Liturgia Hispano-Mozárabe - El salterio en el rito hispano-mozárabe

 

Adolfo Ivorra

 

Artículo publicado en Phase 291, 2009, 239-269.

 

            El salterio litúrgico ha sido descrito como el libro de la Biblia que más resonancia ha tenido en la vida de la Iglesia. Esta capacidad que tienen los salmos para dar contenido a nuestra oración la refleja muy bien Casel: «No hay actitud en el alma del hombre religioso que no encuentre en ellos su expresión, desde el dolor más profundo de arrepentimiento del alma y de abandono, hasta la alegría más jubilosa por la unión con Dios; desde el sentimiento de unidad con la gran comunidad del Señor hasta la vivencia más personal e íntima con la Divinidad»[1]. Pero Casel no se queda en la capacidad que tienen los salmos para ayudar a expresar al hombre religioso en su actitud frente a Dios, sino que también es consciente del papel especial que tiene el salterio en la Iglesia: «Tomemos, además, la interpretación alegórica refiriéndola a Cristo y a la Iglesia, a la Obra salvadora del Nuevo Testamento, y después los cambios de luz con que el ciclo festivo y las Horas del Oficio iluminan los salmos, y podremos vislumbrar algo de la riqueza inagotable de la oración litúrgica»[2].

            El rito romano mantuvo durante mucho tiempo la idea de que el culto cristiano era Escritura hecha oración. La tardía aceptación de cantos e himnos «no inspirados» es un ejemplo claro de ello. Sin embargo, con el tiempo, la Escritura cede el protagonismo a cantos e himnos «eclesiásticos»: el gradual –reducción del salmo a unas estrofas– se consolida frente a la proliferación de secuencias pre-evangélicas, el himno se convierte en la parte central de cada hora «canónica», etc. Con la reciente reforma del rito romano, su forma ordinaria devuelve el protagonismo a los salmos. De hecho, se disponen en torno a ellos unos recursos de exégesis litúrgica que permiten una mayor aceptación del salterio como oración cristológica. En el rito hispano-mozárabe no se recurre al salterio del mismo modo que el rito romano actual. De hecho, el salterio nunca tuvo una presencia mayoritaria en las horas canónicas. Los salmos en la misa los encontramos en un canto interleccional parecido al gradual romano, el psallendum, y en el canto de laudes después de la homilía. Sin embargo, en todos estos elementos celebrativos, incluso en los salmos del Breviarium Gothicum, el concepto mismo de salmo tiene una impronta propia[3].

            Estos datos acerca del salterio en los ritos romano e hispano nos indican ya que los salmos han tenido una diversa acogida en los ritos litúrgicos. En el rito sirio, por añadir otro ejemplo, el Oficio Divino prescinde de la salmodia y se estructura por medio de responsorios[4]. En cualquier caso, parece lógico afirmar, como lo hace H-J. Kraus, que si «en el judaísmo la torá constituyó el centro del servicio divino, en el cristianismo primitivo adquirieron significado especial los escritos proféticos y los salmos»[5]. El origen de esta predilección lo encontramos en Cristo mismo: estos escritos hablan de Él (cf. Jn 5, 39). Los escritos proféticos son concebidos, desde la óptica cristiana, dentro del esquema promesa-cumplimiento. ¿Cómo se comprenden los salmos? Cada rito da una respuesta propia. Los subsidios exegéticos de la actual liturgia romana han dado un sentido amplio salterio, desde las habituales interpretaciones cristológicas, hasta otras más complejas, expresadas en los títulos sálmicos: vox Christi ad Patrem, etc.[6]

            En el rito hispano-mozárabe no encontramos tantos subsidios exegéticos. Pero encontramos otros: el locus celebrationis, la compresión sálmica de centones de perícopas, las colectas u oraciones sálmicas, los títulos sálmicos, etc. Una mirada a estos subsidios exegéticos nos permitirá descubrir cómo la liturgia hispana comprende el salterio, qué entiende por salmo, etc.

 

Los salmos en la Eucaristía

 

  1. El psallendum

 

El psallendum se corresponde al salmo responsorial romano y al psalmellus ambrosiano[7]. Del mismo modo que en estos ritos, no siempre se trata de un salmo. El mismo psallendum es sustituido en la Cuaresma: «En los miércoles y viernes de las cinco primeras semanas de Cuaresma, los Threni ocupan el lugar del Psallendum. Los Threni expresan en tono dramático la penitencia de la Iglesia y los sufrimientos de Cristo en su Pasión. Sus textos están elaborados sobre varios pasajes de las Lamentaciones y de los libros de Job y de Isaías»[8]. La sustitución de la función de los salmos no es privativa del rito hispano[9]. Esto nos indica el papel funcional del salterio en la Liturgia de la palabra y que su inclusión por la Iglesia no obedece a un conservadurismo o a resabios judaizantes. En efecto, el salmo ocupa un lugar específico dentro de la Liturgia de la palabra, concebida como un diálogo teándrico: «El salmista se dirige al ambón para guiar la respuesta de la asamblea a la iniciativa de la palabra divina. Estamos, pues, inmersos en una estructura de diálogo»[10].

Limitándonos al ciclo De tempore, mostramos unos cuadros sinópticos de los salmos, tal y como los encontramos en el actual Liber commicus (I)[11], acompañados por las lecturas a las que los salmos “sirven”.

 

Adviento - Navidad

Domingo

Lectura previa

Psallendum

In primo Dominico de Adventu

Año I: Is 10, 33-11, 10

Año II: Is 2, 1-5; 4, 2s

Año I: Sal 147, 16s

Año II: Sal 71, 3s. 1

In secundo Dominico de Adventu

Año I: Is 51, 7-12

Año II: Is 28, 16s; 29, 17-24

Año I: Sal 79, 3. 2

Año II: 79, 3. 2

In tertio Dominico de Adventu

Año I: Is 51, 1-6

Año II: Ez 36, 6-11

Año I: Sal 84, 8. 7

Año II: Sal 95, 12s. 1

In quarto Dominico de Adventu

Is 24, 16-23

Sal 95, 12s. 1

In quinto Dominico de Adventu

Año I: Is 16, 1-5

Año II: Mal 3, 1-4

Año I: Sal 84, 10b. 11-13

Año II: Sal 84, 10b. 11-13

In sexto Dominico de Adventu

Año I: Is 35, 1-10

Año II: Is 35, 1s

Año I: Sal 71, 3s. 1

Año II: Sal 147, 16s

In Nativitate Domini

Año I: Is 8, 23-9, 6

Año II: Is 7, 10-16; 8, 23-9, 6

Año I: Sal 2, 7s

Año II: Sal 2, 7s

In Circumcisione Domini

Año I: Is 48, 12-20

Año II: Gn 21, 1-8

Año I: Sal 97, 2-4

Año II: Sal 8, 2s

In initio anni

Año I: Is 49, 1-6

Año II: Jer 10, 1-10

Año I: Sal 47, 11s

Año II: Sal 113, 3. 1

In Apparitione Domini

Año I: Is 60, 1-6. 9-14b. 18s

Año II: Nm 24, 3-9. 15-18

Año I: Sal 65, 4s

Año II: Sal 71, 10s

 

            Puesto que el Liber commicus no posee los elementos exegéticos del actual leccionario romano, como por ejemplo el título de la lectura, no podemos establecer una relación temática entre título-antífona, sino que debemos cotejar las temáticas. En líneas generales, las profecías de Isaías (primer y segundo Isaías) son la “revelación” de Dios a la asamblea, que responde de diferentes formas. El primer domingo de Adviento tiene un “doble” inicio según el año, dando una connotación escatológica o encarnatoria al comienzo de este tiempo. En el año I se introduce la profecía del vástago de Jesé[12], y el salmo que debe expresar la respuesta de la asamblea difiere tanto del texto de la Vulgata como el de la Neo-Vulgata, pero no cristifica el término verbum poniéndolo en mayúscula, omisión habitual en el rito hispano. Este dato ya nos indica que es más lo que se insinúa que lo que se dice. Por ejemplo, el psallendum no incluye el versículo anterior (Sal 147, 15), que sería ideal para expresar la perspectiva encarnatoria del texto de Isaías: «Él envía su mensaje a la tierra y su palabra corre veloz». En vez de esto, el psallendum se conforma en aludir al Verbo: Mittit verbum suum et liquefaciet ea[13].

            La perspectiva escatológica del Año II de este mismo domingo, exige a su vez otra respuesta diferente de la asamblea. Sin embargo, la perspectiva encarnatoria sigue estando presente al final: «Aquel día el germen de Yahveh [en el texto latino radix Iesse] será magnífico y glorioso, y el fruto de la tierra será la prez y ornato de los bien librados de Israel. A los restantes de Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les llamará santos[14]: serán todos los apuntados como vivos en Jerusalén» (Is 4, 2s). La respuesta sálmica será en este caso: «que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre» (Sal 71, 4). Este salmo real nos presenta un reinado perfecto, en el que el rey asume sus responsabilidades y protege a sus súbditos. El día de Navidad –en el Oficio de lectura–, la liturgia romana dará a este salmo la antífona «En los días del Señor florecerá la paz, y él dominará». La perspectiva encarnatoria que se aludía brevemente al final de la primera lectura de Isaías, que ya de por sí se sitúa en un contexto escatológico, se deja de lado para subrayar dicho contexto.

            Aunque no los relaciona, I. Tomás ofrece una descripción muy completa de las lecturas del día de navidad y de los psallendum. Limitándonos al año I, observamos cómo lo que se anuncia desde una perspectiva kenótica (Is 8, 23-9, 6), recibe como respuesta de la asamblea una perspectiva gloriosa (Sal 2, 7s): «la donación gratuita de un niño, que la liturgia celebra en Cristo nacido, va a transformar la realidad de una manera nueva y sorprendente. Sobre todo cuando la realización de la paz y de la luz, no va a venir por medio de la fuerza, sino por medio de la inocencia de un niño recién nacido [...] La tradición cristiana ha visto en este Salmo un anuncio de Jesús Mesías, comenzando desde los escritos de NT, que toman repetidas veces estas expresiones. Litúrgicamente, como es nuestro caso, este Salmo se centra en la figura de Cristo, Hijo de Dios, engendrado hoy y que va a ser el rey universal»[15]. La perspectiva escatológica se aludía al final de la lectura (Is 9, 6), por lo que el paso a la respuesta de la asamblea no implica una falta de adecuación, sino todo lo contrario: lo que se insinúa en la lectura se explicita por la Iglesia, debido a que la Escritura crece con el orante[16].

 

Cuaresma

Día

Lectura(s) previa(s)

Psallendum

In I Dominico Quadragesimae

Re 19, 3-14

Año I: Sal 78, 8-9a

Año II: Sal 77, 19b-20a. 23-24a

Missa ieiunii de II feria incho.

Prov 2, 1-9 | Gn 3, 1-19

Sal 101, 14s

Feria III in prima hebdomada

Prov 6, 1-8 | Gn 12, 1-20

Sal 132, 1s

Feria IV in prima hebdomada

 

Threni

Feria V in prima hebdomada

Prov 20, 5-13 | Gn 7, 1-24

Sal 7, 7b-8a. 10a

Feria VI in prima hebdomada

 

Threni

Sabbatum in prima hebdomada

Ecclo 29, 19-30 | Gn 33, 1-20

Sal 33, 23. 20

In II Dominico Quadragesimae

Prov 14, 33-15, 8 | Gn 41, 1-45a

Sal 26, 9b-10. 7

Feria II in secunda hebdomada

Prov 16, 16-32 | Gn 42, 3-25

Sal 37, 16-17a. 18

Feria III in secunda hebdomada

Prov 18, 1-10 | Gn 47, 1-15

Sal 119, 1s

Feria IV in secunda hebdomada

 

Threni

Feria V in secunda hebdomada

Prov 28, 6-13 | Ex 5, 1-23

Sal 120, 1s

Feria VI in secunda hebdomada

 

Threni

Sabbatum in secunda hebdom.

Prov 28, 14-28 | Ex 14, 1-14

Sal 139, 5b. 9b

In III Dominico Quadragesimae

Prov 20, 17-28 | Nm 22, 2-23, 10

Sal 35, 8a. 11s

Feria II in tertia hebdomada

Prov 29, 1-14 | Nm 14, 1-24

Sal 101, 14s

Feria III in tertia hebdomada

Prov 29, 19-27 | Jos 8, 30-9, 2

Sal 132, 1s

Feria IV in tertia hebdomada

 

Threni

Feria V in tertia hebdomada

Prov 22, 17-29 | Jue 2, 6-23

Sal 7, 7b-8a. 10a

Feria VI in tertia hebdomada

 

Threni

Sabbatum in tertia hebdomada

Prov 25, 2-12 | Jue 21, 1-25

Sal 33, 23. 20

In IV Dominico Quadragesimae

Ecclo 14, 11-22 | Sam 1, 1-20

Sal 70, 5. 19b-20a. 21b. 10b-12a. 3c-5a

Feria II in quarta hebdomada

Ecclo 4, 1-11 | Sam 3, 1-19

Sal 37, 16-17a. 18

Feria III in quarta hebdomada

Prov 15, 22-33 | Sam 6, 1-19

Sal 119, 1s

Feria IV in quarta hebdomada

 

Threni

Feria V in quarta hebdomada

Prov 12, 5-15 | Sam 13, 2-15

Sal 120, 1s

Feria VI in quarta hebdomada

 

Threni

Sabbatum in quarta hebdomada

Prov 24, 15-25 | Sam 20, 11-21, 1

Sal 139, 5b. 9b

In V Dominico Quadragesimae

Ecclo 47, 24-29; 48, 21-23a; 47, 31b | Sam 26, 1-24

Sal 37, 22. 8. 18. 20b-21

Feria II in quinta hebdomada

Ecclo 48, 1-23 | Sam 27, 1-12

Sal 101, 14s

Feria III in quinta hebdomada

Ecclo 10, 26-34 | Sam 6, 1-23

Sal 132, 1s

Feria IV in quinta hebdomada

 

Threni

Feria V in quinta hebdomada

Ecclo 37, 20-30 | Sam 9, 1-13

Sal 7, 7b-8a. 10a

Feria VI in quinta hebdomada

 

Threni

Sabbatum in quinta hebdomada

Ecclo 44-15 | Re 2, 1-11

Sal 33, 23. 20

 

            Los salmos en la Cuaresma hispano-mozárabe son aún hoy una tierra virgen en lo que a estudios se refiere[17]. La Cuaresma, junto con el tiempo De Cotidiano, es el tiempo que sufrió una adaptación importante al nuevo calendario –inspirado en el romano actual– suprimiendo la llamada “pre-cuaresma”. Las primeras lecturas son sapienciales[18], no históricas, excepto la del primer domingo porque con él no se inicia propiamente la Cuaresma. Sin embargo, los salmos responden de alguna manera a las dos lecturas precedentes, la sapiencial y la histórica. En el lunes de la I semana de Cuaresma descubrimos que entre la lectura sapiencial y la histórica hay un nexo, pero el nexo con el salmo lo encontramos en la sola lectura histórica: a las palabras de Prov 2, 6 «Porque el Señor es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia», la lectura histórica muestra el error de la mujer Eva, que contempla el fruto prohibido y piensa que él es «excelente para lograr sabiduría» (Gn 3, 6). El salmo, como hemos dicho, responde directamente a la lectura histórica, diciendo que «ha llegado la hora» de apiadarse de Sión, que se convierte en una imagen del paraíso perdido: «están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas» (Sal 101, 15). La sucesión temática sería: Dios es la verdadera sabiduría (lectura sapiencial), pero el hombre se aferró a otra, destruyéndose a sí mismo y al mundo (lectura histórica), por eso suplicamos que Dios se apiade de nosotros y del mundo (psallendum).

            El lunes de la tercera semana tiene el mismo salmo, 101, 14s, pero en un nuevo contexto. Esta vez, la relación entre las lecturas sapiencial e histórica y el salmo es más armónica. En Prov 29, 1-14 se hace un elogio del hombre justo, pero se dan también las características del «hombre que, reprendido, endurece la cerviz, será pronto deshecho y sin remedio» (v. 1). Dios niega la entrada a la tierra prometida a los que le han despreciado, como nos lo transmite Nm 14, 23. En cambio, a su siervo «Caleb, ya que fue animado de otro espíritu y me obedeció puntualmente, le haré entrar en la tierra donde estuvo, y su descendencia la poseerá» (v. 24). Esto se ajusta a lo que se decía en la lectura sapiencial: «El rey que juzga con verdad a los débiles, asegura su trono para siempre» (v. 14), y un poco antes: «El rey, con la equidad, mantiene el país, el hombre exactor lo arruina» (v. 4)[19]. ¿Dónde se relaciona el salmo con las lecturas? En la súplica del pueblo de Dios por entrar en la tierra prometida, que se encarna en la celebración eucarística en la asamblea: el pueblo desorientado del libro de los Número gemía de desesperación (v. 1), mientras que el nuevo pueblo de Dios, que da alegría a su Padre (cf. Prov 29, 3), suplica que se apiade de Sión, del pueblo de Dios.

            La Semana Mayor (Hebdomada maiore) sigue el esquema de la Cuaresma. El Triduo reviste gran complejidad por sus numerosas lecturas previas.

 

Semana Mayor

Día

Lectura(s) previa(s)

Psallendum

In Dominico in ramis palmarum

Ecclo 3, 2-17 | Dt 11, 18-32

Sal 33, 12. 2-4. 6. 23. 9

Feria II in hebdomada maiore

Ecclo 3, 18-24 | Re 2, 1-14

Sal 139, 9b. 2s

Feria III in hebdomada maiore

Ecclo 18, 1-12 | Re 4, 8-37

Sal 108, 24-26. 22. 31

Feria IV in hebdomada maiore

 

Threni

Feria V in Cena Domini

Año I: Sb 1, 13-2, 1. 6. 12-23; 3, 9s. 12; 4, 6. 10. 14s | Jer 11, 15-12, 9; 17, 1; 12, 10-12

Año II: Za 2, 17-3, 5; 11, 7-14; 13, 7-9

Año I: Sal 22, 1-6

Año II: Sal 108, 1-8. 17. 21. 25. 30s

Feria VI in Parasceve

Año I: [Prov 3, 24-26] Is 52, 13-53, 12

Año II: [Miq 6, 1-8] Is 52, 13-53, 12

Año I: [Miq 6, 1-8][20] Sal 21, 2s. 7-23

Año II: Sal 21, 2s. 7s. 13-19; 68, 22; 21, 20-23

 

La pascua rompe con el esquema de la Cuaresma de dos lecturas previas, pero no regresa al esquema “tradicional” del Adviento y De Cotidiano de una lectura histórica previa:

 

Pascua

Día

Lectura previa

Psallendum

In Hilaria Paschae

Año I: Ap 1, 1-8

Año II: Ap 1, 9-18

Año I: Sal 117, 16. 24

Año II: Sal 138, 19. 1s

In II feria Paschae

Ap 2, 1-7

Sal 146, 1. 5

In III feria Paschae

Ap 2, 8-11

Sal 3, 6s

In IV feria Paschae

Ap 2, 12-17

Sal 113, 1. 11

In V feria Paschae

Ap 2, 18-29

Sal 28, 3. 11

In VI feria Paschae

Ap 3, 1-6

Sal 113, 20s

Sabbato Paschae ante octavas

Ap 3, 14-22

Sal 103, 24

In Octava Paschae

Año I: Ap 5, 1-13

Año II: Ap 7, 2-12

Año I: Sal 8, 2s

Año II: Sal 71, 18s; 105, 48

In tertio Dominico Paschae

Año I: Ap 3, 7-13

Año II: Ap 21, 9-23

Año I: Sal 46, 7s

Año II: Sal 3, 6s

In quarto Dominico Paschae

Año I: Ap 14, 1-7

Año II: Ap 10, 1-11

Año I: Sal 65, 1. 2. 8

Año II: Sal 97, 2s

In quinto Dominico Paschae

Año I: Ap 19, 11-16

Año II: Ap 19, 5-10

Año I: Sal 46, 7s

Año II: Sal 138, 18. 1s

In sexto Dominico Paschae

Año I: Ap 22, 1-5

Año II: Ap 8, 2-5; 20, 11; 12, 1-9; 21, 1s. 11a. 13; 22, 3b. 4a

Año I: Sal 65, 1. 2. 8

Año II: Sal 28, 11. 4-5a

In Ascensione Domini

Año I: Ap 4, 1-11

Año II: Re 2, 1-15

Año I: Ef 4, 8; Sal 67, 19. 25

Año II: Sal 67, 19. 33s

In septimo Dominico Paschae

Año I: Ap 7, 9-12

Año II: Ap 4, 2-4. 10s

Año I: Sal 54, 6s

Año II: Sal 46, 2. 6

In feria quae praecedit Penteco.

Is 1, 16-20

Sal 78, 8s

Sabbato ante Pentecosten

Año I: Nm 11, 16s. 24-29

Año II: Is 61, 1-5

Año I: Sal 78, 9; 73, 2. 19

Año II: Sal 103, 4. 30s

In Die Sancto Pentecosten

Año I: Ap 22. 6-17

Año II: Joel 2, 21-3, 2

Año I: Sal 103, 30s

Año II: Sal 50, 14. 12

 

            El Apocalipsis, aunque es un libro del Nuevo Testamento, recibe su particular exégesis del libro de los salmos. Con esto, la Pascua hispano-mozárabe expresa la unidad de ambos Testamentos, y de que uno puede servir para interpretar al otro. Esto no es algo meramente contextual: la primera lectura en Pascua se denomina Prophetia, a sabiendas de que se proclamará el libro del Apocalipsis[21]. También encontramos otra particularidad: la omisión consciente del salmo 50, debido a que nos encontramos en un tiempo de gozo, no de súplica[22]. En Pentecostés vuelve el salmo 50, lo mismo que las lecturas históricas, aunque desde un poco antes vemos esa vuelta. La explicación de esto, es la misma de la de por qué el primer domingo de Cuaresma tiene una sola lectura –que además no es sapiencial–: la cercanía con el tiempo De Cotidiano se hace sentir. No obstante, el salmo 50 no llega nunca a interpretar el Apocalipsis, sino al libro de Joel.

            En el sexto domingo, año I, nos encontramos con un salmo “típico” para algunos: simplemente se insta a alabar a Dios. Pero el salmo 65, 1s. 8 responde de forma clara a Ap 22, 1-5, cuando habla de la nueva Jerusalén: «En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto» (v. 3). En vez de hablarnos del río de agua de la vida –tema que podría interpretarse en clave bautismal–, la alabanza perfecta, la de los elegidos, es lo que quiere resaltar el salmo. Aún más: hace partícipe a la asamblea terrestre de la celebración eucarística del culto sempiterno. Con esto, el mismo salmo desglosa uno de los componentes del paraíso renovado[23].

            El domingo de la Octava también nos presenta la alabanza futura en Ap 5, 1-13, hablándonos del Cordero, digno «de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza» (v. 12). Pero el salmo amplía la temática en introduce la retribución: «dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes» (Sal 8, 3). Con esto, el salmo no se aleja de la “literalidad” de la lectura, sino que nos adelanta lo que sucederá, pues la lectura de Ap 5, 1-13 comienza a narrar lo que sería el principio del final de los tiempos.

            En el día de la Ascensión encontramos una comprensión nueva del Psallendum: lo conforma un salmo y un texto del Nuevo Testamento (Ef 4, 8; Sal 67, 19. 25):

 

  "Subiendo a lo alto llevó cautiva a la cautividad

y concedió dones a los hombres"[24].

V/. Se han visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, mi rey, al santuario.

R/. Concedió dones a los hombres.

 

            Aunque Ef 4, 8 cita al Sal 67, 19, el hecho de que se cite como sacado de Efesios nos da un contexto más amplio para la interpretación que hace el Psallendum de Ap 4, 1-11. En efecto, la literalidad del Sal 67, 19 –Subiendo a lo alto...– guarda relación con Ap 4, 1: «Sube aquí y te mostraré lo que ha de suceder después», pero en realidad, además de esto y de la consideración de Dios como rey, encontramos la multiplicidad de dones que Dios concede a los hombres, que hace que ellos mismos sean diversos:

 

Ap 4, 4-6

 

Ef 4, 8-12

 

Y alrededor del trono vi veinticuatro tronos, y sentados en los tronos veinticuatro ancianos vestidos con túnicas blancas, y sobre sus cabezas, coronas de oro. Del trono salen relámpagos, voces y truenos. Siete lámparas de fuego arden ante el trono: son los siete espíritus de Dios. Delante del trono, una especie de mar transparente como el cristal. En medio del trono y alrededor de él hay cuatro seres vivos llenos de ojos delante y detrás

Por esto dice: "Subiendo a lo alto llevó cautiva a la cautividad y concedió dones a los hombres". ¿Qué significa subió sino que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra? El que bajó es el mismo que subió sobre los cielos, para llevarlo todo a la plenitud. El constituyó a algunos como apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores, para que trabajen en perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo

 

 

            Sólo una ruminatio del texto bíblico puede descubrir que, en realidad, se está relacionando la jerarquía celeste con la jerarquía terrestre[25]. Y esta relación entre las jerarquías se pone de manifiesto en el comienzo de la misión de la Iglesia en la Ascensión, que nos narra el Apostolus del día: «Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, se presentaron junto a ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera que le habéis visto subir al cielo» (Hch 1, 11). Los hombres con vestiduras blancas se representan, en la iconografía cristiana, como ángeles.

 

De Cotidiano

Domingo

Lectura previa

Psallendum

In I Dominico

Is 6, 1-13

Sal 7, 12. 18

In II Dominico

Is 5, 8-16

Sal 9, 2s

In III Dominico

Is 5, 18-27

Sal 9, 10s

In IV Dominico

Is 40, 27-31

Sal 98, 4s

In V Dominico

Is 48, 12-15

Sal 12, 6

In VI Dominico

Is 48, 16-21

Sal 16, 5s

In VII Dominico

Is 51, 1-3

Sal 18, 13s

In VIII Dominico

Is 49, 1-6

Sal 19, 5. 7. 3

In IX Dominico

Is 46, 10-13

Sal 27, 4

In X Dominico

Jer 7, 1-7

Sal 25, 6-8

In XI Dominico

Jer 31, 31-34

Sal 26, 9s

In XII Dominico

Jer 8, 4-6. 11; 9, 2-5. 9s. 23s

Sal 27, 9

In XIII Dominico

Jer 3, 14-21

Sal 29, 24

In XIV Dominico

Jer 3, 22-24

Sal 29, 12s

In XV Dominico

Jer 5, 20-6, 1

Sal 38, 8. 13

In XVI Dominico

Jer 14, 18-21

Sal 45, 2s

In XVII Dominico

Jer 18, 1-12

Sal 46, 7-8

In XVIII Dominico

Jer 22, 13-19

Sal 54, 7. 6

In XIX Dominico

Jer 23, 2-8

Sal 54, 23; 36, 5

In XX Dominico

Jer 30, 3. 7-17

Sal 59, 13s

In XXI Dominico

Jer 30, 18-31, 1

Sal 60, 3s

In XXII Dominico

Jer 31, 10-14

Sal 63, 3; 19, 3

In XXIII Dominico

Jer 32, 26-35

Sal 64, 2s

In XXIV Dominico

Jer 32, 36-42

Sal 65, 1. 2. 8

In XXV Dominico

Jer 33, 3-11

Sal 68, 17-19. 30

In XXVI Dominico

Ez 9, 1-11

Sal 70, 17s. 9

In XXVII Dominico

Ez 28, 21-23

Sal 78, 8s

In XXVIII Dominico

Ez 28, 25s

Sal 85, 16. 11

In XXIX Dominico

Ez 34, 22-30

Sal 85, 2. 3s

In XXX Dominico

Ez 36, 22-30

Sal 88, 50. 3s

In XXXI Dominico

Ez 36, 33-38

Sal 85, 17. 1s

In XXXII Dominico

Ez 37, 1-14

Sal 89, 1. 16s

In XXXIII Dominico

Ez 37, 15-24

Sal 103, 33s

 

            El leccionario De Cotidiano, independiente de la eucología del día[26], desarrolla una temática nueva cada domingo, por lo menos en lo que al binomio Prophetia-Psallendum se refiere. El domingo X, la lectura de Jer 7, 17 sobre la pureza del corazón como condición de posibilidad del culto queda resumida por el Psallendum: tanto en la lectura como en el salmo se habla de la Casa del Señor (Jer 7, 2; Sal 26, 8); en ambos se habla de la presencia de Dios en el lugar de culto (Jer 7, 7; Sal 26, 8). Además, descubrimos cómo la asamblea imita al profeta: en Jer 7, 2-7 es el profeta quien anuncia la palabra de Dios, mientras que el salmo declara que es la asamblea: «ando en torno a tu altar, Señor, haciendo resonar la acción de gracias, todas tus maravillas pregonando». Al mandato profético de no verter sangre inocente en el Templo (cf. Jer 7, 6), el salmo da a entender que la inocencia es una actitud previa al acceso al servicio cultual: «Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar» (Sal 25, 6).

            En el domingo XXVIII, el libro de Ezequiel nos presenta la reunión de los dispersos en clave escatológica. La insistencia en la seguridad (cf. Ez 28, 26) recibe en el salmo un carácter de súplica: «salva al hijo de tu esclava» (Sal 85, 16). La razón de esto está en que el profeta anuncia la realidad escatológica, pero en este mundo necesitamos de la salvación para sentirnos seguros en nuestro hodie y prefigurar la seguridad en el eterno hodie divino. El versículo 11 del salmo, aparentemente sin conexión con la lectura de Ezequiel, representa lo que sería el medio para alcanzar esa esperanza escatológica: «Enséñame tus caminos Señor, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre». De este modo, el salmo nos indica cuál debe ser nuestra actitud de cara a la eternidad: suplicar la seguridad que no tenemos, y caminar según la verdad de Dios.

 

  1. El canto de laudes

 

El rito hispano-mozárabe presenta un elemento original relacionado con el evangelio: en vez de un canto precedente que responda en cierto modo a la lectura anterior o que preludie el evangelio mismo, el canto de Laudes representa un canto habitualmente aleluyático[27] que responde a la lectura evangélica y, si es el caso, también a la homilía. Muchos Laudes se limitan a ser un canto de alabanza por la acción salvífica que se llevó/lleva a cabo. Pero algunos interpretan el texto evangélico, resaltando algún aspecto fundamental.

 

Adviento-Navidad

Domingo

Evangelio

Laudes

In primo Dominico de Adventu

Año I: Lc 3, 1-18

Año II: Mt 3, 1-11

Año I: Sal 19, 3

Año II: Sal 46, 2

In secundo Dominico de Adventu

Año I: Mt 11, 2-15

Año II: Mt 11, 2-15

Año I: Sal 84, 7

Año II: Sal 32, 3

In tertio Dominico de Adventu

Año I: Mt 21, 1-17

Año II: Mt 21, 1-9

Año I: Sal 32, 3

Año II: Sal 99, 1

In quarto Dominico de Adventu

Mc 12, 38-13, 33

Sal 79, 2

In quinto Dominico de Adventu

Año I: Lc 17, 20-24

Año II: Mc 1, 1-8

Año I: Sal 79, 15

Año II: Sal 101, 16

In sexto Dominico de Adventu

Año I: Mc 1, 1-8

Año II: Lc 3, 1-18

Año I: Sal 94, 1

Año II: Sal 32, 3

In Nativitate Domini

Año I: Lc 2, 6-20

Año II: Lc 2, 1-20

Año I: Sal 110, 9

Año II: Sal 110, 9

In Circumcisione Domini

Año I: Lc 2, 21-40

Año II: Lc 2, 21-40

Año I: Sal 46, 2

Año II: Sal 101, 16

In initio anni

Año I: Jn 1, 1-17

Año II: Mt 10, 5-8

Año I: Sal 101, 16

Año II: Sal 117, 8

In Apparitione Domini

Año I: Mt 2, 1-23

Año II: Mt 2, 1-15

Año I: Sal 148, 3

Año II: Sal 148, 3

 

            En el domingo V de Adviento, año I, en el evangelio encontramos que Jesús discute con los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les contesta que «está ya en medio de vosotros» (Lc 17, 21) y, sin embargo, también dice que el día del Hijo del Hombre está por venir. El Reino, que tiene su inicio aquí, se consolidará en el mundo futuro, cuando Cristo vuelva en gloria. El canto Laudes se queda con esta idea, y clama: «ven a visitar tu viña» (Sal 79, 15). En boca de la asamblea, la Esposa clama por la venida del Esposo. Con esto se confirma la palabra de Cristo: «Vendrá un tiempo en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del Hombre» (Lc 17, 22). Aunque no podemos ver uno solo de esos días, la “liturgia eucarística”, a la que se pasa después del Laudes, nos ofrece una anticipación de esos días. De este modo, el salmo sirve de vehículo entre ambas partes de la misa y para expresar el sentido escatológico del sacramento mismo.

 

Cuaresma

Día

Evangelio

Laudes

In I Dominico Quadragesimae

Mt 4, 1-11

Año I: Sal 77, 1

Año II: Sal 18, 11; 118, 103

Missa ieiunii de II feria incho.

Jn 1, 1-14

Sal 21, 24. 27

Feria III in prima hebdomada

Jn 1, 15-28

Sal 52, 4. 5-6

Feria IV in prima hebdomada

Jn 1, 29-34

Sal 70, 23a. 22a

Feria V in prima hebdomada

Jn 1, 35-51

Sal 102, 1s

Feria VI in prima hebdomada

Jn 2, 12-23

Sal 103, 33s

Sabbatum in prima hebdomada

Jn 3, 16-21

Sal 112, 1s

In II Dominico Quadragesimae

Jn 4, 3-42

Sal 68, 31. 35

Feria II in secunda hebdomada

Jn 3, 22-36

Sal 135, 1-2a

Feria III in secunda hebdomada

Jn 5, 19-30

Sal 104, 1a. 4

Feria IV in secunda hebdomada

Jn 5, 19a. 31-38

Sal 146, 1. 3. 7a

Feria V in secunda hebdomada

Jn 5, 19a. 39-6, 2

Sal 68, 31s

Feria VI in secunda hebdomada

Jn 6, 3-14

Sal 108, 30s

Sabbatum in secunda hebdom.

Jn 6, 15-23

Sal 139, 2-5a

In III Dominico Quadragesimae

Jn 9, 1-38

Sal 104, 1a. 4

Feria II in tertia hebdomada

Jn 6, 24-29

Sal 21, 24. 27

Feria III in tertia hebdomada

Jn 6, 30-35

Sal 62, 4. 5s

Feria IV in tertia hebdomada

Jn 6, 35-40

Sal 70, 23a. 22a

Feria V in tertia hebdomada

Jn 6, 41-47

Sal 102, 1s

Feria VI in tertia hebdomada

Jn 8, 2-11

Sal 103, 33s

Sabbatum in tertia hebdomada

Jn 6, 43. 48-58

Sal 112, 1s

In IV Dominico Quadragesimae

Jn 7, 2-30

Sal 70, 23s

Feria II in quarta hebdomada

Jn 6, 53. 58-63a

Sal 135, 1-2a

Feria III in quarta hebdomada

Jn 6, 61a. 63b-70

Sal 104, 1a. 4

Feria IV in quarta hebdomada

Jn 7, 32-38

Sal 146, 1. 3. 7a

Feria V in quarta hebdomada

Jn 7, 37-44

Sal 68, 31s

Feria VI in quarta hebdomada

Jn 8, 21-30

Sal 108, 30s

Sabbatum in quarta hebdomada

Jn 8, 31-59

Sal 139, 2-5a

In V Dominico Quadragesimae

Jn 11, 1-52

Año I: Sal 139, 2-5a

Año II: Sal 108, 30; 34, 18; 108, 31

Feria II in quinta hebdomada

Jn 10, 1-16

Sal 21, 24. 27

Feria III in quinta hebdomada

Jn 10, 17-21

Sal 62, 4. 5s

Feria IV in quinta hebdomada

Jn 10, 22-42

Sal 70, 23a. 22a

Feria V in quinta hebdomada

Jn 12, 20-28

Sal 102, 1s

Feria VI in quinta hebdomada

Jn 12, 29-36

Sal 103, 33s

Sabbatum in quinta hebdomada

Jn 12, 37-50

Sal 112, 1s

 

            Exceptuando el primer domingo –que no es propiamente penitencial–, la Cuaresma hispana sigue los relatos del cuarto evangelio[28]. El Laudes del V domingo, año I, responde a algo que no aparece claro en el evangelio leído, sino en el versículo siguiente al texto proclamado: «Así, desde aquel día decidieron darle muerte» (Jn 11, 53). El amplio Laudes pide la liberación de Cristo de sus enemigos:

 

Líbrame, Señor, del hombre malo, del hombre violento guárdame.

V/. En su corazón maquinan males, y peleas albergan todo el día.

R/. Del hombre violento guárdame.

V/. Aguzan su lengua igual que una serpiente, veneno de víbora hay bajo sus labios.

R/. Del hombre violento guárdame.

V/. Presérvame, Señor, de las manos del impío, del hombre violento guárdame.

R/. Del hombre violento guárdame.

 

            Cristo viene a redimirnos. ¿Por qué suplicamos en el Laudes que Cristo sea liberado del hombre violento? Porque el hombre violento no es un “hombre”, sino el Maligno. El contexto del domingo V, la resurrección de Lázaro, nos indica cómo Cristo vence el poder del Demonio al arrebatar a un muerto del Sheol. Esta idea queda bien expresada en el Apostolus: «Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios le guarda, y el Maligno no le alcanza. Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del Maligno» (1Jn 5, 16-20)[29]. Los bautizados somos de Dios porque Él nos ha rescatado en su Hijo. Jesucristo, Hijo de Dios, viene del Padre, ha “nacido” de Dios al ser su Unigénito, por lo que el Maligno no le puede alcanzar. Él no conoció pecado. Sin embargo, como lo deja entrever algún apócrifo[30], el Tentador no sabe si Jesús proviene verdaderamente de Dios. Por eso le tienta (cf. Mt 4, 1ss y paralelos). Por medio del Laudes, la asamblea se hace contemporánea a ese momento previo a la Pasión[31], en el que el Maligno no ha sido derrotado. Por eso se pide que ese “hombre” violento no se abalance sobre Cristo.

 

Semana Mayor

Día

Evangelio

Laudes

In Dominico in ramis palmarum

Jn 11, 55-12, 13

Año I: Sal 135, 1s

Año II: Sal 145, 1b-2a

Feria II in hebdomada maiore

Jn 7, 43-8, 2

Sal 117, 14. 13

Feria III in hebdomada maiore

Jn 8, 12-20

Sal 118, 121. 122

Feria IV in hebdomada maiore

Mt 26, 2-16

Sal 17, 2b. 3a

Feria V in Cena Domini

Año I: Lc 22, 7-22, Jn 13, 1-11...

Año II: Jn 13, 1; Lc 23, 3-6; 22; 7-16...

Año I: Sal 108, 1-7. 21

Año II: Sal 42, 5; 40, 10

Feria VI in Parasceve

Año I: Mt 27, 1-11; Jn 18, 37; 19, 13...

Año II: Mt 27, 1-11; Jn 18, 34-37. 28-32...

Año I: [Miq 6, 1-8]

Año II: Salmo miserere (Sal 50, 3-13)

 

El evangelio de la feria V nos recuerda al Diatessaron (a. 175), que era un texto compuesto de los cuatro evangelios por un discípulo de Justino, Taciano el sirio. En el año I, el Laudes interpreta esta lectura armónica de los evangelios de forma similar al del V domingo de Cuaresma. Hay que resaltar la particular recensión del texto de Sal 108, 1-7. 21, que aunque se acerque a la Vulgata, da un matiz importante, que asemeja la interpretación del Laudes con el del V domingo de Cuaresma:

 

Vulgata

Feria V in Cena Domini

Deus, laudem meam ne tacueris,

quia os peccatoris et os dolosi super me apertum est.

Locuti sunt adversum me lingua dolosa,

et sermonibus odii circumdederunt me:

et expugnaverunt me gratis.

Pro eo ut me diligerent, detrahebant mihi;

ego autem orabam.

Et posuerunt adversum me mala pro bonis, et odium pro dilectione mea.

Constitue super eum peccatorem,

et diabolus stet a dextris ejus.

Deus, laudem meam ne tacueris,

quia os impii et os dolosi contra me apertum est.

 

Locuti sunt adversum me lingua mendaci,

verbis odii circumdederunt me, et expugnaverunt me gratis.

Pro eo quod eos diligebam adversabantur,

ego autem orabam por[32] eis.

Posuerunt adversum me mala pro bonis,

et odium pro dilectione mea.

Constitue super eum impium diabolum,

et Satan stet a dextris eius.

 

            La oposición y el sentido diabólico de las acciones en contra de Cristo se ponen de manifiesto. Frente a la violencia del enemigo de Cristo, el Laudes del año II nos habla del homo pacis.

 

Pascua

Día

Evangelio

Laudes

In Hilaria Paschae

Año I: Jn 20, 1-18

Año II: Lc 24, 1-12

Año I: Sal 110, 9

Año II: Mt 28, 6s

In II feria Paschae

Mc 16, 9-20

Lc 24, 13-35

In III feria Paschae

Lc 24, 13-35

Sal 99, 2

In IV feria Paschae

Lc 24, 36-46

Sal 76, 14s

In V feria Paschae

Lc 24, 46-53

Sal 103, 10

In VI feria Paschae

Jn 21, 1-14

Sal 105, 4

Sabbato Paschae ante octavas

Jn 21, 15-19a

Sof 3, 8

In Octava Paschae

Año I: Jn 20, 19-31

Año II: Jn 20, 19-31

Año I: Lc 24, 36

Año II: Lc 24, 36

In tertio Dominico Paschae

Año I: Jn 5, 1-18

Año II: Mt 14, 22-32; 8, 26

Año I: Sal 99, 2

Año II: Sof 3, 8

In quarto Dominico Paschae

Año I: Jn 4, 45-54

Año II: Jn 13, 33-14, 13

Año I: Sal 76, 14s

Año II: Gal 3, 13; Ap 1, 5; 1Pe 2, 24

In quinto Dominico Paschae

Año I: Lc 8, 41-9, 2

Año II: Jn 15, 1-15

Año I: Sal 105, 4

Año II: Sal 32, 3

In sexto Dominico Paschae

Año I: Mc 2, 13-22

Año II: Jn 16, 19-33

Año I: Sal 134, 3

Año II: Sal 109, 4

In Ascensione Domini

Año I: Jn 16, 5-22

Año II: Lc 24, 36-53

Año I: Sal 46, 6

Año II: Sal 117, 16

In septimo Dominico Paschae

Año I: Mc 9, 14-29

Año II: Mc 16, 15-20

Año I: Sal 17, 17; Ef 1, 20

Año II: Sal 88, 14

In feria quae praecedit Penteco.

Mt 15, 32-38

Sal 105, 4

Sabbato ante Pentecosten

Año I: Jn 3, 1-15

Año II: Jn 14, 23-31

Año I: Sal 148, 1

Año II: Sal 50, 14

In Die Sancto Pentecosten

Año I: Jn 14, 15-27

Año II: Jn 15, 26s; 16, 12-15; 17, 1-3. 11. 21s. 24-26

Año I: Sal 50, 14

Año II: Sal 103, 30

 

            En Pascua, el canto de Laudes pierde en algunos días su carácter sálmico, y echa mano de los evangelios. Así en el domingo de la Octava, la aparición de Cristo a los discípulos según el evangelio de Juan (20, 19-31) es respondido con el evangelio de Lucas (24, 36). La resurrección, la temática evangélica y el júbilo son los temas redundantes. En el domingo IV, año II, volvemos a encontrar, por medio de alusiones, la victoria de Cristo sobre el Enemigo, pero no vemos relación dialógica con el ya de por sí disperso evangelio del día.

 

De Cotidiano

Domingo

Evangelio

Laudes

In I Dominico

Mt 5, 17-26

Sal 7, 3

In II Dominico

Mt 4, 18-23

Sal 18, 2

In III Dominico

Mt 8, 1-13

Sal 19, 10

In IV Dominico

Mt 8, 14-26

Sal 20, 2

In V Dominico

Mt 24, 3-36

Sal 21, 23

In VI Dominico

Mt 7, 12-21

Sal 23, 1

In VII Dominico

Mc 1, 35-44

Sal 27, 9

In VIII Dominico

Mc 5, 21-34

Sal 27, 9

In IX Dominico

Mc 10, 17-31

Sal 27, 9; 32, 3

In X Dominico

Mc 10, 46-52

Sal 32, 3

In XI Dominico

Lc 4, 31-5, 7

Sal 39, 2s

In XII Dominico

Lc 5, 12-26

Sal 56, 2

In XIII Dominico

Lc 5, 27-6, 10

Sal 64, 2

In XIV Dominico

Lc 6, 37-48

Sal 68, 31

In XV Dominico

Lc 7, 1-16

Sal 68, 33

In XVI Dominico

Lc 15, 11-32

Sal 73, 12

In XVII Dominico

Lc 16, 1-10

Sal 76, 14s

In XVIII Dominico

Lc 16, 19-17, 4

Sal 77, 1

In XIX Dominico

Lc 18, 10-14

Sal 77, 2

In XX Dominico

Lc 17, 11-19

Sal 79, 15

In XXI Dominico

Lc 17, 20-37

Sal 88, 14

In XXII Dominico

Lc 18, 1-8

Sal 94, 1

In XXIII Dominico

Lc 18, 15-17

Sal 101, 2

In XXIV Dominico

Lc 18, 18-30

Sal 101, 22

In XXV Dominico

Lc 18, 31-34

Sal 112, 5s

In XXVI Dominico

Lc 18, 35-43

Sal 113, 1

In XXVII Dominico

Lc 19, 1-9

Sal 117, 25

In XXVIII Dominico

Lc 19, 11-28

Sal 117, 16

In XXIX Dominico

Lc 20, 9-18

Sal 134, 3

In XXX Dominico

Lc 20, 19-26

Sal 144, 15

In XXXI Dominico

Lc 21, 1-4

Sal 147, 12

In XXXII Dominico

Lc 21, 5-11

Sal 147, 14

In XXXIII Dominico

Lc 21, 12-19

Sal 150, 4

 

            Si en los demás tiempos observamos un uso indistinto de los evangelios, y en Cuaresma el evangelio de Juan, en De Cotidiano encontramos una ordenara presentación de los sinópticos, aunque con predilección por el evangelio de Lucas. La relación entre los Laudes y los evangelios es a veces compleja. Al evangelio del hijo pródigo del Domingo XVI, el Laudes es: Rex noster ante saecula, operatus est salutem in medio terrae. No glorifica a Dios, pero tampoco describe un aspecto del evangelio. Al evangelio del rico y el pobre Lázaro, el Laudes es: Attende popule meus, legem meam[33]. En el Domingo siguiente, el Laudes se limita a señalar que texto evangélico es una parábola: Aperiam in parabolis os meum, loquar propositiones ab initio saeculi. En otras palabras, los cantos Laudes del tiempo De Cotidiano suelen ser meramente descriptivos o simplemente inconexos con los evangelios proclamados. Esto queda claramente de manifiesto el Domingo XXIII: al evangelio de los niños que se acercan a Jesús, el Laudes es: Domine, exaudi orationem nostram, et clamor noster ad te veniat. En una futura renovación, sería bueno establecer una armonía entre Laudes y evangelio.

 

Los salmos en el Breviario

 

  1. Oficio de difuntos

 

            El Breviarium Gothicum se encuentra a la espera de una renovación. Su uso está limitado prácticamente a la Capilla Corpus Christi de la Catedral de Toledo. Por lo tanto, nos limitamos a tratar ahora, brevemente, un oficio que conlleva una nueva comprensión del salterio: el oficio de difuntos. Al principio habíamos aludido a que en el rito hispano el concepto mismo de “salmo” podía cambiar. Y en el Officium mortuorum vemos que esto es así. Limitándonos a las vísperas, encontramos que los Psalmus, y los Psalmus David no son un solo salmo, sino centones de textos bíblicos, casi siempre sálmicos.

 

INCIPIT OFFICIUM MORTUORUM

Ad Vesperos.

Antiphona. Eripe Domine animas nostras de morte; ut placeamus tibi in lumine viventium.

 

Psalmus.

Eripe animam meam ab impio, frameam tuam                                                        Sal 16, 13

ab inimicis manus tuae.                                                                                                  Sal 16, 14

Eripe me de manu inimicorum meorum et a persequentibus me                            Sal 30, 16

Illustra faciem tuam super servum tuum,                                                                   Sal 30, 17

salvum me fac in misericordia tua:                                                                                              Ibid.

Domine ne confundar, quoniam invocavi te                                                                              Sal 30, 18

Eripe me de inimicis meis Deus meus:                                                                          Sal 58, 2

et ab insurgentibus in me libera me.                                                                              Ibid.

Eripe me de operantibus iniquitatem:                                                                          Sal 58, 3

et de viris sanguinum salva me                                                                                      Ibid.

Eripe me de luto ut non infigar:                                                                                     Sal 68, 15

libera me ab his oderunt me, et de profundis aquarum                                            Ibid.

Eripe me quia tu scis improperium meum,                                                                  Sal 68, 19s

et confusionem meam, et reverentiam meam.                                                           Sal 68, 20

Eripe me de inimicis meis Domine, ad te confugi:                                                     Sal 142, 9

doce me facere voluntatem tuam, quia Deus meus es tu.                                        Sal 142, 10

Eripe me et libera me de aquis multis;                                                                          Sal 143, 7

de manu filiorum alienorum                                                                                          Ibid.

Quorum os locutum est vanitatem:                                                                                              Sal 143, 8

et dextera eorum dextera iniquitatis.                                                                            Ibid.

Eripe me Domine ab homine malo:                                                                                             Sal 139, 2

a viro iniquo eripe me.                                                                                                     Ibid.

Eripies me de contradictionibus populi:                                                                       Sal 17, 44

constitues me in caput gentium.                                                                                    Ibid.

Eripiens inopem de manu fortiorum ejus:                                                                   Sal 34, 10

egenum et pauperem a diripientibus eum.                                                                   Ibid.

eripuit me de inimicis meis fortissimis, et                                                                     Sal 17, 18

ab his qui oderunt me:                                                                                                     Ibid.

quoniam conformati sunt super me.                                                                            Ibid.

                Gloria, et honor.

 

Antiphona. Vivent mortui tui Domine, et interfecti mei resurgent. Alleluia, alleluia.

V\. Expergiscimini, qui dormitis in pulvere: et laudate Dominum Deum vestrum. Alleluia, alleluia.

 

Psalmus David.

Usquequo exaltabitur inimicus meus super me?                                                        Sal 12, 3

respice, et exaudi me Domine Deus meus.                                                                  Sal 12, 4

Usquequo Domine oblivisceris in finem?                                                                     Sal 12, 1

usquequo avertis faciem tuam a me?                                                                          Ibid.

Usquequo improperabit me inimicus:                                                                          Sal 73, 10

irritat adversarius nomen tuum in finem?                                                                   Ibid.

Usquequo Domine irasceris in finem:                                                                           Sal 78, 5

accedendentur velut ignis zelus tuus?                                                                           Ibid.

Usquequo Domine avertis in finem:                                                                             Sal 88, 47

exardescet sicut ignis ira tua?                                                                                         Ibid.

Usquequo peccatores Domine,                                                                                      Sal 93, 3

usquequo peccatores gloriabuntur?                                                                                              Ibid.

Usquequo gravi corde? ut quid diligitis vanitatem,                                                    Sal 4, 3

et quaeritis mendacium?                                                                                                 Ibid.

Usquequo iudicatis iniquitatem:                                                                                    Sal 81, 2

et facies peccatorum sumitis?                                                                                        Ibid.

                Gloria, et honor.

 

Antiphona. Redime Domine animas servorum tuorum.

P. Alleluia.

V\. Custodi omnia ossa eorum; et non derelinquas animas servorum tuorum.

P. Alleluia.

V\. Gloria, et honor Patri.

 

Psalmus David.

Redime me, et miserere mei:                                                                                          Sal 25, 11

pes meus stetit in via recta:                                                                                            Sal 25, 12

in Ecclesiis benedicam te Domine.                                                                                Ibid.

Redimet Dominus animas servorum suorum:                                                            Sal 33, 23

et not derelinquet omnes qui sperant in eo.                                                                 Ibid.

Redemisti in brachio tuo populum tuum,                                                                    Sal 76, 16

filios Iacob, et Ioseph.                                                                                                     Ibid.

Redemptionem misit Dominus populo suo:                                                                Sal 110, 9

mandavit in aeternum testamentum suum.                                                                Ibid.

Gloria, et honor.

 

Antiphona. Non intres in judicio

P. Cum servis tuis, Domine;

V\. Quia non iustificabitur in conspectu tuo omnis vivens.

P. Cum servis.

V\. Gloria, et honor.

P. Cum servis.

 

Psalmus.

Numquid in aeternum projiciet Deus:                                                                          Sal 76, 8

aut non apponet ut complacitior sit adhuc?                                                               Ibid.

Numquid in aeternum irasceris nobis?                                                                         Sal 84, 6

aut extendes iram tuam a generatione in generationem?                                         Ibid.

Numquid irascetur per singulos dies?                                                                            Sal 7, 12

Numquid confitebitur tibi pulvis,                                                                                   Sal 29, 10

aut annuntiabit veritatem tuam?                                                                                  Ibid.

Numquid mortuis facies mirabilia:                                                                               Sal 87, 11

aut medici suscitabunt et confitebuntur tibi?                                                                             Ibid.

Numquid narrabit aliquis in sepulchro misericordiam tuam,                                   Sal 87, 12

et veritatem tuam in perditione?                                                                                   Ibid.

Numquid cognoscentur in tenebris mirabilia tua,                                                       Sal 87, 13

et iustitia tua in terra oblivionis?                                                                                    Ibid.

Numquid adhaeret tibi sedes iniquitatis,                                                                      Sal 93, 20

qui fingis laborem in praecepto?                                                                                   Ibid.

Numquid in fluminibus iratus es Domine?                                                                  Hab 3, 8

aut in fluminibus furor tuus?                                                                                          Ibid.

aut in mari indignatio tua?                                                                                                             Ibid.

Numquid non Deus est pater tuus,                                                                                Dt 32, 6

qui possedit, et fecit, et creavit te?                                                                                Ibid.

Numquid Sion dicet: Homo,                                                                                          Sal 86, 5

et homo natus est in ea:                                                                                                  Ibid.

et ipse fundavit eam Altissimus.                                                                                    Ibid.

Numquid obliviscetur misereri Deus?                                                                           Sal 76, 10

aut continebit in ira sua misericordias suas?                                                                               Ibid.

Gloria, et honor.

 

Como se puede observar, los textos han sido seleccionados según un término inicial, que recoge la intencionalidad del Psalmus o Psalmus David en cuestión. Esto que pudiera parecer meramente anecdótico, revela no sólo un esfuerzo humano, sino también la labor de escrutar el salterio. Si la lectura semicontinua representa el primer paso de una selección de perícopas según una temática concreta, aquí vemos este principio llevado al extremo. El conocimiento del autor del Officium llega a su punto álgido cuando incluye dos textos no sálmicos: Dt 32, 6 y Hab 3, 8. El autor conoce bien el Antiguo Testamento, o por lo menos lo ha revisado escrupulosamente en busca del adverbio numquid. ¿Qué es para el autor un salmo? La respuesta se encuentra en la temática homogénea, que implica una alabanza insistente y pensada.

 

  1. Títulos sálmicos.

 

Analizar los títulos de los ciento cincuenta salmos es una labor muy extensa que no podemos hacer aquí. Baste con presentar algún ejemplo de cierto interés para vislumbrar la capacidad que tienen de expresar el sentido de los salmos. Para el rito romano, «cada salmo va precedido de un título que denota su sentido e importancia para la vida del creyente. Estos títulos se proponen en el libro de la Liturgia de las Horas tan sólo para utilidad de los que recitan los salmos» (OGLH 111). Los títulos sálmicos hispano-mozárabes pretenden más bien una contextualización histórica del texto sálmico, aunque teniendo por autor del salterio a David. En el salmo 50 vemos con claridad el distinto uso de los salmos:

 

 

 

 

 

Salmo 50

Título romano (Liturgia de las Horas)[34]

Título hispano

Miserere mei, Deus

In finem Psalmus David cum veniret ad eum Natan propheta, quando intravit Bersabe, et dixit

 

            En el título romano se realiza una “personalización” del salmo. En el hispano el salmo se convierte en expresión de un acontecimiento de la vida del rey David (cf. 2Sam 11-12). Pero también existen en el BG títulos más abstractos: De humilitate (Sal 129), Speratio futurorum (Sal 124), etc. No obstante, los títulos “históricos” son los que invitan a conocer a fondo la Escritura: Victori servo Domini David, qui locutus est ad Dominum verba cantici hujus in die qua liberavit eum Dominus de manu omnium inimicorum suorum, et de manu Saul, et ait: (Sal 17). Algunos títulos dan una connotación cristológica: Canticum psalmus David. Passio Christi (Sal 107), Pro victoria David Canticum. Victoria Christi (Sal 108).

 

***

 

La comprensión del salterio en el rito hispano-mozárabe es amplia. Aunque posea menos elementos exegéticos que el actual rito romano, el salterio tiene una amplitud de sentidos y usos. Además de la interacción primera lectura – salmo con el Psallendum, encontramos la sucinta respuesta del canto de Laudes a la lectura evangélica, el sentido monotemático de ‘salmo’ del Oficio de Difuntos del Breviario Gótico y la acomodación histórica de los títulos sálmicos del Breviario. Todos estos usos del salterio nos indican el gran valor que este rito litúrgico concede a los salmos, aunque no sean el centro ni formen parte de todos sus oficios de las horas. Quizás la poca importancia del salterio en el Oficio Divino tenga su contrapartida en su doble presencia en la Liturgia de la palabra de la misa, aunque sea de forma breve. Pero esta misma brevedad nos hace preguntarnos si el canto Laudes y el Psallendum, además de constituir la respuesta de la asamblea a la palabra de Dios proclamada, no cumplan la función de los títulos de las lecturas en el rito romano. En cualquier caso, queda claro su carácter de respuesta a la palabra, su sentido doxológico y su eventual carácter exegético.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] O. Casel, El misterio del culto cristiano, San Sebastián, 1953, 192.

[2] Ibid.

[3] Esto, sin embargo, no es privativo del rito hispano.

[4] Esta estructuración tiene una amplia expresión en el Oficio Divino hispano.

[5] H-J. Kraus, Teología de los salmos, Salamanca, 1985, 242.

[6] Cf. P. Salmon, Les ‘Tituli psalmorum’ des manuscrits latins, París, 1959.

[7] «Después de la lectura profética o, en su lugar, la lectura histórica, se canta el Psallendum, análogo por su función y su estructura al Graduale romano y al Psalmellus ambrosiano. San Isidoro atribuye a san Leandro la composición de un repertorio de psallenda»: Missale Hispano-Mozarabicum (=MHM), Prenotandos, n. 35.

[8] Prenotandos, n. 36.

[9] Cf. A. Ivorra, Las colectas sálmicas del nuevo ritual de exorcismos, en Phase 278, 2007, 131.

[10] F. M. Arocena, La celebración de la palabra. Teología y pastoral, Barcelona, 2005, 98.

[11] Conferencia Episcopal Española. Arzobispado de Toledo, 1991.

[12] G. Ramis ofrece un breve comentario en su artículo sobre el leccionario de adviento: «Nella I domenica della tradizione B (annus primus del LC) si legge Is 11,1-10, la profezia del germoglio di Iesse sul quale riposerà lo Spirito di Dio, e anche la felicità dei tempi messianici; ma questo brano va preceduto dai versetti finali del capitolo precedente Is 10,33-34, dove il profeta parla della fine cattiva degli alberi e del bosco; così si evidenza il contrasto con il germoglio di Iesse»: Il lezionario del rito ispano-mozarabico, en Rivista Liturgica 88 (2001) 945.

[13] La versión castellana de la Liturgia de las horas elimina el sentido latino, presente tanto en la Vulgata como en la Neo-Vulgata, y traduce: «envía una orden, y se derriten».

[14] Aquí se observa un paralelismo con los textos del N.T. que llaman a los cristianos ‘santos’: Cf. Hch 9, 13. 32. 41; 26, 10; Rm 12, 13; 15, 25s. 31, etc.

[15] I. Tomás Cánovas, Teología de las celebraciones del tiempo de Navidad en la liturgia Hispano-Mozárabe revisada en 1991, Bilbao, 2003. 61 y 165.

[16] «La Biblia aparece a los ojos de la Esposa como palabra continuamente abierta a nuevos desarrollos no heterónomos [...] Por eso, ¿cómo no entender a Gregorio Magno cuando escribe: “la palabra de Dios crece con el que la lee”? que nosotros nos atreveríamos a modificar así: la palabra de Dios crece con el orante (Scriptura crescit cum orante), entendiendo aquí por orante la Ecclesia orans, la Iglesia que celebra»: F. M. Arocena, La celebración de la palabra, 84s.

[17] V. Martín Pintado estudió los sistemas de lecturas cuaresmales del anterior misal, pero no dedicó ningún apartado a los salmos: cf. V. Martín Pintado, Los sistemas de lectura de la Cuaresma Hispánica. Investigación desde la perspectiva de una comparación de liturgias, Salamanca, 1977, 181-391. La ausencia de los salmos en su estudio, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de un estudio comparado de liturgias –que implica la puesta en práctica de las teorías de A. Baumstark– nos indican la falta de sensibilidad hacia el salterio en ese momento.

[18] Sobre las lecturas sapienciales, Federici las comprende «como reflexión sobre el hombre y su destino, su comportamiento para consigo mismo, para con el prójimo, para con Dios, para con el mundo, y como descubrimiento progresivo de la intervención de la divina Sabiduría, la Esposa divina amada, que viene para estar nupcialmente con la comunidad redimida, con amor omnipotente»: T. Federici, Estructura de la liturgia de la Palabra en los leccionarios antiguos y en el “Ordo Lectionum Missae”, citado en AA.VV., Oyentes de la palabra, Cuadernos Phase 105, Barcelona, 55.

[19] Aquí vemos tipificado al hombre injusto de Proverbios: «la conducta antisocial es duramente fustigada en el libro. Y no sólo por la repercusión que dicha conducta pueda tener en el orden social, sino también porque acaba destruyendo a su ejecutor, demostrando así que desprecia el camino de la sabiduría»: V. Morla Asensio, Libros sapienciales y otros escritos, Estella, 1994, 122.

[20] Los textos entre [] son denominados responsus.

[21] Esto se hace porque el Apocalipsis es un libro profético para la comunidad de los redimidos, indicando cómo será la vida futura de dicha comunidad.

[22] En este tiempo se suprimía también el Kyrie: «La razón de tal exclusión hay que verla en una falsa interpretación penitencial de Kyrie eleison. Seguramente estos Kyries, pertenecientes a las “preces” del Oficio, eran recitados durante todo el año y además de rodillas, y precisamente para evitar este signo de penitencia se suprimieron en el tiempo pascual ambas cosas. Se había ligado las preces con la actitud de rodillas como perteneciéndose mutuamente. Pero en sí, ni el Kyrie ni las “preces” del Oficio tienen un carácter penitencial. Sólo una evolución posterior les concedió ese sentido. Por esta misma razón quizá se prescribe en el Antifonario la supresión del salmo 50 en el Oficio: “Psalmum 50 non dicitur ab isto die (Pascua) usque in Sanctum Pentecosten”. A ésta hay que reducir seguramente la otra oscura rúbrica del Liber Sacramentorum en el sábado después de la Ascensión: “Ad vesperum et ad matutinum de dfcis (sic) celebrabis: et LP (psalmum L) non dicebis usque ad Quincuagesimas”»: P. Martínez Sáiz, El tiempo pascual en la liturgia hispánica, Madrid, 1969, 52s. Sobre la interpretación penitencial del Kyrie en el rito romano actual: cf. A. Ivorra, Compendio de liturgia fundamental. Lex credendi – lex orandi, Valencia, 2007, 353s.

[23] «La tercera parte de la gran sección unitaria, la más concisa (22, 1-5), evoca el paraíso renovado. Se pasa del registro simbólico de la ciudad a otro, cuyo referente es la naturaleza. La alegoría llega a su cima. Es la exhortación a los hombres a sumergirse en la dicha de soñar la promesa de Dios: el paraíso intacto, un ámbito de perfección, ajeno a toda caída»: F. Contreras, La nueva Jerusalén. Esperanza de la Iglesia, Salamanca, 1998, 167.

[24] En el MHM, el texto sacado del salmo 67 no está entre comillas.

[25] En el s. VI, el Pseudo-Dionisio Aeropagita vinculó ambas jerarquías por su origen común, la Deidad, pero también estableció una solución de continuidad entre ambas: «Como continuación de la jerarquía celeste y trascendente, la Deidad extiende sus dones más sagrados a nuestro campo; según la Escritura, nos trata como a “niños”. Nos otorga la jerarquía de la Ley velando la verdad imágenes oscuras [...] Ahora, según afirma la Sagrada Escritura, nuestra jerarquía representa una más perfecta iniciación, porque es cumplimiento y término de la antigua Ley. Es a la vez celeste y legal por estar situada entre los dos extremos. Con una comparte la contemplación intelectual, con la otra tiene en común el empleo de símbolos varios derivados del orden sensible por medio de los cuales se eleva santamente hacia lo divino»: De ecclesiastica hierarchia, 5, 2 (ed. T. H. Martin-Lunas, Madrid, 1995, 236s). Sin embargo, hay que tener en cuenta que la jerarquía celeste está limitada, para el Pseudo-Dionisio, a los ángeles.

[26] Cf. J. Sancho Andreu, Los formularios eucarísticos de los domingos de quotidiano en el rito hispánico. Edición crítica y estudio teológico, Valencia, 1981, 40.

[27] Los Prenotandos (n. 38) nada nos dicen de su función teológica: «La Liturgia de la Palabra se concluye con el canto aleluyático llamado Laudes. Se interpreta después del Evangelio, y no antes; después de la homilía, si ésta tiene lugar. En las misas cuaresmales, los Laudes no llevan aleluya».

[28] Si comparamos los títulos de los domingos de Cuaresma del MHM y los títulos de los evangelios del Misal Romano, nos damos cuenta de la originalidad hispana a la hora de distribuir los temas: ambos misales coinciden el primer Domingo y en el quinto, cuando en el rito romano se lee el ciclo A:

 

Título domingo hispano

Ciclo A romano

Ciclo B romano

Ciclo C romano

de carnes tollendas (Evang. tentaciones)

Iesus per quadraginta dies ieiunat et tentatur

Tentabatur a Satana, et angeli ministrabant illi

Agebatur a Spiritu in desertum, et tentabatur

de muliere samaritana

Resplenduit facies eius sicut sol

Hic est Filius meus carissimus

Facta est, dum oraret, species vultus eius altera

de caeco nato

Fons aquae salientis in vitam aeternam

Solvite templum hoc, et in tribus diebus excitabo illud

Si paenitentiam non egeritis, omnes similiter peribitis

mediante die festo

Abiit, et lavit, et venit videns

Misit Deus Filium ut salvetur mundus per ipsum

Frater tuus hic mortuus erat, et revixit

de Lazaro

Ego sum resurrectio et vita

Si granum frumenti cadens in terram mortuum fuerit, multum fructum affert

Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat

 

[29] La victoria contra el Maligno es un tema recurrente en la Pascua hispana: Cf. E. Aliaga Girbés, Victoria de Cristo sobre la muerte en los textos eucarísticos de la octava pascual hispánica, Roma, 1973.

[30] El evangelio de Nicodemo, también llamado “Hechos de Pilato”, por medio de un diálogo entre Satanás y el Infierno: «vino Satán, el heredero de las tinieblas, y dijo al infierno: ¡Oh tú, devorador insaciable de todos!, oye mis palabras: Anda por ahí cierto judío, por nombre Jesús, que se llama a sí mismo Hijo de Dios; mas, como es un puro hombre, los judíos le dieron muerte de cruz, gracias a nuestra cooperación [...] pues yo sé que no es más que un hombre, y hasta le oí decir: Mi alma está muy triste hasta la muerte»: contenido en A. de Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos, Madrid, 41984, 446s. El infierno personificado, que bien podría ser una imagen de la conciencia de Satanás, cree que Jesús es el Hijo de Dios y que su llegada al reino de la muerte significará la perdición suya y de Satanás. El infierno personificado también lo encontramos en el misal: Viderunt te inferi, Deus; viderunt te et tremuerunt a voce tonitrui, dicentes: “absorta est mors in victoria tua, ubi est mors aculeus tuus?”: MHM, In IV feria Paschae, Post Sanctus.

[31] En este texto, Cristo ya alude a su sacrificio: «the theme is not only resurrection, but resurrection by virtue of Christ’s self sacrifice»: C. H. Dodd, The Interpretation of the Fourth Gospel, Cambridge, 1968, 368.

[32] Aquí seguramente hay un error de transcripción, y la expresión debe ser pro eis.

[33] En sentido original del texto ni siquiera se refiere a la Ley: «El evangelista destina este relato ejemplar a sus lectores ricos, del exterior más que del interior, paganos más que judíos, quienes corren el riesgo de no tener en cuenta tanto a los pobres que están a su puerta como a los “pobres” que forman la comunidad cristiana»: F. Bovon, El evangelio según san Lucas, III, Salamanca, 2004, 146. Los paganos no tienen otra Ley que su conciencia (cf. Rm 2, 14s).

[34] Para otros títulos: cf. F. M. Arocena – J. A. Goñi, Psalterium Liturgicum. Psalterium crescit cum psallente Ecclesia, I, Città del Vaticano, 2005, 164s.