelum caeli ad orientem [67] ; et ab oriente et paret usque ad occidentem, ita erit adventus Filii hominis [68] .
3. Una tradición apostólica
Hemos visto como los testimonios presentan la oración hacia Oriente como memoria del Paraíso y con un hondo significado escatológico. Pero lo hacen con tanta insistencia no sólo por su importancia simbólica sino por reputarse un gesto de Tradición apostólica [69] . Así lo explicaba la Didascalia Addai, el antiguo texto siríaco que citábamos más arriba:
Los apóstoles enseñaron que se debe rezar hacia Oriente... [70] .
Es una enseñanza constante:
Cuando oramos lo hacemos hacia Oriente...
La Iglesia ha recibido de los apóstoles la tradición de orar
y el hacia donde hacerlo [71] .
Orígenes ya había afirmado que la tradición, introducida por Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, fue difundida por los apóstoles [72] . Y san Basilio, hablando del domingo, reitera el testimonio de esta práctica de los cristianos dándole un sentido teológico-litúrgico ya que tiene una importancia muy grande para el misterio . El anhelo del Paraíso, recobrado por la Pascua de Cristo, hace que oremos en pié volviéndonos hacia Oriente, aunque tal prescripción sea una tradición no escrita que no aparece en la Escritura:
Entre las doctrinas y enseñanzas de la Iglesia, unas están escritas, otras se han transmitido por la tradición apostólica... Los apóstoles y los Padres custodiaron los misterios en el silencio y el secreto... Así n os volvemos hacia Oriente para orar. Pero pocos saben que con ello buscamos nuestra antigua patria, el Paraíso que Dios plantó en Edén al Oriente. Y oramos en pie, el primer día de la semana... no únicamente porque, resucitados con Cristo buscamos las cosas de allá arriba, y así recordamos, estando en píe, la gracia que nos ha sido dada, sino porque ese día es ya imagen de la eternidad futura [73] .
Pero será la hermosa catequesis de san Juan Damasceno (+750) la que aporte diversas claves: Comienza en clave teológica y cósmica; subraya la prefiguración típica veterotestamentaria; tiene su centralidad en Cristo cuyo Misterio Pascual determinó las claves del occidente –muerte – y oriente – exaltación y parusía-; y así, hasta su manifestación, la oración hacia Oriente alienta la esperanza de la Iglesia. Así lo transmitieron los apóstoles.
No es por casualidad que oramos mirando hacia Oriente (...). Porque Dios es Luz [74] y en la Escritura es llamado Sol de justicia [75] y también Oriente [76] , para darle culto nos volvemos hacia Oriente (...). El bienaventurado David también dice: “Cantad a Dios, todos los reinos de la tierra; alabad al Señor que cabalga sobre los cielos altísimos hacia Oriente” [77] . Es más añade la Escritura: “Dios plantó un jardín en Edén, al Oriente y allí colocó al hombre que había modelado” [78] ; y cuando desobedeció su mandato lo expulsó y le hizo morar fuera del Paraíso, hacia occidente. Y así buscando la antigua patria y tendiendo hacia ella, damos culto a Dios. También la tienda de Moisés tenía el propiciatorio mirando a Oriente. La tribu de Judá, porque era la más insigne acampaba hacia Oriente [79] . En el templo de Salomón la puerta del Señor miraba a Oriente [80] . Por fin, el Señor en la cruz, miraba hacia occidente, y así nosotros nos postramos volviéndonos hacia El. En su Ascensión a los cielos fue levantado hacia Oriente, y así fue adorado por sus apóstoles, y así vendrá, en el modo como le vieron ascender al Cielo [81] , como el mismo Señor dijo: “Como el rayo que brilla desde Oriente hasta el ocaso, así será el regreso del Hijo del Hombre” [82] . Esperándole, nos postramos hacia Oriente. Se trata de una tradición no escrita, que viene de los apóstoles. Y así ha sido entregada a nosotros [83] .
Hemos visto que Orígenes justifica la antigua costumbre de orar hacia Oriente, hacia la salida del sol, como recibida de Cristo y sus apóstoles. La Didascalía Addai repite el argumento apostólico. Basilio la califica de tradición no escrita. El Damasceno sintetizará definiéndola como tradición apostólica no escrita. Y así se reiterará en la vida de la Iglesia: la fuerza de su observancia le viene por ser práctica y enseñanza del mismo Cristo. En el s. VIII el patriarca nestoriano siarico-oriental, Timoteo I (+ 823), en una apología cristiana contra los musulmanes, defiende la orientación en la liturgia ante el califa Mahdi. También, en el s. IX, encontramos como la tradición siríaco-occidental, monofisita, enumera la oración hacia el Este como uno de los sacramentos o misterios de la Iglesia [84] .
4. La celebración en las iglesias orientadas
El criterio de la orientación en la oración ha condicionado, en gran medida, la arquitectura cristiana ( lex orandi / lex aedificandi ) [85] . Coexisten, antes del siglo V, dos tipos de iglesias:
1. iglesias occidentadas o con la entrada hacia el Este (tipo A)
2. iglesias orientadas o con el ábside hacia el sol naciente (tipo B).
A partir del siglo V, en Occidente, la costumbre general será construir iglesias con el ábside hacia Oriente (tipo B) [86] . De igual manera, en Oriente, la disposición del ábside hacia el Este y la entrada hacia el Oeste será la regla general.
· El Bêma
Parece que hacia el s. IV, al desaparecer el ágape de la Eucaristía desaparecen también las mesas de los fieles en la aula celebrativa: los fieles se sentaran en bancos dispuestos a lo largo de los muros de la Iglesia. La mesa del altar, que antes era de madera, se convierte en un altar de piedra [87] . En las antiquísimas iglesias de Siria el obispo se sienta en el medio de la nave, hacia Occidente mirando a Oriente, en el ámbito denominado Bêma, y que proviene de la disposición sinagogal [88] . El obispo con su clero celebra la Liturgia de la Palabra en el ámbito coral o Bêma, y avanza hacia el santuario donde está el altar para la Plegaria Eucarística [89] . Toda la asamblea celebra así hacia Oriente: el pueblo en las naves que circundan el Bêma, ministros en el mismo y los sacerdotes en el santuario [90] .
· Los cancelli
También en Occidente el espacio sagrado se delimita por un cancel separando el presbiterio ( sancta sanctorum ) del chorus [91] y de la nave ( quadratum populi ) [92] .
Esta triple disposición de la eklesia será asimismo la de la antigua Iglesia en España como pone de manifiesto el concilio toledano IV:
...et tunc demum corporis et sanguinis Domini sacramentum summatur,
eo videlicet ordine,
ut sacerdos et levita ante altare communicent,
in choro clerus,
extra chorum populus [93] .
Idéntica distribución aparece en el Antifonario de León al presentar el canto en la asamblea litúrgica :
Canebant in templo triplici coris sacris.
Unusque canebat,
alter uero subpsalmabat,
tertiusque gloria laudabat trinum deum...
Corus ad aram,
corus in pulpitum stabat,
corusque in templo resonabat suabiter [94] .
En la era dorada visigoda, Isidoro de Sevilla (+ 636) tratando de la Liturgia de la Palabra, y en la colación del ministerio que la hace posible, se expresa en los siguientes términos:
...episcopus uerbum facit ad populum, deinde coram plebe tradit ei codicem apicum diuinorum ad dei uerbum adnuntiandum [95] .
Y en su tratado sobre la celebración, De ecclesiasticis officiis, al comenzar la descripción del septenario de oraciones quibus oblata deo sacrificia consecrantur , establece una interesante comparación:
Prima earundem oratio ammonitionis est erga populum
ut excitentur ad exorandum deum.
Secunda inuocationis ad deum est
ut clementer suscipiat preces fidelium oblationemque eorum [96] .
La expresión isidoriana invocationis ad Deum de la oración segunda –de las siete que estructuran la Misa hispana- se contrapone a la expresión erga populum. Este paralelismo antitético podría expresar, en el ámbito visigodo, la permanencia de la expresión agustiniana Conversi ad Dominum :
Cum ad orationem stamus, ad Orientem convertimur…
sed ut admoneatur animus ad naturam excellentiorem se convertere,
id est ad Deum [97] .
El hispalense no sólo testimoniaría la oración hacia el Sol que nace de lo alto (Lc 1,78) [98] sino que ofrece un matiz a la hora de construir los edificios en los que se desarrollaba la celebración:
Sed et locus designatus ad orientem a contemplatione templum dicebatur... Vnde et quando templum construebant, orientem spectabant aequinoctialem, ita ut lineae ab ortu ad occidentem missae fierent partes caeli dextra sinistra aequales; ut qui consulerent atque precaretur rectum aspiceret orientem [99] .
E incluso manifiesta que los misterios están ocultos excepto para aquellos que ejercen el ministerio diaconal:
...levitae operiunt arcam testamenti. Non enim omnes uident alta mysteriorum quae operiuntur a leuitis, ne uideant qui uidere non debent et sumant qui seruare non possunt [100] .
· La cathedra
Por lo que respecta al Rito papal, el Ordo Romanus I, la primera descripción que poseemos de la celebración pontificia en la Urbe, es claro al respecto:
Et surgens pontifex... et accedit ad sedem et stat versus orientem [101] .
El Pontífice presidía la asamblea desde su cátedra, al fondo del ábside, pero para orar se volvía hacia Oriente:
Quando vero finirent (Kyrie eleison),
dirigens se pontifex contra populum incipit: Gloria in excelsis Deo .
Et statim regerat se ad orientem usquedum finiatur.
Post hoc dirigens se iterum ad populum dicens: Pax vobis ,
et regerans se ad orientem dicit: Oremus et sequitur oratio.
Post finitam sedit [102] .
El presidente de la celebración y la asamblea están vueltos hacia Oriente en los momentos de oración, concretamente las oraciones presidenciales, la oratio fidelium y la plegaría anafórica. Y esto independientemente del lugar de la cátedra o de la sede (según sean iglesias del tipo A o B).
Hemos de tener en cuenta, además, que en las mismas basílicas romanas, la sede papal no era ocupada por otro celebrante. El obispo invitado ocupaba otra cátedra in dextro latere altaris. Así lo confirma el OR II contemporáneo del anterior [103] . Esta disposición parece haber sido la regla en los países francos donde los Ordines suponen que el edificio sagrado está orientado con el ábside hacia el Este (tipo B) [104] . El Ordo Romanus V, que recoge el OR I con las adaptaciones francas, sitúa la sede del celebrante dextro latere altaris [105] .
Amalario de Metz (+ 851) expresa con claridad que el celebrante tiene su sede situada a la derecha del altar y ora hacia Oriente:
Episcopus statim postquam adoraverit sancta,
pergit ad dexteram altaris, et
stat rectus versus ad Orientem;
[...] Stat versus ad Orientem, quia,
ut ipse indicat, non quaerebat voluntatem suam facere,
sed ejus qui illum misit,
sicut scriptum est:
Quia descendit de coelo,
non ut faciat voluntatem suam
(Joan. VI) , et reliqua [106] .
Pero se vuelve siempre a la comunidad en los saludos y cuando se dirige a ella:
Quando dicimus:
Pax vobiscum sive Dominus vobiscum…
Ad populum sumus versi, quos salutamos eis faciem praesentamus…
Deinde revertitur episcopus ad orientem et dicit: Oremus [107] .
· El velum
En Occidente no era inusual que en los canceles que rodeaban santuarium se colocasen cortinas ( vela ) [108] . En Oriente [109] , y bajo el imperio de Justiniano (+565), de los cancelli primitivos se pasa al iconostasio [110] . De hecho, el iconostasio bizantino no es otra cosa que una extensión de estas antiguas barreras del coro ( cancelli ) . Así, en el sacramentario de Angulema (hacia el 800), al final de las fórmulas de la dedicación de una iglesia, encontramos la siguiente rúbrica:
Después se recubren los altares (con los manteles)
y se cuelgan las cortinas del templo ( vela templi ) [111] .
En el sacramentario de Drogon, obispo de Metz (855), se habla de un “velum “ suspendido entre la nave y el altar (ínter aedem et altare) [112] . En los usos de Sarum el velo todavía se usaba pero únicamente durante la Cuaresma [113] . Según el testimonio de Durando de Mende, estas cortinas se utilizaron, desde muy antiguo [114] , en los diversos Ritos de Occidente [115] hasta bien entrada la Edad Media [116] .
Mientras que en las iglesias pequeñas los altares estaban adosados al muro del ábside, en las grandes también podían estar erigidos en medio del santuario. No era extraño encontrar la mesa del Señor custodiada por un baldaquín precioso sostenido por cuatro columnas [117] . Muchas veces, éste ostentaba una representación del Espíritu Santo, a manera de una constante epíclesis katabática desde el mismo lugar donde se elevaba anabáticamente la solemne oración de la Iglesia [118] . En el mismo baldaquino se fijaban cortinas en los cuatro lados ( tetravela ) [119] .
A pesar de las diversas mutaciones históricas, ha regido en la arquitectura religiosa medieval la ley de la orientación [120] . De ello dan testimonio Walafrido Strabon (+849), Honorio de Autun (1150 c.) [121] , Sicardo de Cremona (+1215) [122] y Durando de Mende (+ 1296). Este autor, dependiendo de la orientación o no de la iglesia, manifiesta en su Rationale el doble uso medieval (tipos A y B) [123] y distingue entre los dos tipos de iglesias: Si el altar y ábside están orientados, el sacerdote debe darse la vuelta para saludar a la asamblea litúrgica. En cambio, si están mirando a Occidente entonces ya el sacerdote está vuelto hacia el pueblo, tras el altar, para poder orar mirando a Oriente, y entonces, obviamente, no cambia de posición para los saludos:
Sacerdos in altari et in divinis officiis debet… versus Orientem orare. Unde in ecclesiis ostium ab occidente habentibus, misma celebrans in salutatione ad populum se verter, quia quos salutamus facie ad faciem praesentamus… In ecclesiis vero ostia ab Oriente habentibus, ut Romae, nulla est in salutatione necesaria conversio: sacerdos in illis celebrans semper ad populum stat conversus [124] .
En el Misal de Pío V, denominado tridentino (1570), encontramos la expresión versus populum en el Ritus servandus in celebratione Missae. Efectivamente, en la sección V, 3 (= Rúbricas Generales del Misal XVII, 6) se trata del caso en el que el altar esté orientado no hacia el ábside sino hacia la nave donde está el pueblo de Dios ( altare sit ad orientem, versus populum ), como sucede en algunas de las antiguas basílicas de Roma. En ese caso, al saludo Dominus vobiscum el celebrante no tiene que volverse para saludar a la asamblea ( non vertit humeros ad altare ) pues ya está ante el pueblo a quien saluda. Notemos que el acento se pone en que el altar está ad Orientem , mientras que versus populum no es más que una indicación para afirmar que no precisa girarse para el diálogo celebrativo.
5. La cruz gloriosa: el signo del Hijo del Hombre
En el ábside de las iglesias, donde se encontraba el trono del obispo y el banco de los presbíteros, en su parte superior no se representó hasta el siglo V más que el signo de la cruz, como atestigua Nilo de Ancira (+ 430) [125] . Esta cruz indicaba la dirección de la oración [126] . En el mismo siglo V, San Paulino de Nola (+431), que indica que lo habitual (usitatior) es el ábside orientado, canta la gloria de la cruz ricamente ornada de piedras preciosas ( crux gemmata ) [127] . Esta cruz, siempre luminosa, es presencia del triunfo de Cristo, una crux victoriae [128] .
La cruz orientada era para la Iglesia el signo escatológico por excelencia, tanto en las casas como en los lugares de culto. Era creencia unánime identificar el signo del Señor, la cruz, con su vuelta definitiva. Así lo han demostrado ampliamente Peterson [129] y Vogel [130] . La convicción de que la misterio de la cruz se desvelará en la Parusía no se contiene sólo en los antiguos escritos [131] , lo seguimos confesando hoy cuando cantamos en el Oficio Divino [132] :
Hoc signum Crucis erit in caelo...
Cum Dominus ad judicandum venerit.
La misma cruz representada en oro, sobre un fondo estrellado, brillará en el cielo como signo precursor del Juicio. De esta manera se interpretó el testimonio del Señor: Entonces aparecerá en el cielo “la señal” del Hijo del Hombre y todos los pueblos se golpearan el pecho al ver al Hijo del Hombre venir con poder y gloria sobre las nubes del cielo (Mt 24,30). Con este signum serán marcados los que han creído en el día de su venida, como da a entender el vidente de Patmos: Vi otro ángel que subía desde Oriente llevando el sello del Dios vivo (Ap 7,2).
La cruz que señalaba la dirección hacia el Este tenía una estrecha relación con la señal del Hijo del Hombre [133] . De este modo, como la oración hacia Oriente está motivada por el hecho de que los antiguos cristianos esperaban la segunda venida del Señor por Oriente, así la cruz, que indica la orientación de la oración, no hacía el oficio de simple signo indicativo, sino que era expresión del pensamiento escatológico del cristianismo primitivo. Práctica que puede remontar hasta el siglo II, como puso de manifiesto Peterson y completó luego Vogel [134] .
Rezar hacia la cruz orientada era dirigirse hacia el Señor que viene [135] . No parece, pues, que se pusiera en cuestión el hecho de que el sacerdote celebrante debiera dirigirse, durante la ofrenda del sacrificio, hacia el Oriente, hacia la cruz y la representación de Cristo transfigurado, y no hacia los fieles que asistían a la celebración [136] . Esto era lo habitual ya desde las antiguas iglesias siríacas (tipo B), aunque también se encuentran, sobre todo en Roma y en África del Norte, otras basílicas occidentadas, es decir, que tienen su entrada al Este (tipo A) [137] .
Sobre estas iglesias, con el ábside hacia Occidente, la hipótesis que los autores mantienen es doble: Se oraba hacia el Sol levante, el oriente cósmico, o bien, la cruz gloriosa señala la dirección de la oración creando así un oriente litúrgico [138] . En el primer caso, al estar los fieles en las naves laterales, teniendo el altar a su derecha o izquierda, formaban un semicírculo abierto al Oriente, en cuya parte más alta se situaba el celebrante y sus ministros [139] . Es decir, miraban en dirección a las puertas abiertas de la basílica, por donde entraba la luz del sol naciente, símbolo de Cristo resucitado que vuelve [140] . En el segundo caso, todos se volvían hacia la cruz para orar aunque la cruz no marcase el Oriente cósmico, pero identificaba ya la dirección de la oración hacia el Señor, ad Dominum [141] .
6. Apuntes para una historia reciente: la renovación conciliar
H asta el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha conservado la costumbre, reputada como apostólica, de rezar hacia Oriente [142] . Su Constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium no toca el tema de la celebración en el altar versus populum [143] . De hecho, únicamente en la Europa germánica de los años veinte se había planteado el argumento: en algunas celebraciones con movimientos juveniles ( Jugendbewegung ) se había comenzado a mudar la posición del presbítero en el altar [144] . Algunas facciones del Movimiento Litúrgico vieron con buenos ojos estas iniciativas [145] , pero no sucedía lo mismo en ambientes ecuménicos y concretamente en el mundo ortodoxo [146] .
El primer documento que inicia la renovación deseada por el Concilio es la Instrucción Inter Oecumenici (1964) [147] . La mención del altar no se encuentra en el cap. II, donde se encuentran los cambios en el Ordo Missae, sino en el cap. V que trata de las principios sobre la erección de iglesias y altares [148] . Allí, para las nuevas construcciones, se prescribe:
Conviene construir el altar mayor separado del muro de modo que sea posible rodearlo fácilmente y se pueda celebrar cara al pueblo; y se colocará en el edificio sagrado de forma que sea verdaderamente el centro hacia el cual se vuelva espontáneamente la atención de la asamblea de fieles (n° 91).
Observamos que se presenta la celebración coram populo sin prescribirla. De hecho, dos años más tarde, el cardenal G. Lercaro, presidente del Consilium, envía una carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales donde exhorta prudencia a la hora de llevar a cabo la renovación litúrgica. En ella, subrayando la importancia de la participación viva de la asamblea en la celebración señala que no es indispensable para ello que el altar esté versus populum [149] .
En 1970, la publicación del Missale Romanum de Pablo VI [150] , parece presuponer la común dirección orante tanto del presidente como de la asamblea. El Ordo Missae, en efecto, prescribe que el presidente debe volverse a la comunidad en el Orate fratres, en el saludo Pax Domini, en la monición Ecce Agnus Dei para la mostración, y en la conclusión de la celebración [151] . Todo indica que el resto se hace ad altare versus [152] . La misma lectura se puede hacer de la Institutio Generalis [153] . En la práctica, sin embargo, la costumbre de una celebración hacia el pueblo ha ido ganando terreno durante la aplicación de los decretos conciliares. Quizá tres razones han contribuido al cambio de posición:
1. La fidelidad a lo que se pensaba que era la práctica de la Iglesia primitiva.
2. La superación de una manera decadente de celebrar ( de espaldas y en voz baja) y
3. El fomentar la participación activa del pueblo.
Principios laudables que, sin embargo, no han logrado impedir algunos problemas pastorales que la han convertido, a veces y en algunos ámbitos, en una cuestión candente [154] . La importancia y actualidad del tema provocó un interesante editorial de la revista Notitiae , el órgano oficial de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos [155] .
Tres años más tarde, la Santa Sede publica una Instrucción para aplicar las prescripciones litúrgicas del Código a las Iglesias Orientales [156] . El tema de la orientación en la celebración viene ampliamente tratado. A la hora de aplicar la Renovación litúrgica a las Iglesias Orientales la celebración y oración Orientem versus se ha retomado desde la perspectiva de la autenticidad espiritual y de la fidelidad a la propia tradición. Ante posibles corrientes latinizantes s e ha querido mantener la costumbre de la Iglesia indivisa que se denomina “tradición común” [157] .
Las diversas reflexiones, en el campo teológico, especialmente de Bouyer, Gamber, Thurian y Ratzinger, con sus contestaciones, se han multiplicado en los últimos años [158] . Han sido estudios dedicados a pensar el contenido y las formas de la liturgia con afirmaciones que han sido incisivas y decisivas, hasta resultar polémicas. Olegario Glez de Cardenal afirma de las tesis de Ratzinger que algunas de ellas necesitarán una investigación histórica y una reflexión sistemática ulteriores. Sin embargo, siempre ha puesto los problemas de fondo en la luz que necesitan.
La tercera edición del Misal Romano, aprobada por Juan Pablo II el 10 de abril de 2000 y publicada en la primavera del 2002 [159] mantiene las mismas rúbricas sobre la cuestión que nos concierne [160] . En lo que se refiere al altar, la IGMR dice:
Altare exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circummiri et in eo celebrari versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile est [161] .
El texto, ya bien conocido, se presenta con un añadido: quod expedit ubicumque possibile est [162] . La primera traducción publicada en español, del Secretariado para la Liturgia de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos de América, dice así :
Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda hacer de cara al pueblo. Conviene hacer esto siempre que sea posible [163] .
La versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, de este n. 299, traduce de la siguiente manera:
El altar se ha de construir separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y celebrar de cara al pueblo, que es lo mejor, donde sea posible.
Ante la consulta del cardenal Schönborn la Congregación para el Culto Divino respondió dando una interpretación auténtica sobre la orientación en la celebración [164] .
Antes de nada, se debe tener presente que la palabra “expedit” no constituye una forma obligatoria, sino una sugerencia que se refiere tanto a la construcción del altar separado de la pared, como a la celebración cara al pueblo. La cláusula “ubi possibile sit” se refiere a diversos elementos, como por ejemplo, la topografía del lugar, la disponibilidad de espacio, la existencia de un altar precedente de valor artístico, la sensibilidad de la comunidad que participa en la celebración en la iglesia de que se trata, etc. Se resalta que la posición hacia la asamblea parece más conveniente en cuanto hace más fácil la comunicación, aunque sin excluir la otra posibilidad.
Según la mente de la Congregación la palabra expedit (deseable) no expresa una obligación, sino un consejo. La redacción de la IGMR ( possit - possibile ) indica claramente la aceptación de ambas formas de celebración ( ad altare / versus populum ). Pero la respuesta oficial subraya más el aspecto espiritual que la orientación física. Cuando el sacerdote celebra versus populum debe ser siempre versus Deus per Iesum Christum. Toda celebración cristiana expresa el dinamismo trinititario: al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. Lo afirma sin ambajes la respuesta del Dicasterio:
Aunque el sacerdote celebre cara al pueblo, lo cual es legítimo y a menudo aconsejable, su actitud principal debe ser siempre hacia Dios por Jesucristo, como representante de la Iglesia entera.
De la ekklesia convocada para la celebración se dice:
También la Iglesia, que toma forma concreta en la asamblea que participa, está toda ella dirigida hacia Dios como primer movimiento espiritual.
Con todo, aunque la celebración “cara la pueblo” nunca ha sido prescrita por la normativa eclesial, en la práctica y en la conciencia del pueblo de Dios esto ha favorecido no poco a la participación activa, consciente y fructuosa que tanto deseó el Concilio. De igual manera, la aceptación de ambas manera de celebrar no favorece menos la comprensión del altar cara al pueblo desde la teología del signo sacramental [165] .
7. Algunas conclusiones a manera de corolario
La reciente bibliografía, tan abundante, muestra como estamos ante un tema actual que se aborda con profundidad e interés científico [166] . Una lectura pausada de estos autores puede ayudar a replantear un debate tranquilo sin las clásicas etiquetas o soliciones fáciles o superficiales. Pastoralmente no viene mal recordar la recomendación aparecida hace tan solo unos meses sobre el tema: Dado que los ritos, signos, símbolos y palabras no pueden nunca agotar la realidad última del misterio de la salvación, se han de evitar posturas unilaterales y absolutas al respecto [167] .
Podríamos concluir con el resumen de algunas aserciones:
Los cristianos desde muy antiguo han rezado también hacia el sol naciente, es decir hacia el Este. Se ha desechado, así, la costumbre judía de orar hacia la Presencia del Señor en Jerusalém, por la certeza de que la presencia del Señor de la vida nos traería otra Jerusalém, la del cielo. Volverse hacia Oriente, por ello, ha sido una profesión de fe y de esperanza en la gloria que el Señor nos ha granjeado con su Cruz, el árbol de la vida, prefigurado en el árbol del Paraíso plantado a Oriente.
Se ha estudiado la relación estrecha que existe entre la oración hacia Oriente y la oración hacia la Cruz [168] . De hecho, el Evangelio de Mateo afirma que el Hijo del Hombre volverá como el rayo que brilla desde Oriente (24, 27), y que su venida en gloria y majestad estará precedida de la aparición de su señal sobre los cielos (Mt 24, 30). De la misma manera, no han pasado desapercibidas las implicaciones que esa doble perspectiva teológico-espiritual han ejercido sobre la celebración de la Eucaristía [169] .
Todo ello ha llevado a afirmar, razonablemente, que la oración hacia Oriente ha determinado la posición del sacerdote en el altar. Y, con las diversas excepciones y por diferentes causas, se ha concluido que el celebrante ha presidido en la Antigüedad la liturgia situándose al frente de la comunidad orante, mirando hacia el ábside orientado o hacia la cruz. Se puede pensar que cuando hubo dificultades de espacio o de otro género, el ábside idealmente representaba el oriente. Tal es la seguridad de los argumentos que han llevado a L. Bouyer a afirmar que u na celebración donde sacerdotes y fieles estuviesen cara a cara sería la última cosa en la que los antiguos hubieran pensado [170] .
La concepción cósmica de la salvación que llega como “Luz que nace de lo alto” (Lc 1, 78), ha inspirado la costumbre, que los antiguos han considerado de tradición apostólica de la orientación hacia el Este de los edificios cristianos y la posición del altar, con la finalidad de celebrar la Eucaristía hacia el Señor , como sucede actualmente entre los orientales.
Esta disposición tras el sacerdote celebrante aportaba un elemento dinámico, como si el Pueblo de Dios avanzase en procesión hacia la Tierra Prometida. La orientación indicaba la finalidad de la procesión: el Paraíso perdido situado a Oriente (cf. Gen 2,8). El pueblo tiene acceso al auténtico fruto del árbol de la vida porque Cristo mismo que se nos ha dado en el árbol de la cruz para la vida del mundo. Por eso se identifica el lugar hacia el que se debe orar con el signo de la cruz [171] .
No se trata, como frecuentemente se dice, de presidir la celebración dando la espalda al pueblo , sino de guiar al pueblo en el peregrinaje hacia el Reino, invocando en la oración hasta el retorno del Señor. Con la orientación se ha subrayado el sentido escatológico de la celebración. Se estaba indicando que Cristo viene a nuestra celebración de la misma manera que después de su resurrección se manifestó varias veces a sus discípulos en el curso de una cena (cf. Lc 24,36-49; Jn 21; Act 1,4). Y a la vez esta oración orientada ad Dominum expresaba la espera del Señor qui fertur super caelum caeli ad orientem (Sal 67,34), y desde volverá [172] (Act 1,11), en gloria y majestad [173] (Mt 24,30;25,31; Lc 9,26;9,31).
La doble mesa que es la Misa (liturgia de la Palabra / liturgia de la Eucaristía) anima a valorar en su justeza los tres polos de la celebración: sede, ámbito de la presidencia; ambón, desde donde toda la comunidad presidida se siente convocada y reunida por la Palabra; y altar, desde donde la Plegaria Eucarística puede elevarse hacia el Señor ( ad orientem = ad Dominum ).
O rar hacia Oriente, es vivir esperando el gran Día del que viene in claritate de coelis. Volvernos ad Dominum es celebrar a Cristo, nuestra vida, en prenda y esperanza. Y desde esta certeza podemos decir a la Iglesia, germen de la Nueva Jerusalén, lo que anunció el profeta:
Jerusalén, mira hacia Oriente
y contempla la alegría que te viene desde Dios (Bar 4, 36).
APENDICE:
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- Arnau-García, R., Leyendo al cardenal Ratzinger. Nota sobre “El espíritu de la liturgia. Una introducción”, Anales Valentinos 54 (2001) 399-407.
- Romero Pose, E., Presentación del libro de J. Ratzinger: El espíritu de la liturgia. Una introducción, Teología y Catequesis 81 (2002) 91-104
- Gerhards , A., Versus orientem - versus populum. Zum gegenwärtigen Diskussionsstand einer alten Streitfrage , ThRv 98 (2 00 2) 15-22.
- Harbert, B., Paradise and the Liturgy, New Blackfriars 83 (2002) 30-41.
- Aldazabal, J., Ratzinger, invitación a un examen, Phase 247 (2002) 55-76.
- Farnés, P., Una obra sobre liturgia que debe leerse en verdadero contexto , Phase 247 (2002) 55-76.
- Ratzinger, J., Respuesta del Cardenal Joseph Ratzinger a Pere Farnés , Phase 252 (2002) 509-514.
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B. Respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (2000) [174] .
Prot. Nº 2036/00/L
Cuestión
Se ha preguntado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos si el enunciado del nº 299 de la Institución General del Misal Romano constituye una norma según la cual, durante la liturgia eucarística, la posición del sacerdote hacia el ábside haya de considerarse excluida.
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, habiendo examinado con madurez y teniendo en cuenta los precedentes litúrgicos, responde:
Negativo y según la mente.
La mente comprende diversos elementos que hay que tener en cuenta.
Antes de nada, se debe tener presente que la palabra expedit no constituye una forma obligatoria, sino una sugerencia que se refiere tanto a la construcción del altar separado de la pared , como a la celebración cara al pueblo. La cláusula ubi possibile sit se refiere a diversos elementos, como por ejemplo, la topografía del lugar, la disponibilidad de espacio, la existencia de un altar precedente de valor artístico, la sensibilidad de la comunidad que participa en la celebración en la iglesia de que se trata, etc. Se resalta que la posición hacia la asamblea parece más conveniente en cuanto hace más fácil la comunicación (cf. Editorial de Notitiae 29 [1993] 245-249), aunque sin excluir la otra posibilidad.
Sin embargo, cualquiera que sea la posición del sacerdote celebrante, está claro que el Sacrificio Eucarístico se ofrece a Dios uno y trino, y que el sacerdote principal, Sumo y eterno, es Jesucristo, que obra a través del ministerio del sacerdote que preside visiblemente como Su instrumento. La asamblea litúrgica participa en la celebración en virtud del sacerdocio común de los fieles, que tiene necesidad del ministerio del sacerdote ordenado para que se pueda realizar la Sinaxis Eucarística. Se debe distinguir la posición física , relativa especialmente a la comunicación entre los diversos miembros de la asamblea y la orientación espiritual e interior de todos. Sería un grave error imaginar que la orientación principal de la acción sacrificial sea la comunidad. Aunque el sacerdote celebre cara al pueblo, lo cual es legítimo y a menudo aconsejable, su actitud principal debe ser siempre hacia Dios por Jesucristo , como representante de la Iglesia entera. También la Iglesia, que toma forma concreta en la asamblea que participa, está toda ella dirigida hacia Dios como primer movimiento espiritual.
A lo que parece, la tradición antigua, aunque no es unánime, era que el celebrante y la comunidad orante se dirigieran hacia oriente , punto del cual viene la luz que es Cristo. No son raras las antiguas iglesias, cuya construcción estaba «orientada» de modo que el sacerdote y el pueblo en el acto de hacer la oración pública se dirigieran hacia oriente .
Se puede pensar que cuando hubo dificultades de espacio o de otro género, el ábside idealmente representaba el oriente. Hoy la expresión hacia oriente significa a menudo hacia el ábside , y cuando se habla de cara al pueblo no se piensa en el occidente, sino hacia la comunidad presente.
En la antigua arquitectura de las iglesias, el puesto del Obispo o del sacerdote celebrante se encontraba en el centro del ábside, y, sentado, desde allí escuchaba la proclamación de las lecturas dirigido hacia la comunidad. Ahora aquel puesto presidencial no está atribuido a la persona humana del Obispo o del presbítero, ni a sus dotes intelectuales y menos aún a su personal santidad, sino a su papel de instrumento del Pontífice invisible que es el Señor Jesús.
Cuando se trata de iglesias antiguas o de gran valor artístico, es necesario, además, tener en cuenta la legislación civil en lo que se refiere a las modificaciones o reestructuraciones. Un altar portátil puede no ser siempre una solución digna.
Sería necesario no dar excesiva importancia a elementos que han sufrido cambios a través de los siglos. Lo que permanecerá siempre es el evento celebrado en la liturgia: lo cual se manifiesta mediante ritos, signos, símbolos y palabras, que expresan diversos aspectos del misterio, sin que lleguen a agotarlo, porque los trascienden. El afirmarse en una posición y absolutizarla podría convertirse en un rechazo de cualquier aspecto de la verdad que merece respecto y acogimiento.
En el Vaticano, 25 de septiembre de 2000.
Jorge A. Card. Medina Estévez Prefecto
Francesco Pio Tamburrino, Secretario
Notas
[1] Un elenco bibliográfico amplio se presenta en Apéndice. En el ámbito español es de obligada lectura la correspondencia entre P. Farnés y el cardenal J. Ratzinger: P. Farnés, Una obra sobre liturgia que debe leerse en verdadero contexto, Phase 247 (2002) 55-76; J. Ratzinger, Respuesta del Cardenal Joseph Ratzinger a Pere Farnés, Phase 252 (2002) 509-514.
[2] Cfr. Notitiae 29 (1993).
[3] En el mismo año aparece en Notitiae 32 (1996), y para el gran público en L'Osservatore Romano (julio 1996) , un articulo de Max Thurian defendiendo la orientación en la oración cristiana y la celebración.
[4] Se cuestionaba la interpretación del n. 299 de la actual Ordenación General del Misal Romano (IGMR 2002). Cfr. Communicationes 32/2 (2000) 171-173.
[5] Sobre el tema del altar remitimos a: A. Gelin, L'autel dans l'Ancien Testament, LMD 29 (1952) 9-17. El altar en la teología del Nuevo Testamento: J. Schmitt, Petra autem erat Christus (1Co 10,4b), LMD 29 (1952) 18-31. El tema en los Padres: O. Rousseau, Le Chist et l'autel. Notes sur la tradition patristique, LMD 29 (1952) 32-39. Una auténtica mistagogia es presentada por el benedictino: J. Leclercq, Le mystère de l'autel, LMD 29 (1952) 60-70. Diversos estudios aparecen en Notitiae 133.134.135 (1977), LMD 134 (1978), Phase 111 (1979), Spazio e rito. Aspetti costitutivi dei luoghi della celebrazione cristiana, Atti della XXIII Settimana di studio dell'APL, CLV-Liturgiche, Roma 1996. F. Debuyst & alii, L'Altare mistero di presenza, opera dell'arte, Atti del II Convengo liturgico internazionale, Ed. Qijajon, 2005.
[6] Congregación para las Iglesias Orientales , Istruzione per l' applicazione delle prescrizioni liturgiche del Codice dei Canoni delle Chiese Orientali ( = Istruzione): Enchiridion Vaticanum 15: Documenti ufficiali della Santa Sede 1996, ed. E. Lora, Bologna 1999, 88ss. Istruzione n. 102.
[7] Cfr. J. Hani, El simbolismo del templo cristiano, Sophia Perennis, Barcelona 2000. Cfr. IGMR 260. 305s; Ritual de la dedicación de iglesias y altares (1977).
[8] Historia Eclesiástica PG 98, 384 B.
[9] Istruzione n. 103.
[10] Istruzione n. 104.
[11] Istruzione n. 107. Cfr. Hani, El simbolismo..., 41-46: Cap. V, L a orientación ritual .
[12] Istruzione n. 107.
[13] El estudio del tema ha interesado desde el comienzo de la ciencia litúrgica, cfr. J . Thomasius, De ritu veterum christianorum precandi versus orientem, Leipzig 1672. Véase el estudio de J. J. Ayán, La oración en los Padres. A propósito de los tres comentarios prenicenos al Padrenuestro, Teología y Catequesis 85-86 (2003) 9-118; 87-88 (2003) 233-309. Recomendamos la síntesis temática de la oración hacia Oriente en las pp. 288-290.
[14] Zac 6, 12; Cfr. Zac 3, 8. H. Savon , Zacharie, 6,12, et les justifications patristiques de la prière vers l' orient , in V. Saxer (ed.), Ecclesia orans. Mélanges patristiques offerts au Père Adalbert G. Hamman OFM = Augustianum 20 (1980) 319-333.
[15] La Iglesia romana lo canta en las Antífonas Mayores de Adviento: O Oriens (Oficio de Vísperas del 21 de diciembre).
[16] Cfr. Dölger, Sol salutis..., 20-60. Cfr. M. Wallraff , La Preghiera verso l' oriente. Alle origini di un uso liturgico , en: Aa. V.v., L a preghiera nel Tardo Antico. Dalle origini a Sant' Agostino. XXVII Incontro di studiosi dell' antichità cristiana. Roma, 7-9 maggio 1998 (SEA 66). Roma 1999, 463-469.
[17] Cfr. Agustín , C. Fortunatum 3: CSEL 25, 84-85; C. Faustum XIV, 11: CSEL 25, 411-412.
[18] Cfr. E. E. Urbach, The Sages. Their concepts and beliefs, I, Jerusalem 1975, 58-63; F. Manns, La prière d'Israël à l'heure de Jesús, Studium Biblicum Franciscanum [Analecta n. 22], Jerusalem 1986. Especialmente el cap.: Signification eschatolique de la prière, pp. 86ss.
[19] Cfr. J. Daniélou, Theologie du Judéo-Christianisme, Desclée, París 1957, 96. El cardenal Danièlou se pregunta si los esenios no conferían ya un sentido mesiánico a la oración hacia Oriente (Num 24, 17: orietur stella a Jacob ). Para ellos, como después para los judeocristianos, orar versus ad Orientem sería una manifestación de fe en el advenimiento del que vendría a realizar las promesas de la Jerusalén celeste. Cfr. L. Bouyer , Le rite et l'homme , [Lex orandi, 32], Cerf, París 1962, 285, nota 1.
[20] Cfr. Zac 14, 4: Su huella quedará en el Monte de los Olivos, que está al Oriente de Jerusalén.
[21] Cfr. G. Kretschmar, Festkalender und Memorialstätten Jerusalén in altkirchlicher Zeit, Zeitschrift des Deutschen Palästina-Vereins 87 (1971) 201-205.
[22] No se puede descartar que se establezca por una cierta reacción hacia la oración judía hacia el Templo.
[23] O. Nussbaum , Der Standort des Liturgen am christlichen Altar vor dem Jahre 1000. Eine archäologische und liturgiegeschichtliche Untersuchung. [La posición del celebrante en relación con el altar cristiano antes del año 1000. Una investigación arqueológica e histórico-litúrgica] 2 vol., (Theophaneia 18) Hanstein, Bonn 1965.
[24] Cfr. Farnés, Una obra sobre liturgia..., 66.
[25] Nussbaum justifica la celebración versus populum por la disposición de Cristo y sus apóstoles en la Cena : Nussbaum , Der Standort…, 389.
[26] Cfr. Nussbaum , Der Standort…, 373-377; Bouyer, A rchitecture…, 49s.
[27] C. Vogel, L'orientation vers l' Est du célébrant et des fidèles pendant la célébration eucharistique , L' Orient Syrien 9 (1964) 17.
[28] Cfr. Gamber , ¡Vueltos hacia el Señor! , 27.
[29] Cfr. M. Metzger , La place des liturges à l'autel , RevSR 45 (1971) 119.
[30] Esta disposición se encuentra constantemente en las más antiguas representaciones de la Cena de Jesús y permanece hasta el corazón de la Edad Media. Hacia el siglo XIII comenzó a imponerse otro tipo de representación: los pintores colocan a Jesús detrás de la mesa y rodeado de los apóstoles.
[31] Cfr. U. M. L ang, Turning Towards The Lord. Orientation in liturgical prayer, Ignatius, San Francisco 2004 . .
[32] Cfr. Const. Apost. II, 57,14 SC 320, 316. Sobre los Ordenamientos de la Antigua Iglesia (Didascalía y Constituciones Apostólicas), cfr. P. F. Bradshaw, The Search for the Origins of Chrsitian Worship. Soureces and Methods for the Study of Early Liturgy, SPCK, Londres 2002, 73-97.
[33] Cfr. L ang, Turning …, 42.
[34] Cfr. L ang, Turning..., 43. Como expresión de esperanza lo s mártires dirigían sus ojos hacia el Oriente: coepimus ferri a quattor angelis in orientem (Pasión de las santas Perpetua y Felicidad, XI, 2-3).
[35] Para la espiritualidad y la visión de los Padres sobre la oración hacia Oriente, además de los estudios ya clásicos, véase: G. B unge, Vases d'argile. La pratique de la prière personnelle suivant la tradition des saints Pères, Bégrolles-en-Mauges 1998, 58-70. Conviene tener en cuenta las afirmaciones positivas a este respecto de C. Schönborn, Aimer l'Eglise, París 1998, 168-175; Id., Liturgie et sacrements, Versalles 1999, 117ss.
[36] Tertuliano , Ad nationes I, 13, 1 (CSEL XX,83) : Ad orientis partem facere nos precationem ; Apologeticum 16, 9-11 (CCL 1,116) : Ad orientis regionem conversi... ; Adv. Valent., 3 , 345 (PL 2, 5 80 ): Nostrae columbae etiam domus simplex, in editis semper et apertis et ad lucem. Amat figura Spiritus Sancti Orientem, Christi figuram .
[37] Clemente de Alejandría, Stromata VII, 7, 43, 6-7.
[38] Cfr. J. J. Ayán, La oración en los Padres. A propósito de los tres comentarios prenicenos al Padrenuestro, Teología y Catequesis 87-88 (2003) 286ss.
[39] Cfr. Orígenes, Contra Celsum V, 30; Hom. in Gen. 1, 5. Ofrece una justificación cristológica en Hom. in Lev. IX,10 ( SC 287,123) y Hom. in Num. V.1.
[40] Cfr. De oratione c. 32 , I, 21ss : Ad Or ientem ... (PG 11, 555).
[41] Ab Oriente tibi propitiatio venit. Inde est enim vir, cui Orines nomen est, qui mediator Dei et hominum factus est. Invitaris ergo per hoc, ut ad Orientem semper aspicias, unde tibi oritur sol justitiae, en Hom. in Leviticum, 9, 10 PG 12, 523. Este texto lo utiliza hoy la Liturgia Romana en el Oficio de Lecturas del lunes de la IV semana de Cuaresma.
[42] Ibid, c. 32 , I, 3-9.
[43] Didascalia Apostolorum 12: Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium (= CSCO) 407, 144; Cfr. Didascalia siríaca en las Constitutiones Apostolorum (escritas entre los años 375 y 400), II, 57,14 SCh 320, 316.
[44] Cfr. Bradshaw, The Search..., 79: The Didascalia was almost certainly composed in North Syrie during the first half of the third century, probably c. 230.
[45] Se canta en la antigua liturgia hispana como Psallendum del día de la Ascensión (AL 333 f. 201). En el Rito romano se sigue cantando este Salmo, en la misma solemnidad, en la Communio del año C, pero con esta significativa lectura: Psallite Domino qui ascendit super caelos caelorum ad Orientem, alleluia . Cfr. Graduale Romanum , In Ascensione Domini, Solesmes 1979, 238.
[46] Como canta el Rito romano en la misa de la Ascensión: Dominus in Sinain sancto, ascendens in altum, captivam duxit captivitatem (Graduale Romanum , In Ascensione Domini , Alleluia VIII, 236).
[47] Didascalia Addai , can. 1, CSCO 367, 201.
[48] Cfr. J. Daniélou, S acramentos y culto según los Santos Padres, Madrid 1962, 47-57.
[49] Cfr. Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas I, 9. Cfr. Gregorio de Nisa, La oración del Señor, 5.
[50] Ambrosio , Sobre los misterios 7. Citado en Bunge, V ases d'argile..., 67.
[51] Cfr. Const. Apost. II, 57,14 SC 320, 316.
[52] Cfr. Const. Apost. VIII,12, 2 SC 336, 176s: Vueltos hacia el Señor, pongámonos en pie con temor y temblor para la oblación . Una invitación diaconal similar (o bien hacia el Señor, o bien hacia Oriente ) se encuentra en otras liturgias antiguas al inicio de la anáfora. Cfr. M. J. Moreton , “ Εις ανατολας βλεψατε . Orientation as a liturgical principle , StPatr 18 (1982), 575-590.
[53] Cfr. Dölger, Sol salutis..., 256.
[54] R. F. Taft , Textual Problems in the Diaconal Admonition before the Anaphora in the Byzantine Tradition , Orientalia Christiana Periodica 49 (1983), 340-365. El Rito Hispano-Mozárabe reitera esta espiritualidad, al inicio de la anáfora, en la monición diaconal: Aures ad Dominum...
[55] Conversi ad Dominum Deum Patrem omnipotentem, puro corde ei, quantum potest parvitas nostra, maximas atque uberes gratias agamus; precantes toto animo singularem mansuetudinem eius, ut preces nostras in beneplacito suo exaudire dignetur, inimicum a nostris actibus et cogitationibus sua virtute expellat, nobis multiplicet fidem, gubernet mentem, spirituales cogitationes concedat, et ad beatitudinem suam perducat, per Jesum Christum Filium eius, Amen : Serm . 183,15 (PL 38,994).
[56] Sermones 1; 26; 29; 34, 49; 63; 67; 69; 76; 100; 111; 113; 122; 124; 127; 128; 129; 131; 138; 141; 145; 151; 153; 154; 155; 156; 163; 164; 165; 169; 173; 174; 175; 180; 182; 183, 234; 235; 254; 272; 273; 279; 285; 294; 314; 323 y 324 . Todos ellos figuran en PL 38 , en PL 39 aún hemos encontrado los sermones 361 y 362 . Cfr. P. P. Verbraken, Études critiques sur les sermons authentiques de S. Augustin, Steenbrugge 1976 .
[57] De dis. christ. 1, 14, 16 (PL 40,678); Enarr. in Ps. CL (CCL 40, 2196) , etc .
[58] Vogel , L'orientation... 12 .
[59] G. C asati , La liturgia della Messa al tempo di S. Agostino, en Augustinianum 9 (1969) 511.
[60] ...cum ad orationem stamus, ad Orientem convertimur, unde coelum surgit: non tamquam ibi habitet Deus, quasi ceteras mundi partes deseruerit, qui ubique praesens est non locorum spatiis, sed maiestatis potentia, sed ut admoneatur animus ad naturam excellentiorem se convertere, id est ad Deum, cum ipsum corpus eius quod terrenum est, ad corpus excellentius, id est ad corpus caeleste convertitur : Agustín, De serm one domini in monte II, 5, 18 (CCL 35,108).
[61] Cfr. Wallraff, Christus verus sol, 66-69. Esta apotaxis continua aún hoy en la celebración de la Vigilia Pascual del Rito Hispano-Mozárabe: Cfr. M. G. López-Corps ( ed. ), En la noche santa de la Pascua: Solemne Vigilia -Rito Hispano-mozárabe-, Salamanca 2001.
[62] Non enim -quod facile fit-, qui adtendebas occidentem, adtendas orientem. Utinam hoc intus facias, quia hoc non est facile! Convertis corpus ex cardine in cardinem: cor convertere ex amore in amorem : Agustín, Sermo Dolbeau 19, 12.
[63] Ep. 32,13 (II,254). Cfr. H. Leclerq, O rientation, DACL 12/2, 2665ss.
[64] Ep. 32,13 (II,254).
[65] Cfr. Jn 8, 12.
[66] Cfr. Zac 6, 5.
[67] Cfr. Ps. 67, 34.
[68] Tomás de Aquino , S.Th. II-II. q. 84, art. 3.ad 3.
[69] Sobre la plegaria hacia el Este como institución apostólica, cfr. Dölger, Sol salutis, 170.
[70] Didascalia Addai , can. 1: Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium 367, 201. Tal uso remontaría, según la tradición siríaca, a una prescripción dada por Pedro en Antioquia, cfr. Peterson, La croce..., 62, nota 24: Petrus..., et orientem versus orari iussit.
[71] Pseudo-Justino, Q uaestiones 118, citado en B unge, Vases d'argile..., 59.
[72] Cfr. Contra Celsum V, 30 y Hom. in Gen. 1, 5.
[73] Cfr. Basilio de Cesárea, De Spiritu Sancto 27, 66 SCh 17bis, 484s. Efectivamente Basilñio habíai reflexionado: ¿Qué Escritura nos ha enseñado a volvernos hacia el Oriente cuando oramos? Las palabras de la epíclesis en el momento de la consagración del pan eucarístico y del cáliz de la salvación, ¿qué santo nos las ha transmitido por escrito? Nosotros no nos contentamos con las palabras transmitidas por el Apóstol y por el Evangelio. Antes y después pronunciamos otras que hemos recibido de la doctrina no escrita, porque tienen una importancia muy grande para el misterio. Nosotros bendecimos también el agua bautismal, el óleo de la unción y al mismo bautizando. ¿En virtud de qué Escrituras? ( De Spiritu Sancto 27, 66 SCh 17bis, 479s).
[74] Cfr. 1 Jn 1, 5.
[75] Cfr. Mal 3, 20.
[76] Cfr. Zac 3, 8; 6,12 -según la versión de los LXX- Lc 1, 78.
[77] Ps 67, 33s –según la versión de los LXX-.
[78] Gn 2, 8.
[79] Cfr. Num 2, 3.
[80] Cfr. Ez 44, 1.
[81] Cfr Act 1, 11.
[82] Mt 24, 27.
[83] Juan Damasceno , Expositio fidei 85 (IV 12).
[84] Cfr. Lang, Turning..., 53s.
[85] Cfr. J. O'Connell, Church Building and Furnishing: The Church's Way. A Study in Liturgical Law, Burns and Oates, Londres 1955, 16-17. 151-155.
[86] Cfr. N. Duval, L'espace liturgique dans les églises paléo-chrétiennes, LMD 193 (1993) 7-29.
[87] Cfr. Gamber , ¡Vueltos hacia el Señor! , 30. Cfr. S. de Blaauw, C ultus et decor. Liturgia e archittectura nella Roma tardoantica e medievale, 2 vol., Ciudad del Vaticano 1994.
[88] Cfr. J. Lassus, Les sanctuaires chrétiens de Syrie, París 1947. En esta obra se pone de manifiesto que normalmente todas las basílicas sirías antiguas tienen su ábside al Este. No hay en ellas huella alguna de synthronon. El altar se halla junto al ábside oriental que muestra una ventana axial. Se puede encontrar más bibliografía en L ang, t urning..., 68, nota 92.
[89] Cfr. D. Hicley, The Ambo in early liturgical planning. A study with special reference to the Syrian Bêma, The Heythrop Journal, Oxford, vol II, oct. 1988, 407-427.
[90] Cfr. L. Bouyer , Architecture et liturgie , Cerf, París1967.
[91] A esta separación contribuyó notablemente la complicación del canto y la necesidad de ministros especializados: Alla melodia sillabica... va sostituendosi il canto melismatico, eseguibile soltanto da cantori preparati... Il canto... trova il suo pieno sviluppo nel secolo VI, quando ha la sua espressione viva nella costruzione di un recinto apposito per la <schola>, davanti al presbiterio. E qui, si noti ciò che poteva essere un ottimo elemento di congiunzione tra presbiterio e fedeli per una più esatta esecusione dei canti propri a questi, viene ad essere, gradualmente, un elemento che accentua maggiormente, in chiave gerarchica, il distacco dei fedeli dall'azione liturgica, con la costituzione di un triplice cardine per l'azione: presbiterio, schola, fedeli : C. Braga, La genesi storica delle rubriche, en AA.VV. Introduzione agli studi liturgici, Liturgica 1, Roma 1962, 40.
San Cesáreo se dirigirá al conjunto de la asamblea definiéndola por su situación en el aula de la celebración: ...tam in plebe positis quam in altario constitutis ( Serm. 80 SC 330, 254).
[92] L a expresa prohibición a los laicos de acceder al santuario la encontramos ya en el concilio I de Braga c. 13 (CVHR 74). Esta legislación será seguida en el c. 4 del concilio Tours II (567): los laicos no pueden acercarse al altar quo sancta misteria celebratur. Pero a diferencia de la rígida legislación de la Península Ibérica se contemplan en la Galia dos excepciones: los laicos y, expresamente las mujeres, pueden acceder al ámbito del altar para orar y para recibir la comunión: ...sed pars illa, quae a cancellis versus altare dividitur, choris tantum psallentium pateat clericorum. Ad orandum et communicandum laicis et foeminis, sicut mos est, pateant sancta sanctorum (CCL 148 A,178).
[93] c. 18 CVHR 198.
[94] AL 5, fol 3
[95] DEO II,11,1 CCL 113,70. Esta teología visigótica ha continuado en la época mozárabe. Cfr. Beato de Liébana , Adv I, 73, 1775ss (782).
[96] DEO I,15,1 CCL 113,17.
[97] De serm. domini in monte II,5,18 (CCL 35,108)
[98] Cfr. A. Rodríguez G. de Ceballos, El reflejo de la liturgia visigótico-mozárabe en el arte español de los siglos VII al X, MC 43 (1965) 293-327: La constante orientación de las iglesias de este periodo, situadas hacia el Este sin excepción, y sobre todo la existencia frecuentísima de una ventanilla ritual al fondo del ábside indicando la dirección Este, prueban que el celebrante debía dirigir su rostro, mientras actuaba en el altar, hacia el Oriente, la dirección por la que, según la tradición, había de volver el Cristo escatológico al fin de los tiempos (p. 321) . Cfr. R. Puertas Tricas, Iglesias hispánicas, siglos IV al VII. Testimonios literarios, Madrid 1982.
[99] Etym. XV,4,7.
[100] DEO II,8, 4 CCL 113,68. No cabe duda que en la teología de esta frase ha debido jugar un papel importante el pasaje del Apocalipsis 11,19ss: Y el Templo de Dios en el cielo se abrió viéndose en su interior el arca de la alianza... El Misterio, tremendo y fascinante, exige estar velado para que se desee su manifestación.
[101] OR I, 51.
[102] E l Ordo Romanus I, que nos da la descripción de la Misa papal del siglo VII, nos transmite en la versión de los manuscritos sangalienses 140 y 614 (OR I,53) . Cfr. C. Vogel , Versus ad Orientem - L'orientation dans les “Ordines Romani” du haut moyen âge, Studi Medievali, I, (1960) 447-469.
[103] El Ordo II, suplemento romano y contemporáneo del Ordo I establece que en ausencia del pontifex maximus, el obispo suplente no ocupe la cathedra del fondo del ábside sino que presida desde otra sede dispuesta en dextro latere altaris (OR II, 2-3). Esta disposición es la regla fuera de la Urbe pues el OR V, 21 dice: Tandem episcopus osculatur evangelium et altare et pergit ad dexteram partem altaris ad sedem suam et stat erectus et versus ad orientem. La misma claridad se expresa en el OR X,18: ...evangelium osculetur et sic demum dextro cornu altaris, ubi etiam sibi sedes parata est, osculum ferat. Acerca de la disposición de los ministros (OR IV,18): ...vadit de dextra parte altaris ad sedem suam et diaconi cum ipso hinc et inde, stantes et aspicientes contra orientem. Cfr. M. Andrieu, L es Ordines Romani du moyen âge, I-V, Lovaina 1931-1961. Cfr. Vogel, L'orientation vers l' Est..., 33.
[104] Cfr. C. Vogel , Versus ad Orientem - L'orientation dans les “Ordines Romani” du haut moyen âge, Studi Medievali, I, (1960) 447-469.
[105] Cfr. OR V, 21. Cfr. Cfr. C. Vogel , Versus ad Orientem…, 462 ss. De esta manera se generalizará la costumbre posterior de que cuando la sede del obispo no pueda situarse en el ábside se coloque al lado del Evangelio (Norte), mientras que la sede del presbítero se sitúa al lado de la Epístola (Sur).
[106] Amalario de Metz, Eclogae de ordine romano , c. 10, 1, en Amalarii episcopi opera liturgica omnia, III, ed. J. M. Hanssens, C. del Vaticano, 1950, 238.
[107] Liber officialis III, 9.
[108] Estos canceles o pérgola, en las iglesias pequeñas, se reducía a un simple travesaño de madera.
[109] San Juan Crisóstomo dice: Cuando veas correr las cortinas, piensa que entonces el cielo se abre en las alturas y que los ángeles descienden (PG 62, 29). En las Iglesias de Occidente, las cortinas ( vela ), que se utilizaban en la ornamentación del altar y las barreras del coro, han sido utilizadas durante siglos.
[110] Duval, L'espace liturgique..., 27.
[111] Duchesne, O rigines..., 485. 488. Sobre el tema de la visión del pueblo de lo que sucedía en el altar y del velo que separaba el santuario de la nave, cfr. Nussbaum, Der Standort des Liturgen... 117.
[112] Ibid.
[113] Durante este tiempo de Penitencia, un gran velo era extendido ante el santuario, separando el ámbito del altar de la nave. Se le dejaba caer el Viernes Santo durante el versículo del canto de la Pasión: Y el velo del templo se rasgó en dos. Tal velo ha persistido en los usos bracarenses y entre los premostratenses. El Capítulo General de 1958 suprimió esta costumbre en las iglesias cistercienses. Cfr. King , Les liturgies..., 426.
En la Galia, s . Gregorio de Tours testimonia el uso del velo en Hist Franc 7,22 S. Mart. II, 25, Vitae PP VII,11.
[114] Cfr. Nussbaum , Der Standort des Liturgen…, I: 24-30. 62-64. 87-90. 117-120. 134-137. 216-221. 305-311.
[115] Para el Rito ambrosiano, donde el padiglione ha existido hasta épocas recientes, cfr. P. Borella, Cortina d'altare, Padiglione –conopeo, en Arte cristiana, t. XXX, Milán 1942, 173ss.
[116] Durando habla de tres velos: uno recibe las ofrendas del sacrificio, el segundo rodea el altar y el tercer velum está suspendido delante del coro ( Rationale I, 3, n. 35).
[117] Cfr. Metzger, Le dispositif ancien de l'autel..., 37s.
[118] Durante más de diez siglos, como hasta en nuestros días en las iglesias ortodoxas de Oriente, el altar ha permaneció desprovisto de superestructuras. Un cambio se produjo en Occidente, durante la época gótica, con la aparición de los retablos.
[119] Indudablemente hacían referencia a las cortinas del Templo de Jerusalém, que separaban el Santo de los Santos (Sancta Sanctorum) del santuario, tal como Dios se lo había prescrito a Moisés: Harás un velo de púrpura violeta y escarlata ... Lo suspenderás de cuatro columnas de madera de acacia recubiertas de oro ...Colgarás el velo en corchetes, y allí, detrás del velo pondrás el arca de la alianza. El velo servirá para separar el santo de los santos del santuario (Ex. 26,31‑33).
[120] M. Kunzler , La liturgia della Chiesa, Jaca Book, Milán 1996, 229: Nella chiesa antica l'orientamento della celebrazione era verso oriente, non solo per il celebrante, ma anche per tutti i fedeli. Se la porta d'ingresso era ad oriente, in effetti il celebrante stava "dietro" l'altare rivolto verso la comunità, ma vedeva solo delle schiene, dato che per pregare anche la comunità si rivolgeva verso oriente. Dato che le chiese di nuova costruzione erano sempre in maggior numero rivolte verso oriente, ne risultò l'orientamento della celebrazione versus altare.
[121] Cfr. De situ ecclesiae. Gemma animae, lib. I, 129 PL 172, 586.
[122] Cfr. De fundatione Ecclesiae. Mítrale I, II PL 312, 17.
[123] Cfr. C. Vogel , Versus ad Orientem…, 459, nota 45. Si hemos de aceptar el testimonio de Durando, el papa Vigilio (+ 555) habría determinado versus Orientem orare . La regla se habría aplicado ya estuviera la iglesia orientada o no. En el primer caso (construcción tipo B) el sacerdote se situaba al frente de la comunidad que ora como pueblo peregrino hacia la Patria; en el segundo caso (construcción tipo A) el sacerdote celebra mirando al pueblo ya que la dirección de la oración, el Oriente, está hacia la fachada de la iglesia.
[124] Rationale divinorum officiorum V, 2, 57.
[125] N ilo de Ancira (+430) atestigua que en el ábside de las iglesias no se representa más que el signo de la cruz gloriosa y ésta hacia Oriente (PG 79,491.578). La cruz, hacia la que se dirigía la oración, era considerada como un signo de victoria, como la señal con la que volverá el Hijo del Hombre al final de los tiempos (Mt 24,30), por eso se la adornaba con oro y piedras preciosas.
En las iglesias de Occidente, ya lo hemos visto, la mirada de los participantes se dirigía hacia la representación del Hijo de Dios transfigurado, así como hacia la cruz, signo de nuestra salvación. La cruz se consideraba sobre todo signo de victoria, la señal del Hijo del Hombre, regresando al fin de los tiempo (Mt. 24,30) y, por esto se la adornaba con oro y piedras preciosas. Sólo más tarde se impuso la costumbre de representar en la Cruz la imagen del Crucificado, como el que reina desde el madero, vencedor de la muerte o como sumo sacerdote que en el madero consuma su oblación por nosotros.
En todo caso, como se puede ver en algún mosaico romano, además de la cruz, aparecía Cristo Maestro rodeado de los Apóstoles; después, en el época del románico, en casi todo el Occidente, Cristo, sentado en su trono, dentro de una mandorla mística, sentado sobre el arco iris, rodeado de los cuatro animales del Apocalipsis (4, 8) y de ángeles; muy frecuentemente, en la parte inferior, se ve a la Madre de Dios, a los Apóstoles y a otros santos, formando la asamblea celestial que celebra con el Cordero la liturgia celestial. El interior de la iglesia se convierte en el lugar, donde se juntan el pasado, el presente y el futuro; donde la eternidad se hace coetánea; donde el cielo y la tierra se unen; donde la comunidad terrena, en el altar, va hacia el encuentro de sus hermanos que están en la Gloria.
[126] Lo mismo sucedía en el judaísmo con la menoráh o con la estrella de Jacob. Cfr. E. Peterson , Die geschichtliche Bedeutung der jüdischen Gebetsrichtung [La importancia histórica de la dirección de la oración en el judaísmo], en Id. , Frühkirche, Judentum und Gnosis. Studien und Untersuchungen [Iglesia primitiva, Judaísmo y Gnosis. Estudios e investigaciones], Herder, Roma-Friburgo-Vienna 1959, 1-14.
[127] Cfr. Ep 32, 17 s PL 61,336-338.547. Aquí se pone en conexión la cruz con el Juicio final. Nótese que hablamos de la cruz en el ábside de las iglesias, ya que la cruz sobre el altar no es antigua, no parece haya existido antes del s. XII, cfr. Farnés, Una obra sobre liturgia... 73.
[128] En las iglesias de ámbito galicano aparece también el tipo de representación denominado maiestas Domini, cfr. M. Reinecke, L'orientation de l'autel: histoire et théologie, en Actes du 1er. Colloque d'études historiques, théologiques et canoniques sur le rite catholique romain. 4-6 octobre 1995, C.I.E.L., París 1996, 187-217 (208ss).
[129] Un estudio monográfico lo ofrece E. Peterson, La croce e la preghiera verso Oriente, EL 59 (1945) 52-68.
[130] C. Vogel, La croix eschatologique, en B. Botte, & al., Noel, Épiphanie. Retour du Christ, [Lex orandi 40] Cerf, París 1967, 85-108.
[131] Cfr. El texto etíope del Apocalipsis de Pedro ( 135 c.), el De Oratione de Tertuliano (+ 220 c.), la recensión etíope de la Epistula Apostolorum (150 c.) donde Cristo mismo dice: Mi cruz será llevada delante de mí cuando venga a la tierra a juzgar a los vivos y a los muertos . Los autores citados presentan también referencias de los Oracula Sibillina.
[132] Responsorio de la Hora de Nona de la Fiesta del 14 de Septiembre: Liturgia Horarum , IV, In exaltatione Sanctae Crucis, Ad Nonam, pág. 1207.
[133] Cfr. J. Ratzinger, E l espíritu de la liturgia, Cristiandad, Madrid 2001, 89-94. 96-106 (cap. III: El altar y la orientación de la oración en la liturgia ).
[134] Cfr. Vogel, La croix eschatologique..., 100.
[135] Cfr. Vogel, La croix eschatologique..., 103: Sur la paroi orientale du mur où normalement est fixée ou peinte une croix, apparaît donc la croix lumineuse qui précède la venue du Christ... croix eschatologique qui avancera devant le Christ au moment de la seconde parousie, lors du Jugement dernier. En esta página 103 Vogel refleja abundantes testimonios sobre esta identificación: Cruz-Oriente-Parusía.
[136] Gamber , ¡Vueltos hacia el Señor! , 20.
[137] Sin embargo, orar vueltos hacia Oriente determinaba la posición con respecto al altar: Cfr. Metzger, L a place des liturgies..., 113-145. Este artículo responde a Otto Nussbaum, Des Standort des Liturgen am christlichen Altar vor dem Jahre 1000, Bonn 1965, I.II. En él se tiene en cuenta prácticamente toda la documentación e investigación precedentes sobre el altar y su posición en las diversas liturgias según estudios arqueológicos. Metzger llega a las siguientes conclusiones: Cette longue enquête a donc montré clairement que l'orientation des liturgies était une pratique universelle (p. 134) ... la pratique de l'orientation pendant la prière était si impérative que même dans les églises ayant l'abside en Ouest les liturgies se tournaient vers l'Orient et donc, dans ces églises-là, vers la nef (p. 135). Se ofrece una síntesis en K. Gamber, Conversi ad Dominum. Die Hinwendung von Priester und Volk nach Osten bei der Meßfeier im 4. und 5. Jahrhundert [Conversi ad Dominum. La dirección del sacerdote y del pueblo hacia oriente durante la Misa en los siglos IV y V], in Römische Quartalschrift für christliche Altertumskunde und Kirchengeschichte , 67 (1972) 49-64.
[138] Cfr. C. Vogel , L'orientation vers l' Est du célébrant et des fidèles pendant la célébration eucharistique , L' Orient Syrien 9 (1964) 3-37 ; Metzger , La place des liturges…, 113-145.
[139] K. Gamber , La reforma de la liturgia romana, Renovación, Madrid 1996, 43 .
[140] Gamber , ¡Vueltos hacia el Señor! , 43ss; Cfr. Bouyer, L., Position et orientation de l'autel, en Actes du 1er. Colloque d'études historiques, théologiques et canoniques sur le rite catholique romain. 4-6 octobre 1995, C.I.E.L., París 1996, 183-185.
[141] De esta manera se evitaría la posible aversio a mensa o a cruce. En las iglesias orientadas se mantiene continuamente la disyuntiva contra populum y ad orientem, cfr. C. V Ogel, Sol aequinoctialis. Problèmes et technique de l' orientation dans le culte chrétien, RevSR 36 (1962) 175-211.
[142] Como se ha visto ya fuese Oriente el lugar del sol naciente ya el ábside de las iglesias donde se representaba la majestad de la Cruz.
[143] C fr. J. A. Jungmann, Der nueu Altar, Der Seelsorger 37 (1967) 375 ss. En efecto, nada se dice en la Constitución promulgada el 4 de diciembre de 1963 ni el cap. II sobre El misterio de la Eucaristía ; ni el cap. VII El arte y el culto. Sobre la participación activa de los fieles, cfr. SC 124.
[144] Romano Guardini había alentado estas celebraciones en el castillo de Rothenfels.
[145] Pius Parsch apoyó esta práctica en la iglesia románica de santa Gertrudis en Klosterneuburg (cerca de Viena).
[146] El patriarca Tikhon de Moscú ponía en guardia en 1921 sobre los riesgos de esta innovación para el mundo oriental.
[147] El Motu propio Sacram Liturgiam (25 enero 1964) no decía nada en relación con nuestro tema.
[148] Cfr. IO 91. 95.
[149] La Liturgia de la Palabra se celebraría en el ambón, presidida desde la sede cara a la asamblea, la Plegaria eucarística puede elevarse al Señor en el altar orientado, cfr. G. Lecaro, L'heureux développement, Notitiae 2 (1966) 160.
[150] Missale Romanum ex decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, editio typica, Typis Polyglotiis Vaticanis, 1970.
[151] Cfr. MR, Ordo missae cum populo, 391 n. 25 ( versus ad populum ); 473 n. 128 ( ad populum conversus ); 474 n. 133 ( ad populum versus ) y 474 n. 142 ( versus ad populum ).
[152] Ordo missae cum populo 474, n. 134.
[153] IGMR nn. 86. 107, 115, 116, 122, 198 y 199. Sobre el altar: 262.
[154] El obispo de Birmingham en Alabama publica un Decreto, en octubre de 1999, prohibiendo la Misa “ by celebrating in a manner called ad orientem”. Concluyendo: A priest who violates either of these laws is liable to suspension or removal of faculties.
[155] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos , Editorial: Pregare ‘ad orientem versus' , Notitiae 29 (1993), 245-249. El texto distingue el aspecto teológico de la celebración de lo meramente topográfico o posicional (p. 249).
[156] Congregación para las Iglesias Orientales , Instruzione per l' applicazione delle prescrizioni liturgiche del Codice dei Canoni delle Chiese Orientali : Enchiridion Vaticanum 15: Documenti ufficiali della Santa Sede 1996, ed. E. Lora, Bologna 1999, 88ss, nn. 102-107.
[157] Paul Pallath (ed.), La liturgia eucaristica della chiesa siro-malabarese , Messaggero, Padua 2000, 125: Secondo la tradizione comune bimillenaria di tutte le Chiese, la liturgia eucaristica si celebra versus Deum (ossia “versus Orientem” o altare), cioè il popolo e il celebrante guardano nella stessa direzione, aspettando il Signore che verrà dall'Oriente. Dopo il concilio Vaticano II, la Chiesa latina cominciò a celebrare la liturgia versus populum. Non si può dire, però, che la Chiesa latina abbia completamente abbandonato la tradizione di celebrare la Messa versus Deum. In alcune chiese e monasteri antichi si celebra ancora la Messa secondo la tradizione comune. Lo stesso Papa nella sua cappella privata - con la partecipazione di alcune persone - celebra la Liturgia dell'Eucaristia versus altare. Nella basilica di San Pietro presso i sette altari famosi e nelle altre basiliche romane presso gli altari antichi si può vedere ogni giorno la celebrazione della Liturgia dell'Eucaristia versus altare. Per l'influsso della Chiesa latina, qualche diocesi orientale cattolica ha abbandonato la celebrazione verso l'Oriente, ma la tradizione comune è fedelmente osservata da tutte le Chiese orientali non ancora in piena comunione con la Chiesa romana.
[158] Cfr. K. Gamber , Zum Herrn hin! Fragen um Kirchenbau und Gebet nach Osten (Studia patristica et liturgica, supplement 18), Regensburg 1987; P. M. Gy , recensión critica sobre la obra de Gamber Zum Herrn hin!, LMD 194, (1993) 152-154; L. Bouyer, Position et orientation de l'autel, en Actes du 1er. Colloque d'études historiques, théologiques et canoniques sur le rite catholique romain. 4-6 octobre 1995, C.I.E.L., París 1996, 183-185; M. Thurian , La Liturgie, contemplation du mystère , Notitiae 32 (1996) 690-697; J. Ratzinger, La fiesta de la fe. Ensayo de Teología litúrgica, Madrid 1999, pp. 184-194: Observaciones sobre el problema de la orientación de la celebración ; Id., Un canto nuevo para el Señor. La fe en Jesucristo y la liturgia hoy, Sígueme, Salamanca 1999. Y posteriormente, y con una resonancia inusitada: J. Ratzinger , Der Geist der Liturgie. Eine Einführung. [El espíritu de la liturgia. Una introducción], Herder, Friburgo en Brisgovia 2000. Trabajo que fue respondido por R. Falsini , Canone a voce bassa e verso Oriente? Risposta a Ratzinger, Vita Pastorale, 4 (2001) 47-48; Id. , L'orientamento di chiese, altare e preghiera , Vita Pastorale 5, (2001) 50-51. También el P. Gy respondió con acritud: P. M. G y, “ L'Esprit de la Liturgie” du Cardinal Ratzinger est-il fidèle au Concilie, ou en réaction contre?, LMD 229 (2002) 173-175. El cardenal respondería, en el número siguiente de LMD, argumentando en: J. Ratzinger , L'E sprit de la liturgie ou la fidelité au Concile: Résponse au Père Gy, LMD 230 (2002) 114-120.
[159] Missale Romanum ex decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli PP. VI promulgatum Ioannis Pauli PP. II cura recognitum, editio typical tertia, Typis Polyglotiis Vaticanis, 2002.
[160] Ordo Missae 515 n. 28; 600 n. 127; 601 n. 132s; 603 n. 141.
[161] IGMR 299.
[162] El texto añadido al n. 299 ha sido comentado por C. M. Cullen – J. W. Koterski, The New IGMR and Mass versus Populum, Homiletic and Pastoral Review, Junio 2001, 51-54.
[163] Ordenación general del Misal Romano. Incluyendo las adaptaciones para las diócesis de los Estados Unidos de América. Edición provisional para estudiar, LTP, Chicago 2003, 69s.
[164] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos , Respuesta sobre la posición del sacerdote en la celebración de la Eucaristía, en Pontificii Consilii de Legum Textibus, e Communicationes , vol. XXXII, n. 2, Roma 2000, pp. 171-173.
[165] Farnés, Una obra sobre liturgia..., 68ss.
[166] Cfr. M. Wallraff , Christus Verus Sol. Sonnenverehrung und Christentum in der Spätantike , Münster 2001; Albert Gerhards , Versus orientem - versus populum. Zum gegenwärtigen Diskussionsstand einer alten Streitfrage , ThRv 98 (2002) 15-22; B. Harbert, Paradise and the Liturgy, New Blackfriars 83 (2002) 30-41 y U. M. Lang , Conversi ad Dominum. Zur Geschichte und Theologie der christlichen Gebetsrichtung. Johannes-Verlag, Einsiedeln 2003. Se ha hecho ya referencia a los puntos de vista expuestos por Ratzinger, y las interesantes respuestas de Gy, Farnés, Arnau, etc.
[167] Cfr. Versus Deum per Jesum Christum, Rev. 30 Giorni 3 (2004), 31-32.
[168] Cfr. E. Peterson , La croce e la preghiera verso oriente , Ephemerides liturgicae, 59, nn. 1-4 (1945) 52-68; C. Vogel, La croix eschatologique, en B. Botte, & al., Noel, Épiphanie. Retour du Christ, [Lex orandi 40] Cerf, París 1967, 85-108. Sobre el culto a la cruz son interesantes los siguientes trabajos: P. Stockmeier , Theologie und Kult des Kreuzes bei Joh. Chrysostomos , Munich 1966; E. Dinker , Signum crucis. Aufsätze zum Neuen Testament und zur christlichen Archäeologie , Tubinga 1967.
[169] Metzger , La place des liturges…, 113-145.
[170] L. Bouyer, Le rite et l'homme, (Lex orandi 32), Paris 1962, 241.
[171] Cfr. Vogel, La croix eschatologique..., 85-108. L. Bouyer, Architettura e liturgia, Magnano 1994, 72: Il legame tra la croce e la messa non sarà mai messo abbastanza in risalto . Que en tal dinámica hay un orden se presenta con certeza en el concilio IV de Toledo, presidido por el mismo Isidoro, al ofrecernos este mismo esquema cuando determina la manera de acercarse a recibir la Comunión: ...eo videlicet ordine sacerdos et levita ante altare conmunicent, in choro clerus, extra chorum populus (IV Toledo. c.18 CVHR 14).
[172] Es interesante leer este versículo de Act 1,11-12 en el contexto de Zac 14,4: Se plantarán sus pies en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al Oriente.
[173] Señalamos asimismo la tensión escatológica de nuestra liturgia hispana, expresada en el corazón de cada celebración, con la expresión donec veniat in claritatem de caelis.
Ofrecemos la traducción del italiano de la Respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a la cuestión sobre la posición del sacerdote en la celebración de la Eucaristía. Original en: Communicationes 32/2 (2000) 171-173.