Media - Ayudas para la celebración
Jaume González Padrós
Flash litúrgico publicado en Liturgia y Espiritualidad 39 (2008), 376s.
¿Es la procesión de las ofrendas una tómbola?
Unos jóvenes sacerdotes me suplicaron el otro día que dedicase un flash al tema. El motivo se encuentra en lo que han tenido que soportar en las pasadas celebraciones de primera comunión, en este momento de la liturgia eucarística.
Fueron vanas sus aproximaciones delicadas a los responsables catequéticos de turno, los cuales -y las cuales- de ninguna manera se dejaron convencer de que toda aquella colección de objetos presentados por los niños, más bien configuraban un cuadro esperpéntico, que una expresión en verdad de la oración de la Iglesia.
Al escuchar la especie tan variopinta de lo "ofrendado" me vino a la memoria -no sé por qué reacción mental- aquello que se repetía, hace muchos años, alrededor de una tómbola, cuando el encargado quería convencer a los transeúntes de que comprasen algún boleto, diciendo: "a todos toca, si no es un pito una pelota".
Por ello, yo me pregunté si, en el fondo, no habrá alguna reminiscencia "tombolera" en quienes organizan procesiones de ofrendas con tantos artilugios que nada tienen que ver con la liturgia de la Iglesia. ¡Quién sabe lo que pasa por los vericuestos de la mente!
Sea lo que sea, la cosa no es de broma. No lo es, porque con una pedagogía celebrativa tan desviada, está claro que no estamos introduciendo adecuadamente a los niños en lo que quiere hacer la Iglesia al celebrar la misa. Es lo de siempre; si convertimos la liturgia en algo infantil y, peor aún, sin fundamento, cuando pasa la niñez, ¿qué tiene de extraño que también "pasen" de nuestras asambleas estos jóvenes, que ya no son niños ni quieren serlo?
Porque -digámoslo una vez más- ¿qué se lleva en la procesión de ofrendas? Nos lo indica la Institutio del misal: "Es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles... También se puede aportar dinero u otras donaciones para los pobres o para la iglesia, que los fieles mismos pueden presentar o que pueden ser recolectados en la iglesia, y que se colocarán en el sitio oportuno, fuera de la mesa eucarística" (núm. 73).
¿Tan difícil es, por tanto, instruir a los niños para que en este momento hagan lo que nos indica la liturgia de la Iglesia portando pan y vino? ¿Tan difícil es hacerles pensar en los necesitados -en sintonía con la comunión eucarística que van a recibir- y en la misma comunidad que los acoge, para que sus ofrendas sean realmente serias y útiles, en lugar de presentar cosas que sólo hablan de ellos mismos?
Afortunadamente sabemos por experiencia que la respuesta a estos interrogantes es clara: no, no es tan difícil. Se puede hacer, se hace, y es fuente de gran gozo.
Ya sé que con este flash no hemos resuelto el problema -que lo es-, pero al menos he complacido a mis buenos amigos presbíteros, tratando un tema litúrgico serio con humor, que es como mejor sienta al hígado y al alma.